Los gorrones (o polizontes) son un problema para ti y para la economía. Los que podrían pagar impuestos y no lo hacen, de todos modos reciben los servicios públicos (por más que te quejes, en las colonias de clase media de las grandes ciudades del país hay alumbrado público, calles pavimentadas y recolección de basura). En una pareja, el que no lava los platos porque considera con cinismo que mágicamente aparecerán lavados de todos modos. El que tira el árbol de Navidad en la calle, porque sabe que al final de cuentas, alguien lo recogerá, no importa el costo.
Los polizontes son un problema que han analizado los economistas, pero también representan un tema que tendríamos que ver al pensar cómo usamos nuestro dinero. Tú pagas entre 300 y 1,000 pesos por comprar un árbol de Navidad para adornar un bonito festejo religioso, que habla de paz y amor y esas cosas. ¿Cómo puede alguien, el 6 de enero, aventar ese árbol, convertido en basura, a la calle? Porque no ha pensado –o peor, porque sí lo pensó– que alguien más se encargará del problema.

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No hay muchos datos de cuánto le cuesta a los gobiernos locales recoger los árboles. Pero no hay que ser Einstein para entender que ocupan espacio en los camiones recolectores de basura, lo que implica más viajes, y también que ocuparán espacio en los tiraderos, cuando podrían convertirse en buena composta.
Cada año los gobiernos anuncian que recibirán los árboles en ciertos lugares (o que pasan por ellos, previa cita). Y en 2012, el del DF incluso está regalando plantas y composta a cambio de que los lleves a esos centros de recolección. Cada año aparecen los árboles abandonados en el camellón. Pícale aquí para saber dónde reciben tu árbol en el DF.
Los economistas llaman a estos costos “externalidades”. Es una externalidad para una empresa contaminante las emisiones a la atmósfera: tendrán un costo para la sociedad, pero alguien más lo asumirá, a menos que la ley le obligue a reducir su contaminación. Son problemas serios, que suenan tan lejanos e irresolubles como el calentamiento global. Y que no se comparan en nada con tirar un inocente arbolito en la callecita. O sí. Porque tú también puedes usar tu dinero para ser un poco más responsable. Y sumarle al precio del árbol de Navidad, el poquito dinero y tiempo que te tomará llevarlo a un centro de recolección.
Gracias a Duilio Rodríguez por la foto en la Condesa, supuesto centro de la civilización y el refinamiento en el DF.


¡6,500 dólares por un check-up médico en Atlanta! Y se supone que lo debes hacer cada dos años, si de verdad quieres tener calidad de vida. Anota en el presupuesto para esa revisión, 2,500 dólares para pagarte a ti y a tu acompañante una suite por tres días en un hotel de esa ciudad, la capital de la Coca-Cola.

Ni modo, se supone que es el precio de tu tranquilidad, porque así ya sabes que no tienes presión arterial alta (llamada la asesina silenciosa porque no te das cuenta de que la padeces) o de que no te van a cortar una pierna por la diabetes. ¿Y si no te alcanza el dinero para pagar eso? Antes de que te de un infarto por angustiarte, más te vale saber que eso de los check ups es un invento de la medicina industrializada, que tiene más que ver con la salud económica de Estados Unidos, que necesita tu dinero, que con tu salud.

Esos precios me los presentó un amable médico de Atlanta, que además no dejaba mucha alternativa. Le pregunté que si no sería mejor hacerse esos estudios en México, donde salen más baratos, y sin necesidad de pagar viaje y hospedaje. Y ya tenía preparado el argumento perfecto, que tan bien responde a nuestro sempiterno malinchismo: que los médicos aquí no tienen certificaciones como los de allá.

Total que si yo quería pagar sólo los 18,500 pesos que cuesta el check up ejecutivo en la clínica Médica Sur, no debía hacerlo porque no debería confiar en que los galenos mexicanos, que estudiaron en una universidad similar a la mía, son buenos. No entiendo cómo ese argumento sigue funcionando entre algunos mexicanos: que venga un extranjero a decirte: “mejor no confíes en tus paisanos, no vayan a ser tan poco profesionales como tú” y que le creas.

La buena noticia es que no necesitas hacerte esas revisiones tan costosas, ni la de 18,500 pesos ni la de 6,500 dólares. Resulta que los cuatro grandes azotes a la salud de los mexicanos –sobrepeso, obesidad, enfermedades cardiovasculares y alta presión– son evitables, con sólo tener una buena alimentación y hacer algo de ejercicio, como dice Héctor Gallardo, un buen epidemiólogo y director de Soluciones del Instituto Carlos Slim de la Salud.

Los 6,5000 dólares te sirven para hacerte todos los exámenes, como que si tú fueras igualito que el vecino. Pero como dice un nuevo libro de Lisa Sanders, columnista del New York Times (Every Patient Tells a Story), cada paciente cuenta una historia, cada quien es diferente. Por lo que si de veras te quieres asegurar de que vivirás sano y mucho tiempo, lo que necesitas es un médico general, que te vaya observando y que te pida los exámenes cuando se requieran, como me sugiere Rodolfo Morán, otro buen epidemiólogo (y además mi padre).

O sea que te trate como si fueras un humano y no como la máquina número 385743 a la que hay que hacerle la misma revisión periódica que a la máquina 385744. Pagarle a ese médico los 1,000 pesos anuales por dos o tres consultas será mucho más provechoso que irte de Shopping a Atlanta, con el carísimo pretexto del check up.


Sé cómo le puedes hacer para gastar 30% menos en ropa el año próximo. Y 10% menos en útiles escolares. ¿Ah, verdad? Ya no le demos más vueltas. Aquí está el calendario de lo que debes tomar en cuenta para hacer tu presupuesto.

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Muchas gracias a Gianco Abundiz, porque su nuevo libro (Saber gastar) me dio la idea del calendario.



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