Sofía Macías me invitó a presentar su libro en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Aquí te va el texto, se llama 10 razones para no leer al Pequeño cerdo capitalista. Espero que te convenza de lo contrario, o sea de que lo leas:


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1.    Es un libro de autoayuda. Te dice que tú puedes, te enseña el camino. Hay muchas personas que consideran que es una mala palabra, esa que empieza con A (o sea autoayuda). Porque ¿cómo un libro te va a hablar de tu vida y te va a enseñar algo útil? El chiste es que el libro sea algo aburridísimo, con larguísimas frases y largos párrafos, que digan cosas trascendentes y no que te ayuden a abrir los ojos a una realidad que se parece a la tuya. Pensándolo bien, ¿qué libro bueno no es también de autoayuda? Cuando lees que un ex militar se refugia en su taller a fabricar pecesitos de oro, ¿no se te desata algo dentro? Ese libro te enseña a entender tu historia y a verla de otra manera.
2.    Tiene fórmulas matemáticas. Más de uno dirá: “Yo por eso estudié filosofía, comunicación, psicología, letras… Para no tener que usar nunca una fórmula matemática”. Cuidado, una de esas fórmulas está precisamente en la página 141, no vaya a ser que se topen con ella por sorpresa. Hay un cuento de Julio Cortázar que dice que en un libro se encuentra una página en blanco y si alguien que lo lee llega a ella a las tres de la tarde, muere. Así que tomen sus precauciones antes de que esta fórmula se les abalance como si fuera estado de cuenta de la tarjeta. ¿y qué te explica? Cómo le afecta la inflación a tus ahorros. Si la entiendes y la aplicas, podrás saber qué inversiones te pueden convenir para tus metas. Si entiendes el concepto, aunque no quieras hacer la división, también te ayuda a escoger en dónde meter tu dinero. Así puedes saber si ese pagaré bancario te conviene para dejar tu dinero por los próximos tres años (como hacen muchos). Por cierto, yo les puedo decir algo desde ahora, con la ayuda de lo que se explica en el capítulo 6, de inversiones: No, no les conviene.
3.    No tiene suficientes fórmulas matemáticas. ¿No se supone que es un libro de finanzas personales? ¿Dónde está la regla del 72, la desviación estándar del rendimiento esperado en la Bolsa de Valores y la frontera de eficiencia de las inversiones? Hay blogs y libros que prometen hacerte millonario explicándote una serie de fórmulas matemáticas para que obtengas ganancias espectaculares en el Forex. Si le pierdes, cosa muy probable, es porque no entendiste las fórmulas del análisis técnico de los parámetros de la hipotenusa al cuadrado. En realidad, en el trasfondo del libro están las fórmulas. Por eso te ayuda a entender el proceso para escoger un seguro de vida o uno de gastos médicos sin sepultarte en cálculos.
4.    Te convertirá en un cerdo capitalista. Pero si a ti ni te interesa el dinero, ¿cómo creen que vas a ser una de esas personas materialistas? Además, ya ven, uno tiene su ideología, y siempre luchará por los desvalidos. Creo que se pueden despreocupar. Puedes enojarte con los bancos y las instituciones financieras que hacen malabares con el dinero de todos, que inventan y revientan burbujas cada vez con mayor frecuencia. Pero como estás tan enojado con esos capitalistas, optas por no entenderlos… y por seguir regalándoles el dinero. Como lo explica desde la introducción, tú pierdes dinero por seguir en una afore patito, por comprar en la tienda de pagos chiquitos que cobra muchito de intereses, por dejar dormido tu dinero en una cuenta de banco, en lugar de meterlo a un fondo de inversión que sí te de rendimientos, por desquitarte a punta de tarjetazos del mal humor de tu jefe. Cuando habla de inversiones, el libro recuerda que nos da por ningunear nuestro dinero. Espero no ofender sensibilidades, pero un terapeuta me decía que los cruzados católicos conquistaban tierras con un señor crucificado en sus escudos, para que vieran los enemigos que ellos también sufrían. Y ese sufrimiento terminamos por creerlo. Dice Paul Watzlawick que cuando no quiere hacer algo, un estadounidense dice que le duele la cabeza, mientras que un ruso logra que le duela la cabeza. Total que como hablamos de que uno tiene centavitos, que no es mucho, que mis mugres pesitos, no los tomamos en serio y no los ponemos a trabajar.
