Iba a contarte que mi banco no me quiere y que no me ruega para que me quede con él. Pero me parece que esas historias de quejas siempre resultan aburridas para quien no las vive.
¿Te ha tocado escuchar las quejas de los viajeros de avión? Se supone que la humanidad entera deberíamos entenderlos porque en la clase mega ejecutiva de la línea aérea de nombre impronunciable no los atendieron bien en ese terrible viaje en el que tuvieron que estar encerrados durante 12 horas, porque iban a Florencia. La verdad, nunca he entendido por qué debería sentir pena por quienes tienen que aguantarse unas horas en un avión con tal de ir a… ¡la Galería de los Oficios!
En fin, que algo parecido debe suceder con las quejas contra los bancos. Uno sólo aguanta las propias. El caso en que en mi banco no me quieren regresar el dinero de unos cargos no reconocidos. Hablo con cinco asesores diferentes por teléfono. Como no funciona, saco la charola de periodista y busco a la gente de relación con medios.
Por cierto que alguna vez me comentaron que en ese banco tienen una ventanilla especializada en atender a los periodistas. ¿Es que estamos tan ocupados que debemos recibir atención especial? El resultado no deseado de esa ventanilla especializada es que los periodistas obtienen un trato especial y se quedan tan contentos con el banco que se olvidan de hacer un reportaje de cómo las instituciones financieras no atienden digamos que muy bien a sus clientes.
Hacía un tiempo había escuchado que los bancos tienen un Ombudsman, o defensor del cliente, que oficialmente es el encargado de la Unidad Especializada de Atención a Usuarios. Pedí a los de prensa de mi banco que me pusiera en contacto con su Ombudsman, quien me atendió amablemente, se interesó por mi caso, intercambiamos correos y llamadas telefónicas… y no me resolvió nada. Pero tal vez aquí debería reconocer mi culpa: Hubo un cargo no reconocido y lo reporté, pero no cancelé la tarjeta, de manera que después hubo nuevos cargos no reconocidos. La parte de culpa del banco es que su representante por teléfono no sugirió que cancelara la tarjeta. (y que me cobró después la reposición de la tarjeta).
A la mejor a ti sí te atiende el defensor del cliente de tu banco. Si quieres saber cómo ponerte en contacto, pícale aquí para que veas el directorio de los defensores de todos los bancos.

Como no me resolvieron, indignado me dije que me cambiaría de banco. Entré al sitio de Internet de uno muy famoso y no sirvió. Llamé a sus teléfonos de atención a clientes y me atendió alguien que no conocía la “O” por lo redondo. ¿Debería cambiarme de banco para seguir recibiendo atención mediocre?
La gran lección aquí es que no hay que pedirle peras al banco. Que maneje tu dinero de la nómina, pero que al principio de la quincena, saques los recursos, todos, para pagar tus gastos, para ponerlos en una cuenta de ahorro (en algún fondo de inversión o en cetesdirecto) y para destinarlos al ahorro de largo plazo. ¿Qué hace ese dinero mosqueándose en el banco? Mejor busquemos qué otras instituciones dan mejores servicios que el banco. Es difícil esperar que semejantes instituciones se den cuenta siquiera de que un cliente se cambia de proveedor. Ya tengo tarea para mi próximo blog.


¿Cómo iba eso de que cuidas los centavos y descuidas los pesos? No recuerdo cómo decía mi abuela, pero el caso es que cuando empezamos con preguntas por los detalles es porque no queremos enfrentar un asunto en serio (supongo que eso diría mi terapeuta).

¿No te ha pasado que alguien que no ha caminado media cuadra en todo el último mes te empieza a preguntar cuántas calorías debería quemar si empieza a correr?

En fin, aquí van cinco preguntas que me parece que son más un pretexto para no actuar que curiosidad real.

