Una vez más, debo darle las gracias a Twitter, que me permitió conocer a Raúl, quien se identificó cuando escribimos sobre los “gastoréxicos”, es decir aquéllos que quieren gastar sólo en lo correcto, como los vigoréxicos que se la pasan en el gimnasio perfeccionando su cuerpo sin descanso.

¿Tú qué crees? ¿Debe un soltero de 20 y tantos o de 30 y tantos gastar casi 30% de su ingreso en comidas, en salidas a antros, sólo por pertenecer? Raúl no está de acuerdo y forma parte de un pequeño, pero incipiente movimiento de ciudadanos que creen que también hay que empezar a ahorrar y a ser un poco más organizado con el gasto. Y, lo mejor, que el sacrificio no es tan grande.

Hablamos de Raúl en un blog de Chilango. Éntrale a la conversación picándole aquí. El Twitter de la revista Dinero Inteligente es @quierodinero


Sofía Macías me invitó a presentar su libro en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Aquí te va el texto, se llama 10 razones para no leer al Pequeño cerdo capitalista. Espero que te convenza de lo contrario, o sea de que lo leas:


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1.    Es un libro de autoayuda. Te dice que tú puedes, te enseña el camino. Hay muchas personas que consideran que es una mala palabra, esa que empieza con A (o sea autoayuda). Porque ¿cómo un libro te va a hablar de tu vida y te va a enseñar algo útil? El chiste es que el libro sea algo aburridísimo, con larguísimas frases y largos párrafos, que digan cosas trascendentes y no que te ayuden a abrir los ojos a una realidad que se parece a la tuya. Pensándolo bien, ¿qué libro bueno no es también de autoayuda? Cuando lees que un ex militar se refugia en su taller a fabricar pecesitos de oro, ¿no se te desata algo dentro? Ese libro te enseña a entender tu historia y a verla de otra manera.
2.    Tiene fórmulas matemáticas. Más de uno dirá: “Yo por eso estudié filosofía, comunicación, psicología, letras… Para no tener que usar nunca una fórmula matemática”. Cuidado, una de esas fórmulas está precisamente en la página 141, no vaya a ser que se topen con ella por sorpresa. Hay un cuento de Julio Cortázar que dice que en un libro se encuentra una página en blanco y si alguien que lo lee llega a ella a las tres de la tarde, muere. Así que tomen sus precauciones antes de que esta fórmula se les abalance como si fuera estado de cuenta de la tarjeta. ¿y qué te explica? Cómo le afecta la inflación a tus ahorros. Si la entiendes y la aplicas, podrás saber qué inversiones te pueden convenir para tus metas. Si entiendes el concepto, aunque no quieras hacer la división, también te ayuda a escoger en dónde meter tu dinero. Así puedes saber si ese pagaré bancario te conviene para dejar tu dinero por los próximos tres años (como hacen muchos). Por cierto, yo les puedo decir algo desde ahora, con la ayuda de lo que se explica en el capítulo 6, de inversiones: No, no les conviene.
3.    No tiene suficientes fórmulas matemáticas. ¿No se supone que es un libro de finanzas personales? ¿Dónde está la regla del 72, la desviación estándar del rendimiento esperado en la Bolsa de Valores y la frontera de eficiencia de las inversiones? Hay blogs y libros que prometen hacerte millonario explicándote una serie de fórmulas matemáticas para que obtengas ganancias espectaculares en el Forex. Si le pierdes, cosa muy probable, es porque no entendiste las fórmulas del análisis técnico de los parámetros de la hipotenusa al cuadrado. En realidad, en el trasfondo del libro están las fórmulas. Por eso te ayuda a entender el proceso para escoger un seguro de vida o uno de gastos médicos sin sepultarte en cálculos.
4.    Te convertirá en un cerdo capitalista. Pero si a ti ni te interesa el dinero, ¿cómo creen que vas a ser una de esas personas materialistas? Además, ya ven, uno tiene su ideología, y siempre luchará por los desvalidos. Creo que se pueden despreocupar. Puedes enojarte con los bancos y las instituciones financieras que hacen malabares con el dinero de todos, que inventan y revientan burbujas cada vez con mayor frecuencia. Pero como estás tan enojado con esos capitalistas, optas por no entenderlos… y por seguir regalándoles el dinero. Como lo explica desde la introducción, tú pierdes dinero por seguir en una afore patito, por comprar en la tienda de pagos chiquitos que cobra