Gerard Depardieu está por cumplir 64 años y no sé cuántos kilos más que cuando era un galán en películas de los 80. En la película “Mis tardes con Margueritte” representa a Germain, un dulce campesino, obeso y semianalfabeta, que se la pasa recordando su infancia difícil: Creció a manos de una madre inexperta que se encargaba, junto con profesores ineptos, de convertirlo en un bueno para nada.
Habrá quien crea que todo lo malo de este dulce personaje –que es gordo, que no sabe leer, que no se anima a tener hijos, que esto y que lo otro– se debe al maltrato y los regaños de su madre. Y en cambio que todo lo bueno se lo forjó el mismo: que es buen amigo, que es inocente, que es curioso y trabajador. ¿Ya mencioné que es dulce?

Atención: te voy a contar la película. Es tan lacrimógena que de todos modos llorarás cuando la veas, pero tengo que decirte un poco de qué se trata para relacionarla con el cuidado del dinero.
El caso es que Germain ahora se encarga de su madre regañona. Y en las tardes sale a pasear al parque, donde ya les puso nombre a todas las palomas. ¡Ay, qué dulce! Y entonces conoce a una dulce ancianita, que no tuvo hijos, médica heroica que trabajó en la maravillosa Organización Mundial de la Salud y que es culta y encantadora. Margueritte lo interesa por Camus y otros grandes escritores y le roba el corazón.
Esta acomodada mujer vive en una residencia para ancianos, pagada en parte por su sobrino. Por lo visto, trabajar en organizaciones altruistas no da una pensión suficiente para pagar esa residencia, porque cuando el sobrino deja de aportar, ella tiene que mudarse a un triste asilo casi tan feo como uno que vi en la Colonia Moderna de Guadalajara, donde los ancianos están ya no atendidos sino archivados.
Con un gran sentido de la oportunidad, la madre deja vacía la casa y Germain puede invitar a la hermosa ancianita a vivir con él. Tan tan. Todos felices.
En la vida real, las madres regañonas también pueden ser dulces ancianitas y viceversa. Es cuestión de aprender a entender a la gente. Y más vale, porque no hay un gran mercado para intercambiarlas.
Si andas por los 40 o los 50 años, de alguna manera tendrás que atender a parientes más grandes que tú.
La Cepal acaba de publicar un estudio sobre la atención a personas dependientes. Se considera que en América Latina, la carga cae demasiado sobre las mujeres –en general, no son hombres los que se encargan de los viejos, de los niños o de los incapacitados- y que al estado le falta esforzarse más por ayudar.
Dice el documento de la Cepal que, en general, en los países latinoamericanos, hay políticas para cuidar a los recién nacidos y, en menor medida, a los infantes, pero “nada se establece acerca del cuidado de los adultos y adultas mayores”. Casi siempre se asume que el cuidado de niños, ancianos y enfermos le toca a las mujeres, porque los modelos consideraban que los hogares estaban formados por “hombres proveedores” y mujeres “amas de casa” (como que si eso hubiera existido alguna vez, fuera de la serie Mad Men). Si quieres leer más de ese estudio pícale aquí.
Eso se asume, pero las cosas van cambiando. El estado tendrá que hacer algo, pero nosotros también. Habrá que incluir en los cálculos del destino de tu dinero –y de tu tiempo– la atención a los adultos mayores cercanos a tu corazón. ¿Tú ya lo consideraste?


Ésta es parte de una serie de blogs del clan financiero para hablar de cine y dinero. El blog que sigue de éste es el de So, de BlogyLana, que nos dice cuándo la falta de dinero nos puede llevar a desnudarnos.