1.    ¿Cuándo me conviene comprar dólares? A ver, señor director de La Gran Empresa Multinacional. ¿De verdad cree que debe preocuparse por el tipo de cambio para cambiar esos 5,000 pesos a billetes verdes porque planea viajar a Estados Unidos a fin de mes? En ese caso debería contratar un equipo de analistas, para que le puedan decir a cómo estará el dólar dentro de dos semanas. Porque si en lugar de estar en 11.68, sube a 11.7, en lugar de obtener 428 dólares, tendrá 427.3. Esta pregunta viene de aquellos oscuros tiempos en los que el Presidente superpoderoso se encerraba en Los Pinos junto con unos cuantos cuates y fijaba, de preferencia en una noche de viernes, a cuánto quería que amaneciera el peso (y luego se devaluaba más). Tampoco en aquel entonces valía mucho adivinar, por cierto. Y la respuesta: cómpralos cuando los necesitas.

2.     ¿Compro acciones de la empresa de moda? Otra vez a buscar las artes de adivinador. Para comprar acciones de una empresa en particular necesitas hacer algo de análisis. Le llaman análisis fundamental cuando ves cómo le ha ido a la empresa, qué posibilidades tiene de obtener ganancias y de ganar mercado, lo que se traducirá en aumento de precio de sus acciones. Y análisis técnico a ver cómo le ha ido al precio de la acción. Eso te lleva un buen tiempo y conocimiento, que podrías sustituir si diversificaras tu inversión. En lugar de apostarle a una acción en particular, podrías entrarle a un fondo de inversión, que ya tiene papeles de diferentes empresas, incluidas acciones y deuda.

3.    ¿Cuál es el mejor banco? La respuesta rápida: el que te quede más cerca y tenga más cajeros propios por donde tú andas (así te evitas comisiones). El error está en compararlos todos con demasiados detalles. Mejor exígeles que te atiendan bien. Ahí sí, si no lo hacen, te vas con tu dinero a otra parte. Pero recuérdales que cuesta más ganar un cliente nuevo que conservar a uno tan bueno como tú.

4.    ¿Me cambio de afore? Si de plano estás en la peor en materia de rendimientos, hazlo ya, pero andar brincando de una a otra, tampoco es que te de mucho a ganar, a pesar de lo que alguna vez ha dicho Tapen Sinha, un experto en retiro del Itam. Si tan sólo levantaras el teléfono o fueras a la oficina, podrías conseguir mejor servicio y más información sobre cómo ahorrar extra. El problema es que no lo exigimos. A ellos les da lo mismo si te cambias, pero sí sentirán la presión de que busques que te atiendan.  (si quieres comparar rendimientos, pícale aquí).

5.    ¿Me tomo o no el cafecito diario? Cuando hablé de este tema con Carlos Puig en W Radio, él comentaba que la última de las razones por las que deja de fumar fue por lo que gastaba al día. Castigarte o vivir con culpas no funciona. Si te vas a privar de algo, lo querrás compensar con otra cosa. Los economistas del comportamiento dirían que hagas un plan, te traces una meta y definas cuánto necesitas para alcanzarla. Si para ello, se requiere dejar de tomar el café, cuando menos tienes un incentivo para cambiar de hábito.


Ni siquiera las chicas bien portadas (financieramente) van al cielo de los ricos. Resulta que una de las mujeres más disciplinadas que conozco decidió meter una buena parte de sus ahorros en un fondo de inversión a finales de 2007 y ahora jura que nunca más volverá a meterse en estas cochinadas financieras, que dan muchísimo menos que una inversión en bienes raíces, o que en un mugroso pagaré bancario (así dice ella).

Tiene algo de razón. Su inversión se ha hecho casi polvo en lo que lleva metida en ella. En 2007 metió 100,000 pesos (por decir una cantidad) y ahora ese dinero está en 62,700, una pérdida de ¡37%! Así, ¿quién va a querer meterse a inversiones financieras alguna vez? Que yo sepa, ninguna casa (fuera de Valle Dorado) pierde tan súbitamente su valor. La inversión fue en un fondo de Santander que compra acciones de empresas mexicanas, y el encargado de ese fondo salía siempre en las fotos como uno de los mejores manejadores de inversión del país y, si se apuraban, de América Latina. Mejor ni le digo a esta chica que ese señor ha sido tan premiado, porque querrá correr a golpearlo.

Ella también está muy enojada con la distribuidora de fondos que le vendió esa inversión. El asesor que la atendió al principio ya se fue. El que le siguió, también. Total que no hubo nadie en todo 2008 y 2009 para decirle que hiciera algo más que adoptar la defensa del conejo, o sea quedarse paralizado a la mitad de la carretera o frente a la serpiente.