5.    No te dice que dejes de gastar en tus caprichos. Dice el libro: “Si nos proponemos reducir nuestros gastos 50% en un mes, viviendo a pan y agua y bañándonos con agua helada para ahorrar en gas, lo más seguro es que aguantemos una semana y después mandemos todo a volar”. La idea es que encuentres los hábitos que en realidad no te hacen tan feliz y que en cambio sí están erosionado tus ingresos. En el capítulo 3, hay una guía para hacer un presupuesto. Había escrito divertida, pero de plano lo tuve que borrar. No me van a creer que es divertido pensar en un presupuesto. Pero es una amiga explicándote. Y cuestionándote: hace cuánto que no vas al club y pagas las mensualidades, cuánto te cuesta esa comida mala de la fonda de la oficina y cuántos minutos más temprano tendrías que levantarte para llegar algo más agradable.
6.    Cuando hagan la película no habrá ningún hombre lobo lampiño que se quita la camisa. Pero sí trae otras buenas historias: la de la chica super guapa de minifalda que se va de compras cuando se deprime, la de la amiga que compra bolsas y la otra que invierte en la Bolsa (y que obtiene un beneficio más duradero que sumar una bolsa Coach más a su colección cada quincena a meses sin intereses), la del chavo que acompaña a sus amigos al centro comercial y compra de todo, la de las abuelitas que te dicen cómo prever para el futuro y la de los hermanos calamidad.
7.    Habla de cosas que le suceden a otros. Los demás se enferman, pierden el trabajo, yo no. ¿A mí de qué me sirve cómo calcular cuánto necesito meterle a mi fondo de emergencia? Que ellos vean en dónde se puede depositar ese dinero para conservar su valor.
8.    No culpa a los bancos. No puedo creerlo, pero el capítulo 5 dice que tu deuda no es culpa del banco. Alguien le escribió a Sofía a su blog: ¿para qué me dieron ese límite de crédito si me lo iban a cobrar? No es por ahí. La verdad es que los bancos en México sí actúan muchas veces como si estuvieran manejados por esos viejitos flaquitos  que salen en  la película de Mary Poppins: tacaños con el último centavo, mismo que quieren tener sepultado en el fondo de una poderosa caja fuerte. Pero también es la verdad que los dejamos. Dice Sofía: “Mientras la gente esté convencida de que es una víctima y le cargue el santito de su endeudamiento a alguien más, jamás de los jamases saldrá de su deudora”. En ese capítulo 5 te explica que el crédito no es un aumento de sueldo, te revela que los bancos no son Santa Claus ni una extensión de las Carmelitas descalzas, así que si tú lo crees ya será tu culpa a cuánto llegue tu deuda.
9.    Te confronta con creencias que te tienen atorado. Estamos en un cambio de generación: todavía hay que cuestionar a los papás que creen que sólo los bienes raíces valen y que tienen que morir en ellas, así sea de hambre, con tal de conservar el bien para sus hijitos. Te da temas para que hables de dinero con tus papás, y eso es peor que preguntarles en qué estaban pensando cuando se les ocurrió tener a tu hermanito.
10.    Se acaba muy pronto. Dicen los escritores que no es precisamente un halago que les digan que alguien terminó su libro de una sentada, después de que ellos le invirtieron meses o años a escribirlo. Pero éste también es el caso. Quieres saber qué pasa con las historias, qué mas revelaciones te hará de ti mismo, y entonces no puedes dejar de pasar las páginas hasta que te topas con el oink final. Ni modo, lo tendrás que dejar de libro de consulta.

Si quieres ver el blog del Pequeño Cerdo Capitalista, pícale aquí.