1. Te engaño con el dinero. No, nunca la engañó con otra. La infidelidad era demasiado para los estudios que produjeron la película en aquella época y no iban a poner al galán Cary Grant en el papel de un adúltero. Aún así, en Suspicion (Sospecha), el personaje de Gary Grant engaña a su esposa… porque se gasta su dinero en las apuestas y se endeuda, sin avisarle. Esta doble vida lo vuelve sospechoso de querer asesinarla. La esposa, representada por Joan Fontaine, y nosotros los espectadores estamos todo el tiempo temerosos de que quiera matarla para quedarse con su dinero y así seguir con la vida disipada. ¿Estás en una situación así? ¿De verdad sabes en qué se está gastando el dinero tu pareja? ¿Comparten las metas? Si no, cuidado. Porque la próxima vez que te suba un vaso de leche estarás temeroso de que lo que en realidad busca es deshacerte de ti, para poder usar sin freno la tarjeta de crédito.

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2. El dinero es mágico. Otra película viejita. ¿Qué pasa cuando de pronto se van tus papás de casa y estás en condiciones de gastar el dinero? Que habrá que encontrar la manera de hacer negocio para volver a gastar. Es lo que descubre Tom Cruise en Risky Business. ¿Qué tan terrorífico puede ser esperar a que regresen los padres y se enteren de que hay que sacar el Porsche del Lago Michigan?

 

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3. Y ahora ¿en qué gasto? En la mayoría de las películas de Woody Allen, el dinero no es el problema. Los personajes siempre se juntan a comer en restaurantes lujosos, visten a la última moda que se permite un demócrata estadounidense (nada escandaloso, pues) y pasean por Nueva York, París o Londres sin más preocupaciones fuera del matrimonio, la fidelidad, la inmortalidad y el arte. Pero en “Conocerás al hombre de tus sueños” (You Will Meet a Tall, Dark Stranger”), el personaje de Anthony Hopkins descubre que por más que se gaste el dinero de su vejez, la satisfacción no es la que esperaba, porque tiene que aceptar la terrible realidad de que a cierta edad ya no se pueden disfrutar los placeres de la juventud. ¿Le llegó el moralismo a Woody Allen? No. Descubre con tristeza que en cierto momento llega una barrera física que nos impide seguir gastando en lo que antes nos hacía felices.

 

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El manual de Carreño se quedaría tonto  con Internet. Tal vez ya no encuentres esos consejos que ahora nos suenan tan absurdos, como eso de que debes cubrirte del cuello hasta el tobillo aún (y sobre todo) si estás solo ante los ojos de Dios, pero Internet se ha convertido  en un manual de reglas de etiqueta, que por estar en una computadora suenan como inmutables y obligatorias.
¿Cuánto debo gastar en un anillo de compromiso? Le das una búsqueda en Google y sale la respuesta contundente: “tres meses de sueldo”. ¿Cuánto en regalos de Navidad? “El 1% de tu ingreso”; ¿quién debe pagar, el hombre o la mujer? ¿cuánto gastar en la primera cita? ¿De cuánto debe ser el regalo en una boda? (dicen que el equivalente a lo que costará el platillo que te servirán en la comida).
O sea que por unas reglas de etiqueta que quién sabe quién inventó, tú ya no puedes destinar más recursos a tu retiro (porque tres meses de sueldo ya se fueron al dedo de tu pareja), ni hablar de dinero con tu pareja ni definir a quién sí y por qué le vas a dar regalos de Navidad.
Tal vez sea momento de que inventes tus propias reglas, porque tú tienes tus prioridades. Y sólo tú (junto con tu pareja o quien tu quieras) lo pueden definir.

Aunque en el tema de los regalos de navidad, tal vez alguien ya encontró un fundamento. Desde el año pasado se publicó que Joel Waldfogel encontró que dar regalos de Navidad no tiene sentido económico. Según su teoría, si yo gasto 100 dólares en mí mismo, obtengo 100 dólares de satisfacción, pero si alguien hace la compra por mí, intentando adivinar mis gustos, sólo me dará la satisfacción equivalente a 80 dólares. Pícale aquí para leer más.
Por lo pronto, si insistes en dar regalos de Navidad, aquí hay una calculadora que te puede ayudar a hacer el presupuesto.