muchito de intereses, por dejar dormido tu dinero en una cuenta de banco, en lugar de meterlo a un fondo de inversión que sí te de rendimientos, por desquitarte a punta de tarjetazos del mal humor de tu jefe. Cuando habla de inversiones, el libro recuerda que nos da por ningunear nuestro dinero. Espero no ofender sensibilidades, pero un terapeuta me decía que los cruzados católicos conquistaban tierras con un señor crucificado en sus escudos, para que vieran los enemigos que ellos también sufrían. Y ese sufrimiento terminamos por creerlo. Dice Paul Watzlawick que cuando no quiere hacer algo, un estadounidense dice que le duele la cabeza, mientras que un ruso logra que le duela la cabeza. Total que como hablamos de que uno tiene centavitos, que no es mucho, que mis mugres pesitos, no los tomamos en serio y no los ponemos a trabajar.
5.    No te dice que dejes de gastar en tus caprichos. Dice el libro: “Si nos proponemos reducir nuestros gastos 50% en un mes, viviendo a pan y agua y bañándonos con agua helada para ahorrar en gas, lo más seguro es que aguantemos una semana y después mandemos todo a volar”. La idea es que encuentres los hábitos que en realidad no te hacen tan feliz y que en cambio sí están erosionado tus ingresos. En el capítulo 3, hay una guía para hacer un presupuesto. Había escrito divertida, pero de plano lo tuve que borrar. No me van a creer que es divertido pensar en un presupuesto. Pero es una amiga explicándote. Y cuestionándote: hace cuánto que no vas al club y pagas las mensualidades, cuánto te cuesta esa comida mala de la fonda de la oficina y cuántos minutos más temprano tendrías que levantarte para llegar algo más agradable.
6.    Cuando hagan la película no habrá ningún hombre lobo lampiño que se quita la camisa. Pero sí trae otras buenas historias: la de la chica super guapa de minifalda que se va de compras cuando se deprime, la de la amiga que compra bolsas y la otra que invierte en la Bolsa (y que obtiene un beneficio más duradero que sumar una bolsa Coach más a su colección cada quincena a meses sin intereses), la del chavo que acompaña a sus amigos al centro comercial y compra de todo, la de las abuelitas que te dicen cómo prever para el futuro y la de los hermanos calamidad.
7.    Habla de cosas que le suceden a otros. Los demás se enferman, pierden el trabajo, yo no. ¿A mí de qué me sirve cómo calcular cuánto necesito meterle a mi fondo de emergencia? Que ellos vean en dónde se puede depositar ese dinero para conservar su valor.
8.    No culpa a los bancos. No puedo creerlo, pero el capítulo 5 dice que tu deuda no es culpa del banco. Alguien le escribió a Sofía a su blog: ¿para qué me dieron ese límite de crédito si me lo iban a cobrar? No es por ahí. La verdad es que los bancos en México sí actúan muchas veces como si estuvieran manejados por esos viejitos flaquitos  que salen en  la película de Mary Poppins: tacaños con el último centavo, mismo que quieren tener sepultado en el fondo de una poderosa caja fuerte. Pero también es la verdad que los dejamos. Dice Sofía: “Mientras la gente esté convencida de que es una víctima y le cargue el santito de su endeudamiento a alguien más, jamás de los jamases saldrá de su deudora”. En ese capítulo 5 te explica que el crédito no es un aumento de sueldo, te revela que los bancos no son Santa Claus ni una extensión de las Carmelitas descalzas, así que si tú lo crees ya será tu culpa a cuánto llegue tu deuda.
9.    Te confronta con creencias que te tienen atorado. Estamos en un cambio de generación: todavía hay que cuestionar a los papás que creen que sólo los bienes raíces valen y que tienen que morir en ellas, así sea de hambre, con tal de conservar el bien para sus hijitos. Te da temas para que hables de dinero con tus papás, y eso es peor que preguntarles en qué estaban pensando cuando se les ocurrió tener a tu hermanito.
10.    Se acaba muy pronto. Dicen los escritores que no es precisamente un halago que les digan que alguien terminó su libro de una sentada, después de que ellos le invirtieron meses o años a escribirlo. Pero éste también es el caso. Quieres saber qué pasa con las historias, qué mas revelaciones te hará de ti mismo, y entonces no puedes dejar de pasar las páginas hasta que te topas con el oink final. Ni modo, lo tendrás que dejar de libro de consulta.