Es un complot: muchos recién egresados de la escuela se pusieron de acuerdo para enviar este tipo de currículum vitae, supuestamente para pedir trabajo. Lo que logran es que el que los recibe se desespere y los borre. No es literal, pero esto es lo que se lee de un currículum vitae hecho con flojera y enviado a una lista masiva (o sea que también se tuvo flojera a la hora de decidir a quién enviarlo). Recuerda: no estás vendiendo tornillos, estás vendiendo tus capacidades. No estás pidiendo trabajo, estás ofreciendo soluciones. Mira lo que dice un mal currículum de ti:

Quiero ganar dinero, pero me da flojera interesarme por un trabajo en particular. Así que por eso le hago el favor de enviarle a usted, Como Se Llame, mi curriculum en el que se describe que he hecho algo en mi vida, aunque no quede muy claro qué.

Es de dos páginas porque supongo que usted tiene mucho tiempo para leer un documento largo y aburrido, sin ningún diseño. Por supuesto que viene en un documento adjunto. Además, trae vagos detalles de mis estudios y una descripción imprecisa de lo que he hecho en mis trabajos anteriores. Alguien me dijo que tenía que poner un resumen al principio, pero para qué, si ya en el texto del correo le puse que “me interesa trabajar con usted, para aportar valor a la empresa”. El texto del correo no dice nada más, porque usted, Como Se Llame, está obligado a llegar a su oficina y leerlo, ¿cómo cree que debo captar su atención desde que ve su correo en su smartphone?

La verdad, la verdad, ni siquiera se qué puesto tenga usted, Como Se Llame, ni qué haga, ni exactamente a qué se dedica la empresa en la que trabaja. Porque está clarísimo que me importa un cacahuate lo que a usted y a su aburrida empresa les interese, lo que importa es lo que yo quiero. Bueno, seré generoso y agregaré por ahí perdido este párrafo:

“Objetivo personal: Desarrollarme en las diversas áreas del _____  y aplicar todos mis conocimientos para tener una evolución tanto en lo profesional como lo personal, superándome día con día y así tomar las decisiones correctas de los retos que se me presenten para realizarlos de manera exitosa”.

Me queda claro que en su empresa hacen algo, que a la mejor tiene relación con lo que estudié y con mis trabajos anteriores. En mi caso, con el periodismo y la comunicación, pero eso da igual, porque este machote de CV también podría servir para “pedir trabajo” en alguna empresa farmacéutica o de productos de consumo.


Ésta es parte de una serie de blogs del clan financiero para hablar de cine y dinero. El blog que sigue de éste es el de So, de BlogyLana, que nos dice cuándo la falta de dinero nos puede llevar a desnudarnos.

1. Te engaño con el dinero. No, nunca la engañó con otra. La infidelidad era demasiado para los estudios que produjeron la película en aquella época y no iban a poner al galán Cary Grant en el papel de un adúltero. Aún así, en Suspicion (Sospecha), el personaje de Gary Grant engaña a su esposa… porque se gasta su dinero en las apuestas y se endeuda, sin avisarle. Esta doble vida lo vuelve sospechoso de querer asesinarla. La esposa, representada por Joan Fontaine, y nosotros los espectadores estamos todo el tiempo temerosos de que quiera matarla para quedarse con su dinero y así seguir con la vida disipada. ¿Estás en una situación así? ¿De verdad sabes en qué se está gastando el dinero tu pareja? ¿Comparten las metas? Si no, cuidado. Porque la próxima vez que te suba un vaso de leche estarás temeroso de que lo que en realidad busca es deshacerte de ti, para poder usar sin freno la tarjeta de crédito.

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2. El dinero es mágico. Otra película viejita. ¿Qué pasa cuando de pronto se van tus papás de casa y estás en condiciones de gastar el dinero? Que habrá que encontrar la manera de hacer negocio para volver a gastar. Es lo que descubre Tom Cruise en Risky Business. ¿Qué tan terrorífico puede ser esperar a que regresen los padres y se enteren de que hay que sacar el Porsche del Lago Michigan?