_calc_boot("www.practicalmoneyskills.com/calculators/www/calcs", "gift-log");


Mi hermano tiene 50 años. Dicen que ya no debería invertir mucho en la Bolsa de Valores.

Se supone que hay una regla para saber qué porcentaje de tus ahorros debes invertir en acciones: Réstale tu edad a 100. O sea que si tienes 50 años, el máximo en la Bolsa debería ser 50%.
Pero su hijo mayor tiene 3 años. Si el dinero fuera de él, entonces podría invertir 97% de sus ahorros en la Bolsa. Pero mi sobrino tiene otras necesidades, que hacen que se distraiga (como se ve aquí en su cumpleaños 2) y no piense en multiplicar su dinero. Todavía no tiene una alcancía.
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¿Cuál será la fórmula para invertir en la Bolsa? A mi hermano le gustaría que si invierte 100,000 pesos hoy y hace una aportación mensual durante 20 años, alcance a juntar 3 millones de pesos, para que se los repartan sus dos hijos y la hermana de estos (que tiene 17 años. Una complicación más: ¿y ahora cuál será el porcentaje adecuado para poner en la Bolsa?). Pícale aquí para saber cuánto dinero debes ahorrar al mes para alcanzar tu meta de ahorro.
La cuestión es que ahora la Bolsa de Valores está en alturas de vértigo, si se compara con el nivel en el que estaba en 2008. A todas luces, ya no es tan barato comprar acciones mexicanas como hace dos años y ya no habrá que esperar el rendimiento que tuvieron los afortunados optimistas que compraron el 6 de octubre de 2008. ¿Sabes cuánto ganaron hasta el 6 de octubre de 2010? ¡70%!
Sí, claro, pero esos afortunados optimistas tuvieron un gran susto, con una pérdida de 14% entre el 6 de octubre de 2008 y el 2 de marzo de 2009. Pícale aquí para ver cómo le ha ido a la Bolsa.
¿Estarán dispuestos mi hermano, mi cuñada y mis tres queridos sobrinos a resistir las bajas de la Bolsa?


Los papás son como el cohetero. Si no nos dijeron cómo manejar nuestro dinero, malo. Si nos dijeron, pero resultó mal, peor.

Ya sabes que a los psicoanalistas les encanta escarbar en el pasado de los pacientes. Se supone que logran descubrir las ideas y las costumbres que te evitan dar vuelta a la página y empezar a funcionar en forma adecuada para alcanzar tus objetivos. Así que revisar los consejos que nos dieron los papás, podría servir para enfrentarlos y ver la manera de mejorar nuestras costumbres.

Va una encuesta que hice en twitter sobre los peores consejos financieros. La pregunta: “¿Cuál fue #elpeorconsejofinanciero que te dieron tus papás?” Y aquí están las respuestas:

@eltemoc “Tú trabaja, y la gente valorará lo que cuesta tu trabajo”

@JeniJanuary #elpeorconsejofinanciero es inculcarnos a vivir de lo prestado, creer que todo mundo tiene obligación de prestarnos dinero

@KarlaBayly “Si estudias eso te vas a morir de hambre” El “eso” era letras o pedagogía.

@Vdavilar “No compres a crédito, mejor ahorra y lo pagas cash”.

@Cyn_lg que cuando yo tenga mi dinero me compre lo que quiera. Error: ¡hay que pensar en qué gastarlo!

@Javi_MX “Cómprate un auto de agencia, es costoso pero eres el primero en usarlo”

@AlvaroVelazquez “El que nada debe, nada tiene”

@vaneperu “Ahorrar cuando se gane más dinero”

@sandygallia Nunca me hablaron de dinero, y mi mamá siempre se quejaba de que mi papá gastaba ->vivo sin gastar

@Guapologa #elpeorconsejofinanciero que me han dado mis papás es no hacer evidente que ahorrar para el futuro es un ejercicio sano.

