Los gorrones (o polizontes) son un problema para ti y para la economía. Los que podrían pagar impuestos y no lo hacen, de todos modos reciben los servicios públicos (por más que te quejes, en las colonias de clase media de las grandes ciudades del país hay alumbrado público, calles pavimentadas y recolección de basura). En una pareja, el que no lava los platos porque considera con cinismo que mágicamente aparecerán lavados de todos modos. El que tira el árbol de Navidad en la calle, porque sabe que al final de cuentas, alguien lo recogerá, no importa el costo.
Los polizontes son un problema que han analizado los economistas, pero también representan un tema que tendríamos que ver al pensar cómo usamos nuestro dinero. Tú pagas entre 300 y 1,000 pesos por comprar un árbol de Navidad para adornar un bonito festejo religioso, que habla de paz y amor y esas cosas. ¿Cómo puede alguien, el 6 de enero, aventar ese árbol, convertido en basura, a la calle? Porque no ha pensado –o peor, porque sí lo pensó– que alguien más se encargará del problema.

navidad

No hay muchos datos de cuánto le cuesta a los gobiernos locales recoger los árboles. Pero no hay que ser Einstein para entender que ocupan espacio en los camiones recolectores de basura, lo que implica más viajes, y también que ocuparán espacio en los tiraderos, cuando podrían convertirse en buena composta.
Cada año los gobiernos anuncian que recibirán los árboles en ciertos lugares (o que pasan por ellos, previa cita). Y en 2012, el del DF incluso está regalando plantas y composta a cambio de que los lleves a esos centros de recolección. Cada año aparecen los árboles abandonados en el camellón. Pícale aquí para saber dónde reciben tu árbol en el DF.
Los economistas llaman a estos costos “externalidades”. Es una externalidad para una empresa contaminante las emisiones a la atmósfera: tendrán un costo para la sociedad, pero alguien más lo asumirá, a menos que la ley le obligue a reducir su contaminación. Son problemas serios, que suenan tan lejanos e irresolubles como el calentamiento global. Y que no se comparan en nada con tirar un inocente arbolito en la callecita. O sí. Porque tú también puedes usar tu dinero para ser un poco más responsable. Y sumarle al precio del árbol de Navidad, el poquito dinero y tiempo que te tomará llevarlo a un centro de recolección.
Gracias a Duilio Rodríguez por la foto en la Condesa, supuesto centro de la civilización y el refinamiento en el DF.


Una vez más, debo darle las gracias a Twitter, que me permitió conocer a Raúl, quien se identificó cuando escribimos sobre los “gastoréxicos”, es decir aquéllos que quieren gastar sólo en lo correcto, como los vigoréxicos que se la pasan en el gimnasio perfeccionando su cuerpo sin descanso.

¿Tú qué crees? ¿Debe un soltero de 20 y tantos o de 30 y tantos gastar casi 30% de su ingreso en comidas, en salidas a antros, sólo por pertenecer? Raúl no está de acuerdo y forma parte de un pequeño, pero incipiente movimiento de ciudadanos que creen que también hay que empezar a ahorrar y a ser un poco más organizado con el gasto. Y, lo mejor, que el sacrificio no es tan grande.

Hablamos de Raúl en un blog de Chilango. Éntrale a la conversación picándole aquí. El Twitter de la revista Dinero Inteligente es @quierodinero


Sofía Macías me invitó a presentar su libro en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Aquí te va el texto, se llama 10 razones para no leer al Pequeño cerdo capitalista. Espero que te convenza de lo contrario, o sea de que lo leas:


images

1.    Es un libro de autoayuda. Te dice que tú puedes, te enseña el camino. Hay muchas personas que consideran que es una mala palabra, esa que empieza con A (o sea autoayuda). Porque ¿cómo un libro te va a hablar de tu vida y te va a enseñar algo útil? El chiste es que el libro sea algo aburridísimo, con larguísimas frases y largos párrafos, que digan cosas trascendentes y no que te ayuden a abrir los ojos a una realidad que se parece a la tuya. Pensándolo bien, ¿qué libro bueno no es también de autoayuda? Cuando lees que un ex militar se refugia en su taller a fabricar pecesitos de oro, ¿no se te desata algo dentro? Ese libro te enseña a entender tu historia y a verla de otra manera.
2.    Tiene fórmulas matemáticas. Más de uno dirá: “Yo por eso estudié filosofía, comunicación, psicología, letras… Para no tener que usar nunca una fórmula matemática”. Cuidado, una de esas fórmulas está precisamente en la página 141, no vaya a ser que se topen con ella por sorpresa. Hay un cuento de Julio Cortázar que dice que en un libro se encuentra una página en blanco y si alguien que lo lee llega a ella a las tres de la tarde, muere. Así que tomen sus precauciones antes de que esta fórmula se les abalance como si fuera estado de cuenta de la tarjeta. ¿y qué te explica? Cómo le afecta la inflación a tus ahorros. Si la entiendes y la aplicas, podrás saber qué inversiones te pueden convenir para tus metas. Si entiendes el concepto, aunque no quieras hacer la división, también te ayuda a escoger en dónde meter tu dinero. Así puedes saber si ese pagaré bancario te conviene para dejar tu dinero por los próximos tres años (como hacen muchos). Por cierto, yo les puedo decir algo desde ahora, con la ayuda de lo que se explica en el capítulo 6, de inversiones: No, no les conviene.
3.    No tiene suficientes fórmulas matemáticas. ¿No se supone que es un libro de finanzas personales? ¿Dónde está la regla del 72, la desviación estándar del rendimiento esperado en la Bolsa de Valores y la frontera de eficiencia de las inversiones? Hay blogs y libros que prometen hacerte millonario explicándote una serie de fórmulas matemáticas para que obtengas ganancias espectaculares en el Forex. Si le pierdes, cosa muy probable, es porque no entendiste las fórmulas del análisis técnico de los parámetros de la hipotenusa al cuadrado. En realidad, en el trasfondo del libro están las fórmulas. Por eso te ayuda a entender el proceso para escoger un seguro de vida o uno de gastos médicos sin sepultarte en cálculos.
4.    Te convertirá en un cerdo capitalista. Pero si a ti ni te interesa el dinero, ¿cómo creen que vas a ser una de esas personas materialistas? Además, ya ven, uno tiene su ideología, y siempre luchará por los desvalidos. Creo que se pueden despreocupar. Puedes enojarte con los bancos y las instituciones financieras que hacen malabares con el dinero de todos, que inventan y revientan burbujas cada vez con mayor frecuencia. Pero como estás tan enojado con esos capitalistas, optas por no entenderlos… y por seguir regalándoles el dinero. Como lo explica desde la introducción, tú pierdes dinero por seguir en una afore patito, por comprar en la tienda de pagos chiquitos que cobra muchito de intereses, por dejar dormido tu dinero en una cuenta de banco, en lugar de meterlo a un fondo de inversión que sí te de rendimientos, por desquitarte a punta de tarjetazos del mal humor de tu jefe. Cuando habla de inversiones, el libro recuerda que nos da por ningunear nuestro dinero. Espero no ofender sensibilidades, pero un terapeuta me decía que los cruzados católicos conquistaban tierras con un señor crucificado en sus escudos, para que vieran los enemigos que ellos también sufrían. Y ese sufrimiento terminamos por creerlo. Dice Paul Watzlawick que cuando no quiere hacer algo, un estadounidense dice que le duele la cabeza, mientras que un ruso logra que le duela la cabeza. Total que como hablamos de que uno tiene centavitos, que no es mucho, que mis mugres pesitos, no los tomamos en serio y no los ponemos a trabajar.
