Sofía Macías me invitó a presentar su libro en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Aquí te va el texto, se llama 10 razones para no leer al Pequeño cerdo capitalista. Espero que te convenza de lo contrario, o sea de que lo leas:


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1.    Es un libro de autoayuda. Te dice que tú puedes, te enseña el camino. Hay muchas personas que consideran que es una mala palabra, esa que empieza con A (o sea autoayuda). Porque ¿cómo un libro te va a hablar de tu vida y te va a enseñar algo útil? El chiste es que el libro sea algo aburridísimo, con larguísimas frases y largos párrafos, que digan cosas trascendentes y no que te ayuden a abrir los ojos a una realidad que se parece a la tuya. Pensándolo bien, ¿qué libro bueno no es también de autoayuda? Cuando lees que un ex militar se refugia en su taller a fabricar pecesitos de oro, ¿no se te desata algo dentro? Ese libro te enseña a entender tu historia y a verla de otra manera.
2.    Tiene fórmulas matemáticas. Más de uno dirá: “Yo por eso estudié filosofía, comunicación, psicología, letras… Para no tener que usar nunca una fórmula matemática”. Cuidado, una de esas fórmulas está precisamente en la página 141, no vaya a ser que se topen con ella por sorpresa. Hay un cuento de Julio Cortázar que dice que en un libro se encuentra una página en blanco y si alguien que lo lee llega a ella a las tres de la tarde, muere. Así que tomen sus precauciones antes de que esta fórmula se les abalance como si fuera estado de cuenta de la tarjeta. ¿y qué te explica? Cómo le afecta la inflación a tus ahorros. Si la entiendes y la aplicas, podrás saber qué inversiones te pueden convenir para tus metas. Si entiendes el concepto, aunque no quieras hacer la división, también te ayuda a escoger en dónde meter tu dinero. Así puedes saber si ese pagaré bancario te conviene para dejar tu dinero por los próximos tres años (como hacen muchos). Por cierto, yo les puedo decir algo desde ahora, con la ayuda de lo que se explica en el capítulo 6, de inversiones: No, no les conviene.
3.    No tiene suficientes fórmulas matemáticas. ¿No se supone que es un libro de finanzas personales? ¿Dónde está la regla del 72, la desviación estándar del rendimiento esperado en la Bolsa de Valores y la frontera de eficiencia de las inversiones? Hay blogs y libros que prometen hacerte millonario explicándote una serie de fórmulas matemáticas para que obtengas ganancias espectaculares en el Forex. Si le pierdes, cosa muy probable, es porque no entendiste las fórmulas del análisis técnico de los parámetros de la hipotenusa al cuadrado. En realidad, en el trasfondo del libro están las fórmulas. Por eso te ayuda a entender el proceso para escoger un seguro de vida o uno de gastos médicos sin sepultarte en cálculos.
4.    Te convertirá en un cerdo capitalista. Pero si a ti ni te interesa el dinero, ¿cómo creen que vas a ser una de esas personas materialistas? Además, ya ven, uno tiene su ideología, y siempre luchará por los desvalidos. Creo que se pueden despreocupar. Puedes enojarte con los bancos y las instituciones financieras que hacen malabares con el dinero de todos, que inventan y revientan burbujas cada vez con mayor frecuencia. Pero como estás tan enojado con esos capitalistas, optas por no entenderlos… y por seguir regalándoles el dinero. Como lo explica desde la introducción, tú pierdes dinero por seguir en una afore patito, por comprar en la tienda de pagos chiquitos que cobra muchito de intereses, por dejar dormido tu dinero en una cuenta de banco, en lugar de meterlo a un fondo de inversión que sí te de rendimientos, por desquitarte a punta de tarjetazos del mal humor de tu jefe. Cuando habla de inversiones, el libro recuerda que nos da por ningunear nuestro dinero. Espero no ofender sensibilidades, pero un terapeuta me decía que los cruzados católicos conquistaban tierras con un señor crucificado en sus escudos, para que vieran los enemigos que ellos también sufrían. Y ese sufrimiento terminamos por creerlo. Dice Paul Watzlawick que cuando no quiere hacer algo, un estadounidense dice que le duele la cabeza, mientras que un ruso logra que le duela la cabeza. Total que como hablamos de que uno tiene centavitos, que no es mucho, que mis mugres pesitos, no los tomamos en serio y no los ponemos a trabajar.
5.    No te dice que dejes de gastar en tus caprichos. Dice el libro: “Si nos proponemos reducir nuestros gastos 50% en un mes, viviendo a pan y agua y bañándonos con agua helada para ahorrar en gas, lo más seguro es que aguantemos una semana y después mandemos todo a volar”. La idea es que encuentres los hábitos que en realidad no te hacen tan feliz y que en cambio sí están erosionado tus ingresos. En el capítulo 3, hay una guía para hacer un presupuesto. Había escrito divertida, pero de plano lo tuve que borrar. No me van a creer que es divertido pensar en un presupuesto. Pero es una amiga explicándote. Y cuestionándote: hace cuánto que no vas al club y pagas las mensualidades, cuánto te cuesta esa comida mala de la fonda de la oficina y cuántos minutos más temprano tendrías que levantarte para llegar algo más agradable.
6.    Cuando hagan la película no habrá ningún hombre lobo lampiño que se quita la camisa. Pero sí trae otras buenas historias: la de la chica super guapa de minifalda que se va de compras cuando se deprime, la de la amiga que compra bolsas y la otra que invierte en la Bolsa (y que obtiene un beneficio más duradero que sumar una bolsa Coach más a su colección cada quincena a meses sin intereses), la del chavo que acompaña a sus amigos al centro comercial y compra de todo, la de las abuelitas que te dicen cómo prever para el futuro y la de los hermanos calamidad.
7.    Habla de cosas que le suceden a otros. Los demás se enferman, pierden el trabajo, yo no. ¿A mí de qué me sirve cómo calcular cuánto necesito meterle a mi fondo de emergencia? Que ellos vean en dónde se puede depositar ese dinero para conservar su valor.
8.    No culpa a los bancos. No puedo creerlo, pero el capítulo 5 dice que tu deuda no es culpa del banco. Alguien le escribió a Sofía a su blog: ¿para qué me dieron ese límite de crédito si me lo iban a cobrar? No es por ahí. La verdad es que los bancos en México sí actúan muchas veces como si estuvieran manejados por esos viejitos flaquitos  que salen en  la película de Mary Poppins: tacaños con el último centavo, mismo que quieren tener sepultado en el fondo de una poderosa caja fuerte. Pero también es la verdad que los dejamos. Dice Sofía: “Mientras la gente esté convencida de que es una víctima y le cargue el santito de su endeudamiento a alguien más, jamás de los jamases saldrá de su deudora”. En ese capítulo 5 te explica que el crédito no es un aumento de sueldo, te revela que los bancos no son Santa Claus ni una extensión de las Carmelitas descalzas, así que si tú lo crees ya será tu culpa a cuánto llegue tu deuda.
9.    Te confronta con creencias que te tienen atorado. Estamos en un cambio de generación: todavía hay que cuestionar a los papás que creen que sólo los bienes raíces valen y que tienen que morir en ellas, así sea de hambre, con tal de conservar el bien para sus hijitos. Te da temas para que hables de dinero con tus papás, y eso es peor que preguntarles en qué estaban pensando cuando se les ocurrió tener a tu hermanito.
10.    Se acaba muy pronto. Dicen los escritores que no es precisamente un halago que les digan que alguien terminó su libro de una sentada, después de que ellos le invirtieron meses o años a escribirlo. Pero éste también es el caso. Quieres saber qué pasa con las historias, qué mas revelaciones te hará de ti mismo, y entonces no puedes dejar de pasar las páginas hasta que te topas con el oink final. Ni modo, lo tendrás que dejar de libro de consulta.