 

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3. Y ahora ¿en qué gasto? En la mayoría de las películas de Woody Allen, el dinero no es el problema. Los personajes siempre se juntan a comer en restaurantes lujosos, visten a la última moda que se permite un demócrata estadounidense (nada escandaloso, pues) y pasean por Nueva York, París o Londres sin más preocupaciones fuera del matrimonio, la fidelidad, la inmortalidad y el arte. Pero en “Conocerás al hombre de tus sueños” (You Will Meet a Tall, Dark Stranger”), el personaje de Anthony Hopkins descubre que por más que se gaste el dinero de su vejez, la satisfacción no es la que esperaba, porque tiene que aceptar la terrible realidad de que a cierta edad ya no se pueden disfrutar los placeres de la juventud. ¿Le llegó el moralismo a Woody Allen? No. Descubre con tristeza que en cierto momento llega una barrera física que nos impide seguir gastando en lo que antes nos hacía felices.

 

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Ya en serio.

¿Qué tan preparadas están las instituciones financieras para asesorarnos?

Este mes apareció un reporte de una empresa de análisis, que advierte que en México no están creciendo los fondos de inversión como deberían, porque todavía hay mucha trabas, entre ellas la falta de un buen equipo de profesionales que atraigan nuevos clientes y les den el servicio adecuado.

Creí que el reporte exageraba. Hasta que mi hermano me reenvió el correo de su “asesora” financiera. La señorita lo conoció en una institución anterior, a la que dejó para irse a otra. Para empezar, quiere robárselo como cliente, de la institución a la que supuestamente representaba con orgullo. Le propone abrir una cuenta en la compañía en la que ahora está y para convencerlo le anexa en su correo lo que ella llama “presentación”: una hoja de Excel en la que dice cuánto ganaría de intereses si obtiene cierta tasa. Claro, si tienes una tasa de rendimiento de 10%, ganas 10% de intereses, así de burdo. Recuerda que nadie puede prometer un rendimiento, sin explicarte cómo le haría para obtenerlo.

No puedo resistir la tentación de copiar su correo aquí. Sólo le quité los nombres de ella y de las instituciones. Si así estuviera el nivel de tu asesor, ¿qué harías?

Va su correo tal cual.

“HOLA BUENOS TARDES SR. RODOLFO, SOY XX XX LA ASESORA QUE TE ATENDÍO EN XX XX EL MOTIVO DE MI CORREO ES PARA INFORMARTE QUE ACTUALMENTE ESTOY TRABAJANDO OTRA EMPRESA FINANCIERA SE LLAMA XX Y ESTOY MANEJANDO INVERSIONES MAS ATRACTIVAS SON PAGARE CON RENDIMIENTOS FIJOS A PLAZO Y TU INVERSION GARANTIZADA POR EL IPAF, TE ANEXO LA PRESENTACION DE MI EMPRESA Y TASA DE INTERES, ME AGRADARIA MUCHO PODER ATENDERTE NUEVAMENTE DANDOTE EL SERVICIO QUE ESTAS ACOSTUMBRADO, SEGUIMOS EN CONTACTO POR ESTE MEDIO O A MI CEL XXXXXXXX SI ME PUEDES MANDAR MSJ YO TE REGRESO LA LLAMADA”

Sic, sic y recontra sic. Por cierto, no hay algo así como una inversión garantizada por el IPAF. En todo caso, el Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB) garantiza las cuentas en los bancos hasta por 400,000 udis, y no protege las cuentas en las sociedades de inversión, que es lo que esta señorita promueve.

Dudo mucho que si alguien no puede escribir mejor que un niño en tercero de primaria, sea capaz de recomendar un portafolio de inversión adecuado.

La redacción es espeluznante. Eso significa que tienes que exigirle más a tu asesor. Y si te envía un correo así, cuéntaselo a su superior.

 

 


¿Cómo iba eso de que cuidas los centavos y descuidas los pesos? No recuerdo cómo decía mi abuela, pero el caso es que cuando empezamos con preguntas por los detalles es porque no queremos enfrentar un asunto en serio (supongo que eso diría mi terapeuta).