@chopeer Más bien lo que están haciendo mal algunos es comprarle todo a sus hijos y de marcas reconocidas.

@ElPesoNuestro: Tener el “guardadito” en la casa en lugar de meterlo al banco. Obviamente el dinero pierde valor bajo el colchón.

@a_delabarreda “Estudia algo que te deje dinero, el gusto lo agarras con el tiempo”

@laramirezp Quizás el de decirme que ahorrara mi dinero en lugar de invertirlo, porque al invertir hacemos crecer el dinero y al ahorrarlo, no.

@Candymasblog “Aprovecha el crédito hipotecario que te están ofreciendo… ¡Después la rentas y con eso pagas!”

@AlvaroVelazquez “Voy a sacar otra tarjeta de crédito, para traspasar el saldo”

@nanzlorena “Gasta tus primeros sueldos como quieras, después vienen los hijos y todo es para ellos”

@vivircomoreina Sacar un crédito en udis, aunque no lo he comprobado del todo.

@JUrielver “Hay que tener lo que se deba, aunque se deba lo que se tenga” ¡qué consejito! ¿no?

@wero9 “¡Deberías tramitar tu tarjeta de crédito!”

@jc_chavez “El dinero se hizo para gastarse”

@tono_ito “Usa esa tarjeta de crédito para pagar las demás”

@CarolinaQuesada “Dios proveerá”

Éste me lo envió una amiga por correo electrónico: “Nunca será la última oportunidad”. Y con ese consejo, dice, su papá no ha aprovechado ninguna oportunidad.

Por cierto, yo no recuerdo algún mal consejo de mis papás, porque sencillamente no hablaban de dinero. Y de acuerdo con Adina Chelminsky (@CayMill), la autora del libro Cabrona y Millonaria ésa también es una mala costumbre, porque no deja que de niño aprendas a reconocer los límites y el poder del dinero. Sí recuerdo malos ejemplos: de niño, cuando salía con mi papá, su cartera siempre alcanzaba para comprar cosas (lo bueno es que no nos llevaba a pasear a los centros comerciales, sino a lugares llenos de experiencias divertidas y pocas tentaciones de compra). De mi mamá heredé la angustia de poner orden en mis papeles. Siempre vi montones de cuentas acumuladas en su escritorio. Tal vez estaban pagadas, pero el montón era imponente y era difícil adivinar qué se debía atender primero.

Para que no nos quedemos todos amargados, un comentario de otro twittero, @pichosg, que sugiere que hagamos una encuesta sobre los buenos consejos. Él dice que se arrepiente de no haberle hecho caso a su mamá cuando le decía que comprara casa y ahorrara. ¿Y qué hiciste entonces? “Compré coche (no me arrepiento porque lo disfruté) y gasté en cosas que ahora no me acuerdo (de eso sí me arrepiento)”.

(Gracias a @Guapologa por la idea de hacer la encuesta. Ella hizo una para su blog sobre consejos de mamás. Si quieres consultarlo, pícale aquí).


1.    Cuánto se gasta en las comidas del domingo. ¡Qué gran favor le haces a tu pobre madre todos los fines de semana! Le llevas a los nietecitos para que los vea y tú te ahorras la comida dominical. Saca las cuentas: por cada niño en un Fast food gastarías unos 30 pesos, súmale las hamburguesotas que se comerían tu pareja y tú, total, unos 200 pesos, más estacionamiento, más refrescos, más postres. Saber los costos de pasar el domingo podría ser una buena manera de empezar a hablar de dinero en familia.

2.    Cuánto tiene guardado para su retiro. Tu cabecita blanca fue siempre tan buena que se sacrificó para que estudiaras en las mejores escuelas y compró (caros) seguros de educación. Pero a esa hormiguita se le olvidó ahorrar para mantenerse a ella misma cuando dejara de trabajar o de percibir ingresos. ¿Tendrás que ayudarle?