Si quieres ver el blog del Pequeño Cerdo Capitalista, pícale aquí.


Ya está lista la nueva edición de la revista Dinero Inteligente, con el tema de cómo sobrevivir a los errores financieros. Aquí te van 5 ejemplos de errores, como los contamos en W Radio.
1.    Llegar a los 40 sin tener algo de ahorro para el retiro. Antes de los 40 años, te endeudas para muchas cosas: para comprar el auto, para comprar una casa. Y eso está justificado. Sin crédito no podrías alcanzar muchos objetivos. Pero con los 40 empieza la década de la acumulación, como nos han explicado muchos banqueros de inversión. Ahí sí tienes que detenerte y destinar una parte de tu ingreso al ahorro, si es que no lo has hecho antes. Se supone que cuando te jubiles, a los 65 años, deberás tener recursos para pagar 20 años sin trabajar. Según Charles Farrel, un autor estadounidense, para los 40 años sería bueno que ya hubiera acumulado el equivalente a 2 años de tu ingreso. Eso no quiere decir que debas tenerlo todo en dinero en efectivo, al contrario, también cuenta lo que cueste tu casa y otras posesiones.
2.    Desconocer por qué compras. Está bien comprar, pero puede ser que sufras el mal del comprador compulsivo. ¿Te ha sucedido? Puede ser que tus compras se hayan convertido en una adicción. Haz un rápido test:
a)    ¿Tienes más de tres pares de zapatos nuevecitos con las mismas características?
b)    ¿Compras cuando tienes un ataque de ansiedad?
c)    Ya tienes una rutina establecida para ir de compras. Por ejemplo, que te peleas con tu pareja y al día siguiente te desquitas con la tarjeta.