¿No te ha pasado que alguien que no ha caminado media cuadra en todo el último mes te empieza a preguntar cuántas calorías debería quemar si empieza a correr?

En fin, aquí van cinco preguntas que me parece que son más un pretexto para no actuar que curiosidad real.

1.    ¿Cuándo me conviene comprar dólares? A ver, señor director de La Gran Empresa Multinacional. ¿De verdad cree que debe preocuparse por el tipo de cambio para cambiar esos 5,000 pesos a billetes verdes porque planea viajar a Estados Unidos a fin de mes? En ese caso debería contratar un equipo de analistas, para que le puedan decir a cómo estará el dólar dentro de dos semanas. Porque si en lugar de estar en 11.68, sube a 11.7, en lugar de obtener 428 dólares, tendrá 427.3. Esta pregunta viene de aquellos oscuros tiempos en los que el Presidente superpoderoso se encerraba en Los Pinos junto con unos cuantos cuates y fijaba, de preferencia en una noche de viernes, a cuánto quería que amaneciera el peso (y luego se devaluaba más). Tampoco en aquel entonces valía mucho adivinar, por cierto. Y la respuesta: cómpralos cuando los necesitas.

2.     ¿Compro acciones de la empresa de moda? Otra vez a buscar las artes de adivinador. Para comprar acciones de una empresa en particular necesitas hacer algo de análisis. Le llaman análisis fundamental cuando ves cómo le ha ido a la empresa, qué posibilidades tiene de obtener ganancias y de ganar mercado, lo que se traducirá en aumento de precio de sus acciones. Y análisis técnico a ver cómo le ha ido al precio de la acción. Eso te lleva un buen tiempo y conocimiento, que podrías sustituir si diversificaras tu inversión. En lugar de apostarle a una acción en particular, podrías entrarle a un fondo de inversión, que ya tiene papeles de diferentes empresas, incluidas acciones y deuda.

3.    ¿Cuál es el mejor banco? La respuesta rápida: el que te quede más cerca y tenga más cajeros propios por donde tú andas (así te evitas comisiones). El error está en compararlos todos con demasiados detalles. Mejor exígeles que te atiendan bien. Ahí sí, si no lo hacen, te vas con tu dinero a otra parte. Pero recuérdales que cuesta más ganar un cliente nuevo que conservar a uno tan bueno como tú.

4.    ¿Me cambio de afore? Si de plano estás en la peor en materia de rendimientos, hazlo ya, pero andar brincando de una a otra, tampoco es que te de mucho a ganar, a pesar de lo que alguna vez ha dicho Tapen Sinha, un experto en retiro del Itam. Si tan sólo levantaras el teléfono o fueras a la oficina, podrías conseguir mejor servicio y más información sobre cómo ahorrar extra. El problema es que no lo exigimos. A ellos les da lo mismo si te cambias, pero sí sentirán la presión de que busques que te atiendan.  (si quieres comparar rendimientos, pícale aquí).

5.    ¿Me tomo o no el cafecito diario? Cuando hablé de este tema con Carlos Puig en W Radio, él comentaba que la última de las razones por las que deja de fumar fue por lo que gastaba al día. Castigarte o vivir con culpas no funciona. Si te vas a privar de algo, lo querrás compensar con otra cosa. Los economistas del comportamiento dirían que hagas un plan, te traces una meta y definas cuánto necesitas para alcanzarla. Si para ello, se requiere dejar de tomar el café, cuando menos tienes un incentivo para cambiar de hábito.


Si te comes ese helado/hamburguesa/pastel entonces tendrás que correr 6 kilómetros para desquitarlo.

Esa idea del castigo después del premio es una de las más peligrosas que conozco. Porque te comes el helado o el postre que sea, y después no corres los seis kilómetros que se supone bastan para desquitarlo. Y en cambio vives intranquilo con la culpa.

Y porque además supongo (porque no soy nutricionista) que es una idea falsa. No puede ser que todos los metabolismos funcionen igual. Tengo amigos musculosos que ya quemaron el helado cuando apenas va en su esófago y algunas tías que lo llevarán en su panza los próximos seis meses.