3.    Quién pagará sus medicinas. Si ya pasó de los 65 años, tendrá más gastos médicos. ¿En qué plan de seguridad social está tu mamá?

4.    A dónde quiere ir a comer este día de las madres. Si ya van a hacer la larga fila para entrar a un restaurante, cuando menos que sea el que a ella le gusta.

5.    Qué compra está planeando. Tal vez tú creas que ella quiere ese hermoso portarretratos de 300 pesos, pero es probable que en realidad tenga planes para comprar algo más. ¿Por qué no aportar para que llegue antes a la meta?

6.    Qué le falta a su casa. ¿Una mano de pintura, una reparación del baño?

7.    Qué le gustaría tener. Una bruja le dio un año al Rey Arturo (en algunas versiones de la leyenda) para que encontrara qué quieren las mujeres. La respuesta que le salvó la vida: lo que quieren es que las dejen escoger.

8.    A quién le gustaría ver. Para que le ayudes a planear el viaje para reencontrarse con alguien muy querido.

9.    Dónde planea vivir dentro de 10 años. Muchos de nuestros padres gastaron gran parte de su patrimonio en comprarse un bien raíz que supuestamente les serviría como seguro para su retiro. Eso quiere decir que tendrán que venderla en algún momento e ir a un lugar más fácil de mantener. ¿Cuándo será ese momento?

10. En qué está invirtiendo. No se trata de que tu sufrida madre de más de 70 años tenga inversiones en la Bolsa de valores (no, por favor), pero sí de que busque los instrumentos a los que le pueda sacar más dinero. No veas con voracidad su centenario (si lo tiene, no se va a despegar de él), pero piensa en buscarle una cuenta con mejores rendimientos que su pagaré bancario. No estaría mal que le recomendaras algún fondo de inversión de deuda.


Ah, bonita costumbre mexicana de sentarse los domingos durante horas a comer y convivir con la familia. Pero hay una delgada línea entre las costumbres y las neurosis. Puede suceder que ya estés sometido a una inercia que pone en riesgo la relación con tu pareja (ya ni piensas qué platicar con ella, total el domingo es para los papás o los suegros), la vida social de tus hijos (que todavía como adolescentes siguen escuchando los mismos chistes de sus tíos alcoholizados que oían de niños) y tu dinero, porque lo estás gastando en algo que no está mejorando tu bienestar general.

La comida del domingo puede ser mala para la salud financiera de tus papás, porque están pagando la despensa de un montón de… ¿cómo decirles? bueno, parientes y sus agregados. Ellos se ahorran el tiempo de preparar la comida o la cuenta del restaurante, y tú te quedas tan tranquilo porque acompañaste a los viejitos y les ayudaste a gastar su dinero.

También puede afectar tus finanzas. Esa costumbre de ir al restaurante cada fin de semana no sólo te cierra la posibilidad de encontrar otras cosas más divertidas que hacer (acampar, conocer nuevos lugares, subirte a la bicicleta) sino que te hace pagar cuentas que se van convirtiendo en absurdas. Porque como se ha vuelto tan aburrida la visita al restaurante, tienes que consumir algo más con la ilusión de que con eso ya será divertida.

Los domingos, con su dosis de sol, de tiempo libre, son limitados, igual que el dinero en tu cartera. Así que ¿por qué no buscar otra manera de emplearlos?


