¿Estás muy asustado por la alerta sanitaria que vivimos en México? El gobierno está haciendo lo posible por contener el avance de esta versión de la influenza y nosotros estamos poniendo de nuestra parte, para asustarnos como nunca. Yo creo que muchos se sienten, encerrados en su casa, como los últimos sobrevivientes en la película de los zombies, aterrorizados de que éstos lleguen a estornudarles en la cara.
Como estés reaccionando ante esta alerta puede ser una buena manera de saber cómo manejas tus finanzas personales. Ahí te va un ejercicio. Entre las siguientes 4 escoge la opción que más describa lo que estás sintiendo:

1.    No están diciendo la verdad. La cosa debe estar mucho más grave, así que yo voy a comprar decenas de latas de atún para aguantar encerrado meses en mi casa. (Si puedo, voy a comprar también el tratamiento, antes de que las farmacias lo empiecen a esconder para encarecerlo)

2. Esto se ve grave. Voy a buscar información, determinar cuáles podrían ser los peores escenarios y cómo puedo protegerme ante ellos. Por cierto, pícale aquí en el portal para encontrar muchos lugares con buena información. Puedes ir también a la Secretaría de Salud.

3. Haré justo lo que diga el gobierno. Las autoridades siempre me protegerán.

4. Las autoridades están exagerando. Todo esto es para ganar votos y meternos miedo. Yo sigo mi vida normal.

Estas actitudes se pueden traducir a la manera en que manejas tu dinero. No digo que sean iguales. Porque tal vez seas muy paranoico (tú dirás “precavido”) en materia de salud y muy arriesgado con tus inversiones. Estos serían los equivalentes en finanzas personales a cada una de las actitudes anteriores.

1.  Los eternos temerosos. No estás solo (desgraciadamente). A fuerza de devaluaciones y crisis, muchos mexicanos están felices de sufrir siempre. Entonces ahorran en dólares abajo del colchón, no creen en ninguna institución. Si fuera por extrema precaución, comprarían seguros, pero no lo hacen tampoco. Algunos, llevados por esta desconfianza ante nuestras autoridades van con un representante de una empresa extranjera y le confían su patrimonio para que se lo lleve a un CD en algún país extraño. ¿Recuerdan a Stanford? Así pensaban quienes invirtieron ahí, en instrumentos no reconocidos por el gobierno. Consideraban que no había que creer en las autoridades mexicanas y  prefirieron escuchar a charlatanes. Conclusión: los paranoicos se divierten menos. Y nunca han  conseguido mejores rendimientos que los que se atreven a ver la realidad.

2.  Los cautelosos optimistas.  Bien. No tienes por qué creer todo lo que te diga el gobierno o la televisión. Tendrías que buscar información y esto no significa buscar los mismos datos a la misma profundidad. O sea, no te pongas a picarle a todos los sitios de periódicos, porque todos van a decir lo mismo. Ve a las fuentes, platica con algún médico. Ah, pero estábamos hablando de finanzas personales. Si necesitas un banco, vas a la sucursal y preguntas por las comisiones que te cobra. Si necesitas un seguro, lo estudias; si inviertes en un fondo, analizas el prospecto de inversión. Sabes que para invertir lo más importante es tener un plan, no buscar los mismos rendimientos que obtuvo tu vecino. Entiendes que la receta que le sirve a tu compadre no te sirve también a ti.

3.  Los confiadotes. Válgame. O sea que crees que con tu afore será suficiente para vivir en tu retiro, y que alguien se hará cargo de ti si te da una enfermedad grave. Deja de ser tan confiadote y revisa si tienes los seguros adecuados. Lo más probable es que no estés bien protegido en seguros médicos. Y en cuanto a tu afore: encara la realidad. La afore es lo mejor que tenemos hasta ahora, pero no basta para que vivas de ella cuando te jubiles. Tienes que ahorrar por tu cuenta.

4.  Los fatalistas. Ni cómo ayudarte. Crees que todo va a seguir igual, siempre. Si el gobierno pone afores es para ganar votos, no para que tú tengas dinero para tu retiro, si te pide que te asegures, es porque está privatizando el servicio médico y tú eres víctima del imperialismo yanqui. Si escucharas un poco más la información y la analizaras para actuar, tal vez ya te habrías fijado que tu banco te está cobrando demasiadas comisiones y te habrías cambiado a una cuenta mejor. O habrías buscado un buen seguro. A la hora de enfermarte es mejor tener el seguro para pagar el hospital que quejarte de que el gobierno no está destinando recursos al sector salud. No te dediques sólo a quejarte, mejor defiéndete.



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