Además no puedes vivir compensando pecados con penitencias. Lo mismo pasa con tu dinero. No se vale decir que ahorrarás el próximo mes porque hoy ya te fuiste a comprar cosas inútiles.

Para esto de adelgazar, o de ahorrar, tendríamos que poner las cosas de cabeza. Ni comer verduras ni correr seis kilómetros son un castigo: pueden ser un premio por sí mismas, por lo bien que te sientes, porque no sólo de chocolate vive el hombre y porque escuchar los pájaros en el parque a las seis de la mañana es más agradable que ver los anuncios de cremas adelgazantes en la tele por cable, a las tres de la madrugada.

Ahorrar no es un castigo. Ahorras porque te da tranquilidad saber que tienes una cantidad de dinero guardada para enfrentar una emergencia mañana. No te compras un seguro de gastos médicos por puro masoquismo. Lo haces para poder atender una enfermedad fuerte, en caso de que se presente (y recuerda que los seguros son una forma de ahorro).

Suena a buen propósito: cuidarte y quererte puede ser un premio. Este post es parte de un intercambio de consejos financieros, organizado por Sofía Macías, y por eso está dedicado a (e inspirado en) So, la autora de blogylana y consumada corredora. Pícale aquí  para que veas qué buenas ideas tiene.


No, no creas que te voy a hacer la misma promesa que muchos sitios de Internet. Eso no se puede, no se vale, no es correcto. Me refiero a una nueva oferta que está llegando a México: ya puedes invertir en fondos que prometen hacer la tarea por ti.
O sea que no tienes que preocuparte por cómo cerró la Bolsa Mexicana o la de Tailandia, tú sólo vas con un asesor, le das algo de dinero y le dices que lo necesitas para dentro de un año, dos o cinco, o los que sean. Son los fondos que tienen un determinado tiempo de maduración. Los de ING son los más claros, porque cada uno de esos fondos se llama como el año en que se supone que debes sacarlo. Normalmente sirven para el retiro, pero también te pueden servir para que metas ahí el dinero que vas a juntar para cuando tu hija cumpla 15 años, dentro de 10, o  para inscribir a tu hijo en la universidad dentro de 8 años.

Con estos fondos ya no tienes que andar buscando lo que se pone de moda o “el sabor del mes”, como le dice Roberto Cano, el director de Principal Financial. Por cierto que en Principal ofrecen fondos pero no por el tiempo de duración, sino por el riesgo. Así tú escoges entre un fondo conservador o uno muy arriesgado, según los rendimientos que quieras obtener en un plazo determinado.

Se supone que todo esto es para ahorrarte trabajo. Tú no eres corredor de Bolsa, así que no tienes por qué saber en qué acción invertir para conseguir buenos rendimientos. Según Kiyosaki, los ricos quieren ocultarte las oportunidades de ganar. Si le crees al autor de Padre rico, padre pobre, te vas a lanzar a especular con acciones. Pero lo que te dicen los más cautelosos es que tal vez sepas algo de inversiones pero no puedes saber mucho sobre una empresa en particular. “No podemos capacitar al cliente al vapor para que invierta en la Bolsa”, dice Ricardo Gómez Dena, director de sociedades de inversión de Banorte. Sería como pedirle a alguien que después de tomar un diplomado en medicina se operara solo.

¿Qué hacer? ¿Confiar ciegamente en que un asesor te dará un traje que te quede bien y te meta en el fondo adecuado? No confíes ciegamente, pero cuando menos es una buena manera de empezar a invertir.