Es probable que tengas ese mal del comprador compulsivo. Y entonces no estás comprando porque necesitas o quieres realmente algo, sino por una razón diferente. La buena noticia es que esa conducta se puede cambiar.

3.    Dar el tarjetazo para enfrentar una emergencia. Aunque te parezcan muy caros ahora, los seguros de gastos médicos te sirven para enfrentar costos que de otra manera podrían desbaratar todos tus planes y acabar con tu patrimonio.
4.    No hablar de dinero con la pareja. Tú puedes tener tus planes muy bien acomodados, para el retiro, para formar tu patrimonio, pero en realidad el dinero pertenece a la familia. Alguien nos ha confesado que, en efecto, no hablar de dinero lo llevó al divorcio. No nos pongamos extremosos, pero ese silencio puede generar problemas.
5.    Convertirte en un tacaño. Y aquí te va otro test rápido:
a)    Cada vez que gastas, sientes que no deberías despilfarrar el dinero.
b)    Cuando ves una pantalla plana de televisión en la tienda, piensas que con lo que gastarías en ella podrías pagar un viaje ida y vuelta a Nueva York.
c)    Cuando llega el momento de ir de vacaciones piensas que como ya no te compraste la pantalla plana, ni fuiste a Nueva York, mejor te quedas en la empresa a trabajar más para que te aumenten el sueldo.
Si contestaste que sí a todas las preguntas anteriores, no pienses que estamos buscando un editor para dinero inteligente. Considera que podrías estar en una situación de gastorexia, algo así como lo que sufren los anoréxicos o los vigoréxicos, que se obsesionan por comer o hacer ejercicio. Controlas demasiado tus gastos porque en realidad no te has fijado las metas. No sabes muy bien para qué deberías ahorrar, entonces de plano no gastas. Mejor escribir con un lápiz y papel cuáles son tus metas. Si ya ahorras para el retiro, ya estás armando un fondo de emergencia, date un permiso,


Lo siento, no fui yo, fueron ellos. Pero en la sala de espera del consultorio me enteré que una pareja –ambos mayores de 60 años- estaba a punto de comprar un auto, y el proceso para tomar la decisión amenazaba con terminar con su largo matrimonio.
En pocas palabras, a él le parecía un gasto excesivo comprar un auto con bolsas de aire para la hija adolescente. A ella le parecía que sí él se daba a cada rato sus caprichitos, tenía que ceder y estar dispuesto a pagar el costo extra. Además ella le iba a pasar la camioneta y él, por supuesto, la iba a convertir en un almacén, como suele hacerlo con todos los autos.
La telenovela iba a escalando. Adivino que eran un matrimonio de mucho tiempo, por la forma tan contenida y como cansada de tantas batallas previas en que discutían. Él creía hablar de dinero. Ella creía hablar de seguridad.
El caso es que, aún cuando tienes una hija en edad de manejar un auto es probable que todavía no aprendas a hablar de dinero con tu pareja. Que los consejos para la comunicación los de un psicólogo. (Sonia Sánchez, Karla Bayly y Adina Chelminsky te pueden hablar de eso). Pero aquí hay algunos aprendizajes.
1.    Las bolsas de aire sí le añaden unos 15,000 o 20,000 pesos al precio del auto. Pero… Le pregunté a Eduardo Aragón, un reportero de autos, y me cuenta que, por experiencia propia, él no recomendaría ahorrar en eso. Si no te alcanza para las bolsas, mejor recorta en el aire acondicionado (alrededor de 10,000 pesos), en el MP3 (otros 3,000) o en los rines de aluminio.
2.    Pregúntate: ¿por qué tienes que ahorrar? Cuando conoces a tu pareja, ambos están felices de gastar 70 u 80 pesos en cada martini que se toman en un lugar de moda. Cuando se casan, una visita a la tienda departamental desata una batalla campal porque ella (o él) quiere “tirar” 13,000 pesos en un sillón nuevo para la sala, que podrían usarse para comprar 185 o 162 martinis, para seguir divirtiéndonos como antes. Suena obvio, pero a la hora de pensar en qué gastas, también necesitas pensar en qué etapa de la vida vas. Y sí, es probable que ya sea hora de que olvides los martinis, porque para tu pareja ya dejaron de ser prioritarios y divertidos. ¿Están alineados los objetivos de los dos? Para planear según tu momento de vida, tal vez te interese ver este sitio.
3.    Define cuánto riesgo estás dispuesto a asumir. El caso de las bolsas de aire es sólo uno de los muchos en los que tienes que decidir entre gastar un montón ahora o gastar después en pagar las consecuencias que tal vez se presenten o tal vez no.