5.    No te dice que dejes de gastar en tus caprichos. Dice el libro: “Si nos proponemos reducir nuestros gastos 50% en un mes, viviendo a pan y agua y bañándonos con agua helada para ahorrar en gas, lo más seguro es que aguantemos una semana y después mandemos todo a volar”. La idea es que encuentres los hábitos que en realidad no te hacen tan feliz y que en cambio sí están erosionado tus ingresos. En el capítulo 3, hay una guía para hacer un presupuesto. Había escrito divertida, pero de plano lo tuve que borrar. No me van a creer que es divertido pensar en un presupuesto. Pero es una amiga explicándote. Y cuestionándote: hace cuánto que no vas al club y pagas las mensualidades, cuánto te cuesta esa comida mala de la fonda de la oficina y cuántos minutos más temprano tendrías que levantarte para llegar algo más agradable.
6.    Cuando hagan la película no habrá ningún hombre lobo lampiño que se quita la camisa. Pero sí trae otras buenas historias: la de la chica super guapa de minifalda que se va de compras cuando se deprime, la de la amiga que compra bolsas y la otra que invierte en la Bolsa (y que obtiene un beneficio más duradero que sumar una bolsa Coach más a su colección cada quincena a meses sin intereses), la del chavo que acompaña a sus amigos al centro comercial y compra de todo, la de las abuelitas que te dicen cómo prever para el futuro y la de los hermanos calamidad.
7.    Habla de cosas que le suceden a otros. Los demás se enferman, pierden el trabajo, yo no. ¿A mí de qué me sirve cómo calcular cuánto necesito meterle a mi fondo de emergencia? Que ellos vean en dónde se puede depositar ese dinero para conservar su valor.
8.    No culpa a los bancos. No puedo creerlo, pero el capítulo 5 dice que tu deuda no es culpa del banco. Alguien le escribió a Sofía a su blog: ¿para qué me dieron ese límite de crédito si me lo iban a cobrar? No es por ahí. La verdad es que los bancos en México sí actúan muchas veces como si estuvieran manejados por esos viejitos flaquitos  que salen en  la película de Mary Poppins: tacaños con el último centavo, mismo que quieren tener sepultado en el fondo de una poderosa caja fuerte. Pero también es la verdad que los dejamos. Dice Sofía: “Mientras la gente esté convencida de que es una víctima y le cargue el santito de su endeudamiento a alguien más, jamás de los jamases saldrá de su deudora”. En ese capítulo 5 te explica que el crédito no es un aumento de sueldo, te revela que los bancos no son Santa Claus ni una extensión de las Carmelitas descalzas, así que si tú lo crees ya será tu culpa a cuánto llegue tu deuda.
9.    Te confronta con creencias que te tienen atorado. Estamos en un cambio de generación: todavía hay que cuestionar a los papás que creen que sólo los bienes raíces valen y que tienen que morir en ellas, así sea de hambre, con tal de conservar el bien para sus hijitos. Te da temas para que hables de dinero con tus papás, y eso es peor que preguntarles en qué estaban pensando cuando se les ocurrió tener a tu hermanito.
10.    Se acaba muy pronto. Dicen los escritores que no es precisamente un halago que les digan que alguien terminó su libro de una sentada, después de que ellos le invirtieron meses o años a escribirlo. Pero éste también es el caso. Quieres saber qué pasa con las historias, qué mas revelaciones te hará de ti mismo, y entonces no puedes dejar de pasar las páginas hasta que te topas con el oink final. Ni modo, lo tendrás que dejar de libro de consulta.