Sí, cuando vienen las bajas en la Bolsa de Valores siempre te dicen que mejor te quedes ahí y que recuerdes que la inversión es de largo plazo. Pero si ves que las cosas empeoran y empeoran. ¿No deberían los asesores darle permiso a sus clientes de que saquen un poquito de dinero? Por cierto, si esta chica hubiera hecho esto, podría haberse recuperado un poco. Mira cómo podía haberle hecho: Cuando ella entró al fondo, cada título del mismo valía 51 pesos. Ahora vale 32. Ahí está la pérdida de 37%. Pero en abril de este año llegó a valer 22 y en septiembre llegó a 32. Si ella hubiera vuelto a entrar a ese fondo, con unos 10,000 pesos más, para ahora, esos 10,000 pesos se habrían convertido en 14,500. Una ganancia de ¡45%! En cinco meses. Que yo sepa, ninguna casa (ni siquiera en Londres) se aprecia tan rápidamente.

Pero decía mi psicoanalista que el “hubiera” es el futuro pluscuamperfecto del verbo “me equivoqué” (bueno, él lo decía con una expresión más escatológica). Es culpa del asesor por no haberla buscado para decirle que los mercados habían bajado muchísimo y que era mejor volver a entrar –en lugar de quedarse simplemente congelada- para cosechar algo del rebote. Es culpa del asesor, porque esta chica no querrá volver a hacer negocios con esa distribuidora de fondos (ni siquiera después de leer este blog). Pero ¿cuánta es nuestra culpa, como inversionistas, por no estar preguntando?

Ya sabemos que no todo está perdido, que la inversión de mi amiga algún día recuperará el nivel, pero la moraleja es que no debemos esperar sentados. No podemos estar demasiado ocupados en cosas más importantes que nuestro dinero como para no atenderlo. Porque ¿qué es más importante que nuestro dinero, aparte del amor?


Dale con el rescate del plan de ahorro escolar. Josefina Vázquez Mota, cuando era secretaria de Educación Pública, lo anunciaba cada vez que se reunía con los banqueros y ahora ya agarró la costumbre también Alonso Lujambio, su sucesor en la SEP.

Y los dos salen con la misma referencia nostálgica a aquellas estampitas que les daban en la escuela. ¿De qué se trata? ¿De revivir nuestros recuerdos o de generarles cultura financiera a los niños? Porque cada vez que se acuerdan de que existía aquel programa dicen que no funcionó porque la inflación erosionó el precio del dinero ahorrado.

¿Y ahora por qué no habrían de erosionarse los ahorros? Porque en aquellos entonces había inflaciones altísimas, como de 100% y ahora la inflación es baja. Mmmh. OK, si la inflación altísima era de 100% y el rendimiento del dinero guardado en el banco era de 90%, claro que estaban perdiendo. Y si ahora la inflación es de 5% y el rendimiento del banco es de 4%… ¿qué pasa? ¡Ah! También la inflación erosiona el valor del ahorro.

Parece que la gran novedad de este plan es que  en lugar de estampitas habrá hologramas o una tarjetita muy bonita. Ya lo había escrito antes, el plan me recuerda aquella escena de Mary Poppins en que los banqueros persiguen a los niños para quedarse con el dinero que ellos quieren darle a la señora de las palomas.

Claro, ese romántico mensaje viene de Disney, que no tenía que perseguir a los niños para quedarse con su dinero (en aquel entonces, nuestro dinero). La cosa es que deberíamos encontrar otra fórmula para la educación financiera, que sí, haga a los niños entender que los bancos son necesarios, pero que nos dé a todos (los niños y los grandes) el mensaje de que el buen manejo del dinero no se trata de sacrificarse para que la banca cobre comisiones y nos regrese ahorros devaluados, sino de juntar dinero para cosas más útiles que la satisfacción instantánea. Que el ahorro y la inversión implican también que sepamos planear para el futuro y entender en dónde guardamos nuestro dinero.

Nos urge que seamos un país que entienda de mejores maneras de guardar el dinero que la libretita de ahorro, ya sea con estampitas o con hologramas.



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