Lo siento, no fui yo, fueron ellos. Pero en la sala de espera del consultorio me enteré que una pareja –ambos mayores de 60 años- estaba a punto de comprar un auto, y el proceso para tomar la decisión amenazaba con terminar con su largo matrimonio.
En pocas palabras, a él le parecía un gasto excesivo comprar un auto con bolsas de aire para la hija adolescente. A ella le parecía que sí él se daba a cada rato sus caprichitos, tenía que ceder y estar dispuesto a pagar el costo extra. Además ella le iba a pasar la camioneta y él, por supuesto, la iba a convertir en un almacén, como suele hacerlo con todos los autos.
La telenovela iba a escalando. Adivino que eran un matrimonio de mucho tiempo, por la forma tan contenida y como cansada de tantas batallas previas en que discutían. Él creía hablar de dinero. Ella creía hablar de seguridad.
El caso es que, aún cuando tienes una hija en edad de manejar un auto es probable que todavía no aprendas a hablar de dinero con tu pareja. Que los consejos para la comunicación los de un psicólogo. (Sonia Sánchez, Karla Bayly y Adina Chelminsky te pueden hablar de eso). Pero aquí hay algunos aprendizajes.
1.    Las bolsas de aire sí le añaden unos 15,000 o 20,000 pesos al precio del auto. Pero… Le pregunté a Eduardo Aragón, un reportero de autos, y me cuenta que, por experiencia propia, él no recomendaría ahorrar en eso. Si no te alcanza para las bolsas, mejor recorta en el aire acondicionado (alrededor de 10,000 pesos), en el MP3 (otros 3,000) o en los rines de aluminio.
2.    Pregúntate: ¿por qué tienes que ahorrar? Cuando conoces a tu pareja, ambos están felices de gastar 70 u 80 pesos en cada martini que se toman en un lugar de moda. Cuando se casan, una visita a la tienda departamental desata una batalla campal porque ella (o él) quiere “tirar” 13,000 pesos en un sillón nuevo para la sala, que podrían usarse para comprar 185 o 162 martinis, para seguir divirtiéndonos como antes. Suena obvio, pero a la hora de pensar en qué gastas, también necesitas pensar en qué etapa de la vida vas. Y sí, es probable que ya sea hora de que olvides los martinis, porque para tu pareja ya dejaron de ser prioritarios y divertidos. ¿Están alineados los objetivos de los dos? Para planear según tu momento de vida, tal vez te interese ver este sitio.
3.    Define cuánto riesgo estás dispuesto a asumir. El caso de las bolsas de aire es sólo uno de los muchos en los que tienes que decidir entre gastar un montón ahora o gastar después en pagar las consecuencias que tal vez se presenten o tal vez no.


Ni siquiera las chicas bien portadas (financieramente) van al cielo de los ricos. Resulta que una de las mujeres más disciplinadas que conozco decidió meter una buena parte de sus ahorros en un fondo de inversión a finales de 2007 y ahora jura que nunca más volverá a meterse en estas cochinadas financieras, que dan muchísimo menos que una inversión en bienes raíces, o que en un mugroso pagaré bancario (así dice ella).

Tiene algo de razón. Su inversión se ha hecho casi polvo en lo que lleva metida en ella. En 2007 metió 100,000 pesos (por decir una cantidad) y ahora ese dinero está en 62,700, una pérdida de ¡37%! Así, ¿quién va a querer meterse a inversiones financieras alguna vez? Que yo sepa, ninguna casa (fuera de Valle Dorado) pierde tan súbitamente su valor. La inversión fue en un fondo de Santander que compra acciones de empresas mexicanas, y el encargado de ese fondo salía siempre en las fotos como uno de los mejores manejadores de inversión del país y, si se apuraban, de América Latina. Mejor ni le digo a esta chica que ese señor ha sido tan premiado, porque querrá correr a golpearlo.

Ella también está muy enojada con la distribuidora de fondos que le vendió esa inversión. El asesor que la atendió al principio ya se fue. El que le siguió, también. Total que no hubo nadie en todo 2008 y 2009 para decirle que hiciera algo más que adoptar la defensa del conejo, o sea quedarse paralizado a la mitad de la carretera o frente a la serpiente.