Si quieres ver el blog del Pequeño Cerdo Capitalista, pícale aquí.


Es un complot: muchos recién egresados de la escuela se pusieron de acuerdo para enviar este tipo de currículum vitae, supuestamente para pedir trabajo. Lo que logran es que el que los recibe se desespere y los borre. No es literal, pero esto es lo que se lee de un currículum vitae hecho con flojera y enviado a una lista masiva (o sea que también se tuvo flojera a la hora de decidir a quién enviarlo). Recuerda: no estás vendiendo tornillos, estás vendiendo tus capacidades. No estás pidiendo trabajo, estás ofreciendo soluciones. Mira lo que dice un mal currículum de ti:

Quiero ganar dinero, pero me da flojera interesarme por un trabajo en particular. Así que por eso le hago el favor de enviarle a usted, Como Se Llame, mi curriculum en el que se describe que he hecho algo en mi vida, aunque no quede muy claro qué.

Es de dos páginas porque supongo que usted tiene mucho tiempo para leer un documento largo y aburrido, sin ningún diseño. Por supuesto que viene en un documento adjunto. Además, trae vagos detalles de mis estudios y una descripción imprecisa de lo que he hecho en mis trabajos anteriores. Alguien me dijo que tenía que poner un resumen al principio, pero para qué, si ya en el texto del correo le puse que “me interesa trabajar con usted, para aportar valor a la empresa”. El texto del correo no dice nada más, porque usted, Como Se Llame, está obligado a llegar a su oficina y leerlo, ¿cómo cree que debo captar su atención desde que ve su correo en su smartphone?

La verdad, la verdad, ni siquiera se qué puesto tenga usted, Como Se Llame, ni qué haga, ni exactamente a qué se dedica la empresa en la que trabaja. Porque está clarísimo que me importa un cacahuate lo que a usted y a su aburrida empresa les interese, lo que importa es lo que yo quiero. Bueno, seré generoso y agregaré por ahí perdido este párrafo:

“Objetivo personal: Desarrollarme en las diversas áreas del _____  y aplicar todos mis conocimientos para tener una evolución tanto en lo profesional como lo personal, superándome día con día y así tomar las decisiones correctas de los retos que se me presenten para realizarlos de manera exitosa”.

Me queda claro que en su empresa hacen algo, que a la mejor tiene relación con lo que estudié y con mis trabajos anteriores. En mi caso, con el periodismo y la comunicación, pero eso da igual, porque este machote de CV también podría servir para “pedir trabajo” en alguna empresa farmacéutica o de productos de consumo.


Ya está lista la nueva edición de la revista Dinero Inteligente, con el tema de cómo sobrevivir a los errores financieros. Aquí te van 5 ejemplos de errores, como los contamos en W Radio.
1.    Llegar a los 40 sin tener algo de ahorro para el retiro. Antes de los 40 años, te endeudas para muchas cosas: para comprar el auto, para comprar una casa. Y eso está justificado. Sin crédito no podrías alcanzar muchos objetivos. Pero con los 40 empieza la década de la acumulación, como nos han explicado muchos banqueros de inversión. Ahí sí tienes que detenerte y destinar una parte de tu ingreso al ahorro, si es que no lo has hecho antes. Se supone que cuando te jubiles, a los 65 años, deberás tener recursos para pagar 20 años sin trabajar. Según Charles Farrel, un autor estadounidense, para los 40 años sería bueno que ya hubiera acumulado el equivalente a 2 años de tu ingreso. Eso no quiere decir que debas tenerlo todo en dinero en efectivo, al contrario, también cuenta lo que cueste tu casa y otras posesiones.
2.    Desconocer por qué compras. Está bien comprar, pero puede ser que sufras el mal del comprador compulsivo. ¿Te ha sucedido? Puede ser que tus compras se hayan convertido en una adicción. Haz un rápido test:
a)    ¿Tienes más de tres pares de zapatos nuevecitos con las mismas características?
b)    ¿Compras cuando tienes un ataque de ansiedad?
c)    Ya tienes una rutina establecida para ir de compras. Por ejemplo, que te peleas con tu pareja y al día siguiente te desquitas con la tarjeta.

Es probable que tengas ese mal del comprador compulsivo. Y entonces no estás comprando porque necesitas o quieres realmente algo, sino por una razón diferente. La buena noticia es que esa conducta se puede cambiar.