Tú crees que entre tu pareja y tú no hay secretos, pero ella/él está en este momento comiendo en un restaurante, con una cuenta de 700 pesos y tú crees que ya sólo tenían 100 pesos para completar la quincena.

Cuánto sabes de tu pareja y de ti. Ellos se atrevieron a jugar, en la revista Dinero Inteligente

Cuánto sabes de tu pareja y de ti. Ellos se atrevieron a jugar, en la revista Dinero Inteligente


O, y ojalá que sea el caso, tú crees que no tendrán para pagar la colegiatura de los niños el próximo mes y ella te sale con que tiene guardado el dinero necesario.

Te propongo un juego para que la conozcas mejor. Imprime dos copias del siguiente cuestionario. Váyase cada uno a un cuarto diferente y llénenla. Después comparen respuestas. Tal vez te sirva saber cómo se está comportando tu pareja con el dinero, a la mejor pueden juntar sus ahorros y encontrar buenas inversiones, con menores comisiones y mayores rendimientos y, como premio adicional, tal vez puedan recortar gastos y ahorrar entre los dos para llegar a metas interesantes.
Va el cuestionario.

1. ¿Cuánto gastaron en las últimas vacaciones?
2. ¿Cuánto pagan por la vivienda al mes?
3. ¿Cuánto ahorran entre los dos al mes?
4. ¿Para qué ahorran?
5. ¿Cuánto están ahorrando para la escuela de los hijos?
6. ¿Cuál será el próximo gasto importante que deberán enfrentar?
7. ¿En qué inviertes?
8. A tu pareja ¿le gustaría invertir en Bolsa?
9. ¿Te gustaría invertir en Bolsa?
10. ¿Qué coche quiere tu pareja?
11. ¿Qué coche quieres?
12. ¿Cuánto gasta tu pareja en restaurantes al mes?
13. ¿Cuánto gastas en restaurantes al mes?
14. ¿Qué capricho te gustaría comprar este mes?
15. ¿Qué capricho le gustaría comprar a tu pareja este mes?

Si ya llenaste el cuestionario, y una vez que se calme la tormenta (si la hay), a la mejor aprendista algo de tu pareja… y de ti mismo. ¿Te gustaría compartir tu experiencia? ¿por qué no me la platicas?


¿Te acuerdas de los tres cochinitos? El más pequeño de los tres, el cochinito lindo y cortés, ahorraba y ahorraba para ayudar a su familia. Cuando crecieron todos, los dos primeros se dedicaron a llevar la buena vida y el más pequeño –tan sacrificado- juntó un buen fondo de emergencia para que él y su esposa pudieran mantener su nivel de vida aunque perdieran el empleo. También ha ahorrado para tener un buen fondo para su retiro.
Pero resulta que a la cochinita madre le dio una enfermedad que requiere atención en terapia intensiva, días de a 50,000 pesos cada uno en el hospital privado. Los dos cochinitos mayores no tienen dinero, porque han estado aprovechando las ofertas de viajes por Nueva York y Washington y comprando, en las irresistibles rebajas de 70%, cosas que no sabían que necesitaban. Total que su tarjeta está hasta el tope, al igual que sus pancitas, porque cuando fueron a Estados Unidos comieron 500 pancakes nomás para ellos tan sólo en el desayuno.
Ellos tienen la obligación de pagar sus tarjetas, que les sirvieron para pasársela bomba, y los gastos del hospital correrán a cargo del cochinito que desde pequeño trabajaba para ayudar a su mamá. Así que tendrá que echar mano de los ahorros que él esperaba disfrutar en su retiro, y tendrá que sacarlos justo ahora, cuando las acciones de su portafolio están super vapuleadas, porque vino una jauría de lobos feroces a soplarle a todo el sistema financiero. Por supuesto que no es justo.