Si quieres ver el blog del Pequeño Cerdo Capitalista, pícale aquí.


Qué malos son los ricos: viajan en un auto ostentoso seguidos de un convoy de enormes camionetas, explotan a los demás, cierran las oportunidades a la mayoría de la población, son amigos de los políticos y mastican chicle con la boca abierta. Como esos ricos son tan malos y como la mayoría de la población es pobre, yo por eso no voy a ahorrar ni un centavo. ¿Qué no ven que los ricos no me dejan?
Más o menos ése es el machote de los comentarios de algunos amigos enojados que se indignan cuando he propuesto empezar un plan de ahorro. Sí, ese plan debería buscar que te volvieras lo suficientemente rico como para pagar tus necesidades básicas y alguna actividad divertida cuando seas viejo y llegue el momento de tu retiro.
Porque todo depende de qué entiendas por rico. Si tu fantasía es ser uno de esos ricos de convoy, por el bien del planeta olvídate de ella. Pero tú puedes (y debes) ser rico, con sólo cumplir estas características:
1.    Tener tu guardadito de tres meses para una emergencia.
2.    Tener seguros de gastos médicos, para que no te enfrentes a gastos que te dejen en la ruina. Fíjate: en México, la mitad del gasto en salud corre a cargo de las familias. Y de eso, la mayor parte es dinero que sale directamente del bolsillo de los ciudadanos y no de un seguro o del gobierno. Según el informe “rendición de cuentas de salud” de la Secretaría de Salud, cada año cerca de 3% de los hogares de México se empobrece aún más por culpa de una enfermedad que los obliga a incurrir en gastos catastróficos. O sea que los ataca una enfermedad y pierden su patrimonio y se endeudan para poder pagar la atención médica.
3.    Confiar en que tendrás un nivel de vida digno en el retiro. Para eso necesitas ahorrar, aunque sea poquito. Cada vez surgen más planes. Principal acaba de presentar un producto nuevo, Planea, que puedes abrir con 5,000 pesos y después hacer aportaciones tan bajas como 500 pesos mensuales. También hay planes de Skandia, de Allianz, de ING, tú di con quién. Además son deducibles de impuestos. (Nosotros cumplimos con decirte y tú escoges, no son recomendaciones de inversión).


Para estas alturas, tú ya deberías saber que lo que estás ahorrando en la afore no te va a alcanzar para cuando te retires. Claro, cuando te jubiles no vas a gastar tanto dinero como ahora, porque ya no “necesitarás” comprar camisas en Pink y cenar en el Nobu. Pero siempre salen los aguafiestas con que tendrás más gastos médicos y mucho, pero mucho tiempo libre, que te vendría bien gastar en un paseo por Venecia y no frente a la televisión, poniéndote al día con los capítulos de Bob Esponja que te habías perdido por tener que trabajar.

Total que si ahora tienes 30 años, y te confías en tu afore, ésta te va a alcanzar para que cuando te jubiles tu ingreso caiga a la mitad del que tienes ahora (bueno, si ganas un ingreso más o menos decente. Si tu ingreso es cercano al salario mínimo, el gobierno te completará para que lo sigas recibiendo).

Lo ideal sería que, a los 30 años, ahorraras 10% de tu ingreso, para que tu pensión te alcance para un poquito más. No es tan grave, porque si tienes afore, ya estás aportando como 6.5%, así que sólo te falta un poquito más. Mira esta calculadora para que estimes cuánto tienes que ahorrar, según lo que te falta para jubilarte y lo que quieres recibir.

Y mira esta película para que te asustes de lo que te podría pasar si no ahorraste lo suficiente al llegar a la vejez. Se llama Make Way for Tomorrow. Es una joya del cine clásico hollywoodense, filmada en la Gran Depresión, y que cuenta la historia de dos viejitos que pierden su casa (por no poder pagar la hipoteca), se dan cuenta de que no tienen ahorros y de que no caben en la casa de sus hijos. Desgarrador. Si la ves completa, ármate de unos dos litros de agua, para que te rehidrates, porque vas a llorar mucho. Y después de llorar, te vas a poner a ahorrar.