3.    Dar el tarjetazo para enfrentar una emergencia. Aunque te parezcan muy caros ahora, los seguros de gastos médicos te sirven para enfrentar costos que de otra manera podrían desbaratar todos tus planes y acabar con tu patrimonio.
4.    No hablar de dinero con la pareja. Tú puedes tener tus planes muy bien acomodados, para el retiro, para formar tu patrimonio, pero en realidad el dinero pertenece a la familia. Alguien nos ha confesado que, en efecto, no hablar de dinero lo llevó al divorcio. No nos pongamos extremosos, pero ese silencio puede generar problemas.
5.    Convertirte en un tacaño. Y aquí te va otro test rápido:
a)    Cada vez que gastas, sientes que no deberías despilfarrar el dinero.
b)    Cuando ves una pantalla plana de televisión en la tienda, piensas que con lo que gastarías en ella podrías pagar un viaje ida y vuelta a Nueva York.
c)    Cuando llega el momento de ir de vacaciones piensas que como ya no te compraste la pantalla plana, ni fuiste a Nueva York, mejor te quedas en la empresa a trabajar más para que te aumenten el sueldo.
Si contestaste que sí a todas las preguntas anteriores, no pienses que estamos buscando un editor para dinero inteligente. Considera que podrías estar en una situación de gastorexia, algo así como lo que sufren los anoréxicos o los vigoréxicos, que se obsesionan por comer o hacer ejercicio. Controlas demasiado tus gastos porque en realidad no te has fijado las metas. No sabes muy bien para qué deberías ahorrar, entonces de plano no gastas. Mejor escribir con un lápiz y papel cuáles son tus metas. Si ya ahorras para el retiro, ya estás armando un fondo de emergencia, date un permiso,


Ya en serio.

¿Qué tan preparadas están las instituciones financieras para asesorarnos?

Este mes apareció un reporte de una empresa de análisis, que advierte que en México no están creciendo los fondos de inversión como deberían, porque todavía hay mucha trabas, entre ellas la falta de un buen equipo de profesionales que atraigan nuevos clientes y les den el servicio adecuado.

Creí que el reporte exageraba. Hasta que mi hermano me reenvió el correo de su “asesora” financiera. La señorita lo conoció en una institución anterior, a la que dejó para irse a otra. Para empezar, quiere robárselo como cliente, de la institución a la que supuestamente representaba con orgullo. Le propone abrir una cuenta en la compañía en la que ahora está y para convencerlo le anexa en su correo lo que ella llama “presentación”: una hoja de Excel en la que dice cuánto ganaría de intereses si obtiene cierta tasa. Claro, si tienes una tasa de rendimiento de 10%, ganas 10% de intereses, así de burdo. Recuerda que nadie puede prometer un rendimiento, sin explicarte cómo le haría para obtenerlo.

No puedo resistir la tentación de copiar su correo aquí. Sólo le quité los nombres de ella y de las instituciones. Si así estuviera el nivel de tu asesor, ¿qué harías?

Va su correo tal cual.

“HOLA BUENOS TARDES SR. RODOLFO, SOY XX XX LA ASESORA QUE TE ATENDÍO EN XX XX EL MOTIVO DE MI CORREO ES PARA INFORMARTE QUE ACTUALMENTE ESTOY TRABAJANDO OTRA EMPRESA FINANCIERA SE LLAMA XX Y ESTOY MANEJANDO INVERSIONES MAS ATRACTIVAS SON PAGARE CON RENDIMIENTOS FIJOS A PLAZO Y TU INVERSION GARANTIZADA POR EL IPAF, TE ANEXO LA PRESENTACION DE MI EMPRESA Y TASA DE INTERES, ME AGRADARIA MUCHO PODER ATENDERTE NUEVAMENTE DANDOTE EL SERVICIO QUE ESTAS ACOSTUMBRADO, SEGUIMOS EN CONTACTO POR ESTE MEDIO O A MI CEL XXXXXXXX SI ME PUEDES MANDAR MSJ YO TE REGRESO LA LLAMADA”

Sic, sic y recontra sic. Por cierto, no hay algo así como una inversión garantizada por el IPAF. En todo caso, el Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB) garantiza las cuentas en los bancos hasta por 400,000 udis, y no protege las cuentas en las sociedades de inversión, que es lo que esta señorita promueve.

Dudo mucho que si alguien no puede escribir mejor que un niño en tercero de primaria, sea capaz de recomendar un portafolio de inversión adecuado.

La redacción es espeluznante. Eso significa que tienes que exigirle más a tu asesor. Y si te envía un correo así, cuéntaselo a su superior.

 

 


¿Cómo iba eso de que cuidas los centavos y descuidas los pesos? No recuerdo cómo decía mi abuela, pero el caso es que cuando empezamos con preguntas por los detalles es porque no queremos enfrentar un asunto en serio (supongo que eso diría mi terapeuta).