Y por eso los tres cochinitos deben sentarse a platicar, ahora que su mamá está sana, a definir cuáles serían sus responsabilidades en caso de que enfermara. No se vale que los cochinitos conchudos le pasen toda la cuenta al trabajador, pero que no nos venga el trabajador a hacerse la víctima. Él tiene que dejar claro que él se está partiendo el lomito para conseguir sus objetivos, y determinar hasta dónde llega su responsabilidad. Es hora de que los dos flojos reduzcan sus gastos y, junto con el pesado del presumido pequeño, vayan a buscar un buen seguro de gastos médicos y, entre todos, hagan sus previsiones para cuidar la salud de toda la familia. (Y para proteger las inversiones del pequeño cerdo capitalista, si se vale tomar el nombre del blog de Sofía Macías)


Por alguna razón, a los mexicanos nos obsesiona la cotización del dólar. Puedo entender que nos interese, pero no que muchos se crean capaces de predecir cuándo subirá o bajará el dólar y por tanto de saber cuándo comprar o vender divisas.
No es que no sea negocio estar cascándole a la cotización del dólar. Si el señor de la bola de cristal compró 10,000 pesos en dólares el 12 de septiembre del año pasado y vendió esos 952 dólares en su momento más alto, en marzo de 2009, habrá ganado un 45%. Es decir, logró que sus 10,000 pesos se convirtieran en 14,580, sólo por cambiarlos a dólares y volverlos a cambiar a pesos.
La pregunta es: ¿quién es el señor de la bola de cristal? En lugar de obsesionarte con el dólar, podrías fijarte en  cuánto gastas. Si hubieras ido al super el domigno antepasado, te habrías dado cuenta de que el kilo de jitomates, feos y maltratados, estaba en más de 20 pesos. Pero este domingo el kilo de jitomates, frescos y firmes, estaba en 10 pesos. Una baja de precio de 50% en una semana.

¿Cómo habrías de saber cuánto te puedes ahorrar en cosas de todos los días? Si eres conciente de lo que gastas. Y, lo mejor, que podrías adivinar cuándo bajarían los precios de algunos artículos, porque responden a cuestiones estacionales. Y así que sabrías cuándo comprar algo que sí te afecta directamente en tu presupuesto.


1. El gobierno está ansioso de regresarte dinero de tus impuestos. Ansioso, lo que se dice ansioso, tal vez no, pero tú puedes conseguir que te regresen un dinerito si todavía no presentas tu declaración anual.
Te tengo el truco: Guardas un dinero durante cinco o más años y sólo pagas los impuestos cuando lo saques. Es como esconderle a Hacienda esos recursos durante ese periodo. Tienes que abrir una cuenta en una aseguradora o en una distribuidora de fondos, mediante el esquema del artículo 218 de la ley del impuesto sobre la renta. Así que si necesitas un respiro este año, ésa es una buena oportunidad. Corre a abrir la cuenta porque hay que hacerlo antes de presentar la declaración anual. La ventaja es que este año se amplió el plazo para presentarla hasta fines de este mes
Como me explica Maru Castillo, encargada de este tipo de productos en Skandia, esta medida es “una tabla de salvación”, porque si esperabas pagar muchos impuestos este año, le puedes bajar un poco y sacar el dinero cuando no estés tan presionado por el fisco.
2. ¿Ya viste cuánto dejaste de gastar por quedarte en casa la semana pasada, por la alerta sanitaria? Gasolina o transporte público: 80 pesos, comida en la fonda de la esquina: 120 pesos (30 pesos diarios por 4 días), comida de viernes con los cuates: 200 pesos, cafecito: 50 pesos. No te digo que te vuelvas un ermitaño. Hasta eso que no es tan malo ver a los compañeros de trabajo todos los días y salir a comer a un restaurantito de vez en cuando. Lo que es importante es que te vuelvas conciente de esos gastos, que los registres y veas si de verdad todos los pesos desembolsados han sido bien empleados. O si tal vez puedes encontrar otros buenos usos para tu dinero.
3. ¿Quieres aprender a llevarte mejor con tu dinero? Hay unos cursos en la Universidad Iberoamericana, la Unam y el Tecnológico de Monterrey, que imparte Juan José Salas, un profesor joven y ameno. Yo ya fui a uno y se me hizo divertido pasar algunas horas del fin de semana en un campus universitario, conocer gente nueva que además te ayuda a entender cómo te llevas con tu dinero y cómo mejorar esa relación. El más próximo es el 29 de mayo en Unam Acatlán. Luego sigue en la Ibero, el 19 de junio. Pícale aquí para ver datos. En julio, agosto y octubre en el Tec.



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