Y vuelve la esperanza. De que escojan a un buen entrenador, de que se integre un buen equipo, de que México le gane a El Salvador y a Estados Unidos, de que dentro de unos tres años y medio se pueda festejar que “nos vamos al Mundial”. ¿Nos vamos?
Con los precios tal como están ahora, siete días y seis noches en Río de Janeiro te salen en 1,626 dólares por persona, vuelo y hotel incluidos, que serían como 1,900 dólares en 2010, considerando la inflación (e ignorando que en el Mundial todo saldrá más caro).
¿Qué podrías hacer para ahorrar? Vamos a suponer que no puedes prescindir de esta meta, que la quieres lograr a cualquier precio. Y para considerar gastos, viaje, estancia y algunos boletos, pensemos en que hay que juntar 100,000 pesos.
¿Cómo juntarlos?
Las aseguradoras en México empiezan a ofrecer planes de inversión para que cumplas las metas. Grandes ventajas: te garantizan que lograrás cierta cantidad, siempre que cumplas con depositar un monto mensual; te obligan a ahorrar y te incluyen pólizas de seguro. La desventaja: la seguridad puede costar cara. Para llegar a la meta de 100,000 pesos, tal vez tengas que depositar más de 95,000, en esos cuatro años. En GNP tienen una calculadora para que sepas cuánto tendrías que invertir al mes en los planes de inversión. En Axa te ofrecen planes de inversión, como Vida Inteligente, que además te incluye otras metas.
En cambio, si consigues una inversión que te de un rendimiento de 8% anual, tendrías que depositar unos 2,500 pesos mensuales para aspirar a pagar tu viajecito al Mundial. Es tal vez un esfuerzo menor que ahorrar con un seguro, pero no tienes garantizado el rendimiento. Tú haz el esfuerzo, si no alcanzas la cantidad para ir al Mundial, puedes dejar el dinero un poco más de tiempo y sacarlo cuando haya dado buenos rendimientos.
Es probable que así vayas al Mundial. ¿Irá México? Bueno… cuando menos tú habrás hecho tu parte.


Es oficial: se acabó la crisis (de 1995). De aquí a diciembre de 2010 los bancos van a renegociar los créditos en Udis, que se dieron como parte del programa “punto final”, de pésima memoria para quienes se quedaron con las manos en la puerta, atrapados en préstamos hipotecarios que se volvieron carísimos.

Hay una oferta de descontar una parte del capital para quienes estén al corriente de sus pagos. Y ese descuento se puede obtener desde ahora. En Santander me hablaron de un caso de un crédito que empezó en 1999, con 486,000 udis, algo así como 1.2 millones de pesos. Ahora ese mismo crédito anda en 336,000 udis. Para desesperación del deudor, eso significa que la deuda total ya anda en 1.4 millones de pesos. Así que le conviene renegociar, porque si ha sido constante en sus pagos, puede obtener un descuento que dejaría el total de la deuda en 789,000 pesos.

Además del descuento, el deudor entrará a un esquema de tasa fija y no variable, como era el caso cuando el saldo estaba ligado a los vaivenes de la inflación.

El descuento tendrá que ser asumido por el gobierno y por el banco que tenga el crédito. Dicen en los bancos que lo van a empezar a promover, para que los clientes vayan y obtengan los beneficios. ¿Tú qué crees? ¿Estarán esperando a que termine el Mundial para hacer los anuncios? O, dado que tendrá un costo para la institución bancaria, ¿esperarán que llegue quien se entere? Ante la duda, corre a negociar o corre la voz.