¿No te ha pasado que alguien que no ha caminado media cuadra en todo el último mes te empieza a preguntar cuántas calorías debería quemar si empieza a correr?

En fin, aquí van cinco preguntas que me parece que son más un pretexto para no actuar que curiosidad real.

1.    ¿Cuándo me conviene comprar dólares? A ver, señor director de La Gran Empresa Multinacional. ¿De verdad cree que debe preocuparse por el tipo de cambio para cambiar esos 5,000 pesos a billetes verdes porque planea viajar a Estados Unidos a fin de mes? En ese caso debería contratar un equipo de analistas, para que le puedan decir a cómo estará el dólar dentro de dos semanas. Porque si en lugar de estar en 11.68, sube a 11.7, en lugar de obtener 428 dólares, tendrá 427.3. Esta pregunta viene de aquellos oscuros tiempos en los que el Presidente superpoderoso se encerraba en Los Pinos junto con unos cuantos cuates y fijaba, de preferencia en una noche de viernes, a cuánto quería que amaneciera el peso (y luego se devaluaba más). Tampoco en aquel entonces valía mucho adivinar, por cierto. Y la respuesta: cómpralos cuando los necesitas.

2.     ¿Compro acciones de la empresa de moda? Otra vez a buscar las artes de adivinador. Para comprar acciones de una empresa en particular necesitas hacer algo de análisis. Le llaman análisis fundamental cuando ves cómo le ha ido a la empresa, qué posibilidades tiene de obtener ganancias y de ganar mercado, lo que se traducirá en aumento de precio de sus acciones. Y análisis técnico a ver cómo le ha ido al precio de la acción. Eso te lleva un buen tiempo y conocimiento, que podrías sustituir si diversificaras tu inversión. En lugar de apostarle a una acción en particular, podrías entrarle a un fondo de inversión, que ya tiene papeles de diferentes empresas, incluidas acciones y deuda.

3.    ¿Cuál es el mejor banco? La respuesta rápida: el que te quede más cerca y tenga más cajeros propios por donde tú andas (así te evitas comisiones). El error está en compararlos todos con demasiados detalles. Mejor exígeles que te atiendan bien. Ahí sí, si no lo hacen, te vas con tu dinero a otra parte. Pero recuérdales que cuesta más ganar un cliente nuevo que conservar a uno tan bueno como tú.

4.    ¿Me cambio de afore? Si de plano estás en la peor en materia de rendimientos, hazlo ya, pero andar brincando de una a otra, tampoco es que te de mucho a ganar, a pesar de lo que alguna vez ha dicho Tapen Sinha, un experto en retiro del Itam. Si tan sólo levantaras el teléfono o fueras a la oficina, podrías conseguir mejor servicio y más información sobre cómo ahorrar extra. El problema es que no lo exigimos. A ellos les da lo mismo si te cambias, pero sí sentirán la presión de que busques que te atiendan.  (si quieres comparar rendimientos, pícale aquí).

5.    ¿Me tomo o no el cafecito diario? Cuando hablé de este tema con Carlos Puig en W Radio, él comentaba que la última de las razones por las que deja de fumar fue por lo que gastaba al día. Castigarte o vivir con culpas no funciona. Si te vas a privar de algo, lo querrás compensar con otra cosa. Los economistas del comportamiento dirían que hagas un plan, te traces una meta y definas cuánto necesitas para alcanzarla. Si para ello, se requiere dejar de tomar el café, cuando menos tienes un incentivo para cambiar de hábito.