Sí, cuando vienen las bajas en la Bolsa de Valores siempre te dicen que mejor te quedes ahí y que recuerdes que la inversión es de largo plazo. Pero si ves que las cosas empeoran y empeoran. ¿No deberían los asesores darle permiso a sus clientes de que saquen un poquito de dinero? Por cierto, si esta chica hubiera hecho esto, podría haberse recuperado un poco. Mira cómo podía haberle hecho: Cuando ella entró al fondo, cada título del mismo valía 51 pesos. Ahora vale 32. Ahí está la pérdida de 37%. Pero en abril de este año llegó a valer 22 y en septiembre llegó a 32. Si ella hubiera vuelto a entrar a ese fondo, con unos 10,000 pesos más, para ahora, esos 10,000 pesos se habrían convertido en 14,500. Una ganancia de ¡45%! En cinco meses. Que yo sepa, ninguna casa (ni siquiera en Londres) se aprecia tan rápidamente.

Pero decía mi psicoanalista que el “hubiera” es el futuro pluscuamperfecto del verbo “me equivoqué” (bueno, él lo decía con una expresión más escatológica). Es culpa del asesor por no haberla buscado para decirle que los mercados habían bajado muchísimo y que era mejor volver a entrar –en lugar de quedarse simplemente congelada- para cosechar algo del rebote. Es culpa del asesor, porque esta chica no querrá volver a hacer negocios con esa distribuidora de fondos (ni siquiera después de leer este blog). Pero ¿cuánta es nuestra culpa, como inversionistas, por no estar preguntando?

Ya sabemos que no todo está perdido, que la inversión de mi amiga algún día recuperará el nivel, pero la moraleja es que no debemos esperar sentados. No podemos estar demasiado ocupados en cosas más importantes que nuestro dinero como para no atenderlo. Porque ¿qué es más importante que nuestro dinero, aparte del amor?


Tú crees que entre tu pareja y tú no hay secretos, pero ella/él está en este momento comiendo en un restaurante, con una cuenta de 700 pesos y tú crees que ya sólo tenían 100 pesos para completar la quincena.

Cuánto sabes de tu pareja y de ti. Ellos se atrevieron a jugar, en la revista Dinero Inteligente

Cuánto sabes de tu pareja y de ti. Ellos se atrevieron a jugar, en la revista Dinero Inteligente


O, y ojalá que sea el caso, tú crees que no tendrán para pagar la colegiatura de los niños el próximo mes y ella te sale con que tiene guardado el dinero necesario.

Te propongo un juego para que la conozcas mejor. Imprime dos copias del siguiente cuestionario. Váyase cada uno a un cuarto diferente y llénenla. Después comparen respuestas. Tal vez te sirva saber cómo se está comportando tu pareja con el dinero, a la mejor pueden juntar sus ahorros y encontrar buenas inversiones, con menores comisiones y mayores rendimientos y, como premio adicional, tal vez puedan recortar gastos y ahorrar entre los dos para llegar a metas interesantes.
Va el cuestionario.

1. ¿Cuánto gastaron en las últimas vacaciones?
2. ¿Cuánto pagan por la vivienda al mes?
3. ¿Cuánto ahorran entre los dos al mes?
4. ¿Para qué ahorran?
5. ¿Cuánto están ahorrando para la escuela de los hijos?
6. ¿Cuál será el próximo gasto importante que deberán enfrentar?
7. ¿En qué inviertes?
8. A tu pareja ¿le gustaría invertir en Bolsa?
9. ¿Te gustaría invertir en Bolsa?
10. ¿Qué coche quiere tu pareja?
11. ¿Qué coche quieres?
12. ¿Cuánto gasta tu pareja en restaurantes al mes?
13. ¿Cuánto gastas en restaurantes al mes?
14. ¿Qué capricho te gustaría comprar este mes?
15. ¿Qué capricho le gustaría comprar a tu pareja este mes?

Si ya llenaste el cuestionario, y una vez que se calme la tormenta (si la hay), a la mejor aprendista algo de tu pareja… y de ti mismo. ¿Te gustaría compartir tu experiencia? ¿por qué no me la platicas?



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