Tú haces lo que más te conviene. El problema es que también eres muy listo y te logras convencer de que te convienen muchas cosas ahora, aunque después no tengas cómo pagarlas.
Por ahí en tu cabeza hay un Pepe Grillo que te dice que deberías ahorrar más, gastar menos con la tarjeta de crédito y ponerte a dieta antes de las vacaciones. La mala noticia es que eso se deja para después, por alguna razón (¿nos gusta sentir culpa?). Y la buena noticia es que podrías engañarte un poquito para obligarte a tomar las decisiones adecuadas.
Imagina que estás en un centro comercial y quieres comprar una camisa. Como eres muy sabio para manejar tus finanzas personales, primero vas a diferentes tiendas para comparar. Entras a Thomas Pink y encuentras que las camisas cuestan 2,000 pesos cada una (en oferta). Con esa información, llegas a Massimo Dutti, donde te topas con camisas de menos de 800 pesos cada una. ¡Ahá! Ya puedes darte permiso de gastar 2,000 pesos, o sea que te compras dos camisas y una corbata (está bien, te pasaste un poquito). Eso en español se llama engañarte, porque tu objetivo era comprar una camisa, no gastar 2,000 pesos.
Nuestro complicado cerebro no funciona como creen los economistas tradicionales, explican Richard H. Thaler y Cass R. Sunstein, en su libro Nudge (que en inglés significa algo así como “un empujoncito”). Según la economía tradicional, el homo economicus busca las mejores decisiones racionalmente, pero nosotros somos homo sapiens, y al decidir tomamos en cuenta algo más que unas cuantas ecuaciones.
Lo que dicen Thaler y Sunstein es que la sociedad puede hacer algunos ajustes para ayudar a los consumidores a tomar decisiones que les convengan más. Hablan de los arquitectos de decisiones, que con sólo disponer las cosas de cierta manera pueden dar un empujoncito al consumidor para que prefiera comprar un artículo sobre otro.
Tal vez nosotros podríamos darnos nuestros propios empujoncitos para tomar las decisiones económicas que nos convienen más. Pero tenemos que engañarnos un poco a nosotros mismos. Si queremos empezar a juntar dinero, y sabemos que lo haremos en algún momento mañana, podríamos ir a una distribuidora de fondos de inversión y firmar un contrato para que la próxima quincena –no ésta– empiece a tomar una cantidad de nuestra nómina y a ponerla en un fondo.
Si queremos tener un buen ahorro para el retiro, tendríamos que escondernos ese dinero. A la hora de hacer tu presupuesto, puedes pagarte una buena cantidad en efectivo para que gastes en lo que se te antoje, y apartar una cantidad similar para meterla en ese fondo que ya abriste.
Es cuestión de encontrarnos el modo, de guiarnos a nosotros mismos con un pequeño empujoncito. Puedes ver más sobre esta idea del empujoncito en el blog que acompaña al libro Nudges. Pícale aquí.


1.    Cuánto se gasta en las comidas del domingo. ¡Qué gran favor le haces a tu pobre madre todos los fines de semana! Le llevas a los nietecitos para que los vea y tú te ahorras la comida dominical. Saca las cuentas: por cada niño en un Fast food gastarías unos 30 pesos, súmale las hamburguesotas que se comerían tu pareja y tú, total, unos 200 pesos, más estacionamiento, más refrescos, más postres. Saber los costos de pasar el domingo podría ser una buena manera de empezar a hablar de dinero en familia.

2.    Cuánto tiene guardado para su retiro. Tu cabecita blanca fue siempre tan buena que se sacrificó para que estudiaras en las mejores escuelas y compró (caros) seguros de educación. Pero a esa hormiguita se le olvidó ahorrar para mantenerse a ella misma cuando dejara de trabajar o de percibir ingresos. ¿Tendrás que ayudarle?

3.    Quién pagará sus medicinas. Si ya pasó de los 65 años, tendrá más gastos médicos. ¿En qué plan de seguridad social está tu mamá?

4.    A dónde quiere ir a comer este día de las madres. Si ya van a hacer la larga fila para entrar a un restaurante, cuando menos que sea el que a ella le gusta.

5.    Qué compra está planeando. Tal vez tú creas que ella quiere ese hermoso portarretratos de 300 pesos, pero es probable que en realidad tenga planes para comprar algo más. ¿Por qué no aportar para que llegue antes a la meta?

6.    Qué le falta a su casa. ¿Una mano de pintura, una reparación del baño?

7.    Qué le gustaría tener. Una bruja le dio un año al Rey Arturo (en algunas versiones de la leyenda) para que encontrara qué quieren las mujeres. La respuesta que le salvó la vida: lo que quieren es que las dejen escoger.