Si tu hijo va a una escuela particular, el gobierno federal está dispuesto a regalarle cuando menos una bicicleta al año. Aplican restricciones.
Con el decreto para deducir de impuestos las colegiaturas, te vas a ahorrar un máximo de 3,870 pesos anuales, si tu hijo va a primaria. No más. Porque hay un tope a la deducción. Tampoco es que esté tan mal, te alcanza para comprarle un vehículo 4X4 como el que manejan mis intrépidos sobrinos en esta foto.

jeep

Tú juntas desde hoy todas las facturas de la escuela de tu hijo (suerte para conseguirlas) y las presentas en la declaración que harás en abril de 2012.
Van las restricciones.
1. El gobierno federal pondrá un tope a lo que deducirá. Él calcula, por ejemplo, que cada niño de primaria en una escuela pública le cuesta 1,075 pesos mensuales, o 12,900 anuales. Si tú pagas más que eso en una escuela privada, allá tú.
2. Tienes que presentar la declaración.
3. Y tienes que entender qué significa esto de que te deduzcan. Por ejemplo, si el gobierno dice que te deducirá un máximo de 12,900 pesos, no significa que te vaya a dar esa cantidad, así que no te vueles. Ese dinero ya no cuenta para calcular lo que te van a cobrar de impuestos. Imagínate que ganas 500,000 pesos al año. Deducir significa que te restan los 12,900 pesos para considerar lo que pagarás de impuestos. Si pagas 30% de impuestos, entonces en lugar de pagar 150,000 pesos, vas a pagar 146,130 pesos, un ahorro de 3,870 pesos. (¿quieres un atajo? Multiplica la cantidad a deducir por la tasa de impuestos que pagas. En el ejemplo es 12,900 por 0.3)


Mi hermano tiene 50 años. Dicen que ya no debería invertir mucho en la Bolsa de Valores.

Se supone que hay una regla para saber qué porcentaje de tus ahorros debes invertir en acciones: Réstale tu edad a 100. O sea que si tienes 50 años, el máximo en la Bolsa debería ser 50%.
Pero su hijo mayor tiene 3 años. Si el dinero fuera de él, entonces podría invertir 97% de sus ahorros en la Bolsa. Pero mi sobrino tiene otras necesidades, que hacen que se distraiga (como se ve aquí en su cumpleaños 2) y no piense en multiplicar su dinero. Todavía no tiene una alcancía.
IMG_0144
¿Cuál será la fórmula para invertir en la Bolsa? A mi hermano le gustaría que si invierte 100,000 pesos hoy y hace una aportación mensual durante 20 años, alcance a juntar 3 millones de pesos, para que se los repartan sus dos hijos y la hermana de estos (que tiene 17 años. Una complicación más: ¿y ahora cuál será el porcentaje adecuado para poner en la Bolsa?). Pícale aquí para saber cuánto dinero debes ahorrar al mes para alcanzar tu meta de ahorro.
La cuestión es que ahora la Bolsa de Valores está en alturas de vértigo, si se compara con el nivel en el que estaba en 2008. A todas luces, ya no es tan barato comprar acciones mexicanas como hace dos años y ya no habrá que esperar el rendimiento que tuvieron los afortunados optimistas que compraron el 6 de octubre de 2008. ¿Sabes cuánto ganaron hasta el 6 de octubre de 2010? ¡70%!
Sí, claro, pero esos afortunados optimistas tuvieron un gran susto, con una pérdida de 14% entre el 6 de octubre de 2008 y el 2 de marzo de 2009. Pícale aquí para ver cómo le ha ido a la Bolsa.
¿Estarán dispuestos mi hermano, mi cuñada y mis tres queridos sobrinos a resistir las bajas de la Bolsa?


Los papás son como el cohetero. Si no nos dijeron cómo manejar nuestro dinero, malo. Si nos dijeron, pero resultó mal, peor.

Ya sabes que a los psicoanalistas les encanta escarbar en el pasado de los pacientes. Se supone que logran descubrir las ideas y las costumbres que te evitan dar vuelta a la página y empezar a funcionar en forma adecuada para alcanzar tus objetivos. Así que revisar los consejos que nos dieron los papás, podría servir para enfrentarlos y ver la manera de mejorar nuestras costumbres.

Va una encuesta que hice en twitter sobre los peores consejos financieros. La pregunta: “¿Cuál fue #elpeorconsejofinanciero que te dieron tus papás?” Y aquí están las respuestas:

@eltemoc “Tú trabaja, y la gente valorará lo que cuesta tu trabajo”

@JeniJanuary #elpeorconsejofinanciero es inculcarnos a vivir de lo prestado, creer que todo mundo tiene obligación de prestarnos dinero

@KarlaBayly “Si estudias eso te vas a morir de hambre” El “eso” era letras o pedagogía.