Llevo gastados 80 pesos. ¡Y son las 8 y 10 de la mañana! Lo peor es que todos esos gastos son innecesarios.
Mira: Ya sé que tengo que pagar a la señora que trabaja en casa, en efectivo, todos los viernes. Aunque ya sabía, no pasé al Banamex desde el jueves, así que voy al Sanborns en la mañana (porque supongo que es más seguro que ir a un cajero en la calle). El olvido me costó 25 pesos, 5 para Inbursa y 20 para Banamex.
Como invertí ese tiempo en ir al cajero, no preparé nada para comer a mediodía. Está bien, compro un sándwich de Starbucks en 49 pesos.
No llega mi aventón. Le envío un mensaje (1 peso), me contesta (1 peso), le contesto (1 peso), y otras tres veces. Una sola llamada habría salido más barata… o gratis si lo incluyera entre mis números frecuentes.
Llego al trabajo y me doy cuenta que ahora me descontarán más por el impuesto sobre la renta. Podría abrir un plan de ahorro para el retiro y depositar 10% de mi sueldo y no pagar impuestos sobre ese dinero. Pero lo haré algún día.
A la mejor el dinero se te va porque gastas en tus caprichos. Pero… ¿No era para eso el dinero? Lo malo es cuando ni siquiera lo disfrutas. ¿Por qué privarte de un cafecito en la mañana y sí pagar 25 pesos por uso del cajero?
Mira lo que podría haber ahorrado con un poco de planeación.

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Sé cómo le puedes hacer para gastar 30% menos en ropa el año próximo. Y 10% menos en útiles escolares. ¿Ah, verdad? Ya no le demos más vueltas. Aquí está el calendario de lo que debes tomar en cuenta para hacer tu presupuesto.

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Muchas gracias a Gianco Abundiz, porque su nuevo libro (Saber gastar) me dio la idea del calendario.


Lo siento, no fui yo, fueron ellos. Pero en la sala de espera del consultorio me enteré que una pareja –ambos mayores de 60 años- estaba a punto de comprar un auto, y el proceso para tomar la decisión amenazaba con terminar con su largo matrimonio.
En pocas palabras, a él le parecía un gasto excesivo comprar un auto con bolsas de aire para la hija adolescente. A ella le parecía que sí él se daba a cada rato sus caprichitos, tenía que ceder y estar dispuesto a pagar el costo extra. Además ella le iba a pasar la camioneta y él, por supuesto, la iba a convertir en un almacén, como suele hacerlo con todos los autos.
La telenovela iba a escalando. Adivino que eran un matrimonio de mucho tiempo, por la forma tan contenida y como cansada de tantas batallas previas en que discutían. Él creía hablar de dinero. Ella creía hablar de seguridad.
El caso es que, aún cuando tienes una hija en edad de manejar un auto es probable que todavía no aprendas a hablar de dinero con tu pareja. Que los consejos para la comunicación los de un psicólogo. (Sonia Sánchez, Karla Bayly y Adina Chelminsky te pueden hablar de eso). Pero aquí hay algunos aprendizajes.
1.    Las bolsas de aire sí le añaden unos 15,000 o 20,000 pesos al precio del auto. Pero… Le pregunté a Eduardo Aragón, un reportero de autos, y me cuenta que, por experiencia propia, él no recomendaría ahorrar en eso. Si no te alcanza para las bolsas, mejor recorta en el aire acondicionado (alrededor de 10,000 pesos), en el MP3 (otros 3,000) o en los rines de aluminio.
2.    Pregúntate: ¿por qué tienes que ahorrar? Cuando conoces a tu pareja, ambos están felices de gastar 70 u 80 pesos en cada martini que se toman en un lugar de moda. Cuando se casan, una visita a la tienda departamental desata una batalla campal porque ella (o él) quiere “tirar” 13,000 pesos en un sillón nuevo para la sala, que podrían usarse para comprar 185 o 162 martinis, para seguir divirtiéndonos como antes. Suena obvio, pero a la hora de pensar en qué gastas, también necesitas pensar en qué etapa de la vida vas. Y sí, es probable que ya sea hora de que olvides los martinis, porque para tu pareja ya dejaron de ser prioritarios y divertidos. ¿Están alineados los objetivos de los dos? Para planear según tu momento de vida, tal vez te interese ver este sitio.
3.    Define cuánto riesgo estás dispuesto a asumir. El caso de las bolsas de aire es sólo uno de los muchos en los que tienes que decidir entre gastar un montón ahora o gastar después en pagar las consecuencias que tal vez se presenten o tal vez no.



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