8.    A quién le gustaría ver. Para que le ayudes a planear el viaje para reencontrarse con alguien muy querido.

9.    Dónde planea vivir dentro de 10 años. Muchos de nuestros padres gastaron gran parte de su patrimonio en comprarse un bien raíz que supuestamente les serviría como seguro para su retiro. Eso quiere decir que tendrán que venderla en algún momento e ir a un lugar más fácil de mantener. ¿Cuándo será ese momento?

10. En qué está invirtiendo. No se trata de que tu sufrida madre de más de 70 años tenga inversiones en la Bolsa de valores (no, por favor), pero sí de que busque los instrumentos a los que le pueda sacar más dinero. No veas con voracidad su centenario (si lo tiene, no se va a despegar de él), pero piensa en buscarle una cuenta con mejores rendimientos que su pagaré bancario. No estaría mal que le recomendaras algún fondo de inversión de deuda.


Sospecho que si Kiyosaki viviera en México no sería muy partidario de las afore, porque se trata de juntar algo de dinerito, muy despacito, para cuando seas viejito, en lugar de hacerte rico tomando riesgos. Algo es algo. Más vale que ahorres mientras que sueñas que encontrarás fabulosas inversiones en las cuales meter el dinero que obtuviste por vender tu casa (como hacen algunos lectores distraídos de Padre Rico).
Aquí hay tres ideas para sacarle más provecho a tu afore.
1.    Primero que nada, investiga en cuál estás. Casi la mitad de los trabajadores con derecho a afore ni siquiera saben en dónde está su ahorro. En cuanto sepas, podrás tener un lugar en el cual meter algo de dinero para protegerlo de la inflación. Llama a: 01-800-50-00-747, para que te digan en cuál estás.

2.    Recupera el dinero que ahorraste entre 1992 y 1997. Si trabajaste en esos años, es probable que tengas por ahí unos recursos perdidos, porque cuando empezaron las afore no se integraron todas las cuentas. No le hagas caso a los promotores que te ofrecen encontrar ese dinero si te cambias de afore. Es mentira. El procedimiento es engorroso y no te lo van a hacer ellos. Necesitas tener documentos de aquellos tiempos y seguir los pasos que dice la Consar (pícale aquí para verlos).

3.    Empieza a ahorrar ahí. Algunas afore te pueden descontar directo de la nómina, y así te puedes ahorrar impuestos. Lo ideal sería que juntaras cuando menos 10,000 pesos para que pudieras invertir en un fondo, y que luego acumularas más dinero para estar en una inversión con mejores rendimientos. Pero si no empiezas, nunca vas a llegar.


Ah, bonita costumbre mexicana de sentarse los domingos durante horas a comer y convivir con la familia. Pero hay una delgada línea entre las costumbres y las neurosis. Puede suceder que ya estés sometido a una inercia que pone en riesgo la relación con tu pareja (ya ni piensas qué platicar con ella, total el domingo es para los papás o los suegros), la vida social de tus hijos (que todavía como adolescentes siguen escuchando los mismos chistes de sus tíos alcoholizados que oían de niños) y tu dinero, porque lo estás gastando en algo que no está mejorando tu bienestar general.

La comida del domingo puede ser mala para la salud financiera de tus papás, porque están pagando la despensa de un montón de… ¿cómo decirles? bueno, parientes y sus agregados. Ellos se ahorran el tiempo de preparar la comida o la cuenta del restaurante, y tú te quedas tan tranquilo porque acompañaste a los viejitos y les ayudaste a gastar su dinero.

También puede afectar tus finanzas. Esa costumbre de ir al restaurante cada fin de semana no sólo te cierra la posibilidad de encontrar otras cosas más divertidas que hacer (acampar, conocer nuevos lugares, subirte a la bicicleta) sino que te hace pagar cuentas que se van convirtiendo en absurdas. Porque como se ha vuelto tan aburrida la visita al restaurante, tienes que consumir algo más con la ilusión de que con eso ya será divertida.

Los domingos, con su dosis de sol, de tiempo libre, son limitados, igual que el dinero en tu cartera. Así que ¿por qué no buscar otra manera de emplearlos?



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