@Vdavilar “No compres a crédito, mejor ahorra y lo pagas cash”.

@Cyn_lg que cuando yo tenga mi dinero me compre lo que quiera. Error: ¡hay que pensar en qué gastarlo!

@Javi_MX “Cómprate un auto de agencia, es costoso pero eres el primero en usarlo”

@AlvaroVelazquez “El que nada debe, nada tiene”

@vaneperu “Ahorrar cuando se gane más dinero”

@sandygallia Nunca me hablaron de dinero, y mi mamá siempre se quejaba de que mi papá gastaba ->vivo sin gastar

@Guapologa #elpeorconsejofinanciero que me han dado mis papás es no hacer evidente que ahorrar para el futuro es un ejercicio sano.

@chopeer Más bien lo que están haciendo mal algunos es comprarle todo a sus hijos y de marcas reconocidas.

@ElPesoNuestro: Tener el “guardadito” en la casa en lugar de meterlo al banco. Obviamente el dinero pierde valor bajo el colchón.

@a_delabarreda “Estudia algo que te deje dinero, el gusto lo agarras con el tiempo”

@laramirezp Quizás el de decirme que ahorrara mi dinero en lugar de invertirlo, porque al invertir hacemos crecer el dinero y al ahorrarlo, no.

@Candymasblog “Aprovecha el crédito hipotecario que te están ofreciendo… ¡Después la rentas y con eso pagas!”

@AlvaroVelazquez “Voy a sacar otra tarjeta de crédito, para traspasar el saldo”

@nanzlorena “Gasta tus primeros sueldos como quieras, después vienen los hijos y todo es para ellos”

@vivircomoreina Sacar un crédito en udis, aunque no lo he comprobado del todo.

@JUrielver “Hay que tener lo que se deba, aunque se deba lo que se tenga” ¡qué consejito! ¿no?

@wero9 “¡Deberías tramitar tu tarjeta de crédito!”

@jc_chavez “El dinero se hizo para gastarse”

@tono_ito “Usa esa tarjeta de crédito para pagar las demás”

@CarolinaQuesada “Dios proveerá”

Éste me lo envió una amiga por correo electrónico: “Nunca será la última oportunidad”. Y con ese consejo, dice, su papá no ha aprovechado ninguna oportunidad.

Por cierto, yo no recuerdo algún mal consejo de mis papás, porque sencillamente no hablaban de dinero. Y de acuerdo con Adina Chelminsky (@CayMill), la autora del libro Cabrona y Millonaria ésa también es una mala costumbre, porque no deja que de niño aprendas a reconocer los límites y el poder del dinero. Sí recuerdo malos ejemplos: de niño, cuando salía con mi papá, su cartera siempre alcanzaba para comprar cosas (lo bueno es que no nos llevaba a pasear a los centros comerciales, sino a lugares llenos de experiencias divertidas y pocas tentaciones de compra). De mi mamá heredé la angustia de poner orden en mis papeles. Siempre vi montones de cuentas acumuladas en su escritorio. Tal vez estaban pagadas, pero el montón era imponente y era difícil adivinar qué se debía atender primero.

Para que no nos quedemos todos amargados, un comentario de otro twittero, @pichosg, que sugiere que hagamos una encuesta sobre los buenos consejos. Él dice que se arrepiente de no haberle hecho caso a su mamá cuando le decía que comprara casa y ahorrara. ¿Y qué hiciste entonces? “Compré coche (no me arrepiento porque lo disfruté) y gasté en cosas que ahora no me acuerdo (de eso sí me arrepiento)”.

(Gracias a @Guapologa por la idea de hacer la encuesta. Ella hizo una para su blog sobre consejos de mamás. Si quieres consultarlo, pícale aquí).



Nota: Las opiniones que se presentan en la sección de blogs de CNNExpansión.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de CNNExpansión.
Términos y condiciones