¿Por qué son tan irresistibles las tiendas de Apple? Serán los colores, el montón de cajitas muy bien ordenadas, la iluminación, la atención de los chavos, que te tratan con tanta familiaridad y respeto que crees que de verdad eres alguien que sabe usar lo más nuevo de la tecnología: en resumen, que eres cool.

Eso ya lo cuenta Martin Lindstrom, en un libro de hace algunos años llamado Compradicción, que te confieso que no me vuelve loco, pero que sí trae algunas claves de lo que pueden hacer los mercadólogos para hacer que tú compres y vuelvas a comprar.

Si le sumas a eso que tu celular está en tus manos o a menos de 2 metros de ti durante todo el día, la adicción a comprar cositas de Apple y todo lo que se le relaciona es casi inevitable. Y ¿qué crees? Puedes comprar en automático. La tienda de iTunes abre 24 horas al día y ya está registrada tu forma de pago para siempre jamás, así que compras literalmente con dos clicks (porque debes meter tu clave).

Acabo de hacer un experimento científico. En un solo día gasté 400 pesos en la tienda de iTunes sin despegarme de mi celular. Y después de comprar la décima canción entré a mi cuenta y quité mi tarjeta del registro de la tienda. Tan sencillo como eso. Para enfrentar una conducta que se estaba convirtiendo en compulsiva, lo único que tuve que hacer fue que dejara de ser automática. Que me costara un poquito más de trabajo gastar.

Así de sencillo. No es que seamos culpables de comer o de gastar de más, porque eso está padre y a todos nos gustan las recompensas. Pero de esa forma no lograremos nuestro mayor bienestar. Comer de más es malo para salud. Gastarte toda tu quincena te deja sin ahorros para tu retiro, para la escuela de tus hijos o para pagar el hospital en caso de que te enfermes. De nada te servirá sentirte culpable cuando necesites el dinero (o cuando te duelan las rodillas por el sobrepeso). Necesitas una guía para cambiar de hábitos.

David Kessler, en el libro The End of Overeating, da algunas claves para romper con los malos hábitos para comer. Y esas claves también te pueden servir para romper con tus malos hábitos al gastar.

Son sencillas. Si quieres escuchar un podcast al respecto, pícale aquí. Aquí te va una pista. Tienes que reconocer qué es lo que haces antes de caer en tu compra o en tu comida por compulsión. Somos muy rutinarios, así que es posible que siempre te comas unas quesadillas grasosas cuando pasas por cierta esquina o te compres algo cuando te peleas con tu pareja. Reconoce esa rutina y haz algo diferente la próxima vez. Te puede servir.

 

 


Iba a contarte que mi banco no me quiere y que no me ruega para que me quede con él. Pero me parece que esas historias de quejas siempre resultan aburridas para quien no las vive.
¿Te ha tocado escuchar las quejas de los viajeros de avión? Se supone que la humanidad entera deberíamos entenderlos porque en la clase mega ejecutiva de la línea aérea de nombre impronunciable no los atendieron bien en ese terrible viaje en el que tuvieron que estar encerrados durante 12 horas, porque iban a Florencia. La verdad, nunca he entendido por qué debería sentir pena por quienes tienen que aguantarse unas horas en un avión con tal de ir a… ¡la Galería de los Oficios!
En fin, que algo parecido debe suceder con las quejas contra los bancos. Uno sólo aguanta las propias. El caso en que en mi banco no me quieren regresar el dinero de unos cargos no reconocidos. Hablo con cinco asesores diferentes por teléfono. Como no funciona, saco la charola de periodista y busco a la gente de relación con medios.
Por cierto que alguna vez me comentaron que en ese banco tienen una ventanilla especializada en atender a los periodistas. ¿Es que estamos tan ocupados que debemos recibir atención especial? El resultado no deseado de esa ventanilla especializada es que los periodistas obtienen un trato especial y se quedan tan contentos con el banco que se olvidan de hacer un reportaje de cómo las instituciones financieras no atienden digamos que muy bien a sus clientes.
Hacía un tiempo había escuchado que los bancos tienen un Ombudsman, o defensor del cliente, que oficialmente es el encargado de la Unidad Especializada de Atención a Usuarios. Pedí a los de prensa de mi banco que me pusiera en contacto con su Ombudsman, quien me atendió amablemente, se interesó por mi caso, intercambiamos correos y llamadas telefónicas… y no me resolvió nada. Pero tal vez aquí debería reconocer mi culpa: Hubo un cargo no reconocido y lo reporté, pero no cancelé la tarjeta, de manera que después hubo nuevos cargos no reconocidos. La parte de culpa del banco es que su representante por teléfono no sugirió que cancelara la tarjeta. (y que me cobró después la reposición de la tarjeta).
A la mejor a ti sí te atiende el defensor del cliente de tu banco. Si quieres saber cómo ponerte en contacto, pícale aquí para que veas el directorio de los defensores de todos los bancos.

Como no me resolvieron, indignado me dije que me cambiaría de banco. Entré al sitio de Internet de uno muy famoso y no sirvió. Llamé a sus teléfonos de atención a clientes y me atendió alguien que no conocía la “O” por lo redondo. ¿Debería cambiarme de banco para seguir recibiendo atención mediocre?
La gran lección aquí es que no hay que pedirle peras al banco. Que maneje tu dinero de la nómina, pero que al principio de la quincena, saques los recursos, todos, para pagar tus gastos, para ponerlos en una cuenta de ahorro (en algún fondo de inversión o en cetesdirecto) y para destinarlos al ahorro de largo plazo. ¿Qué hace ese dinero mosqueándose en el banco? Mejor busquemos qué otras instituciones dan mejores servicios que el banco. Es difícil esperar que semejantes instituciones se den cuenta siquiera de que un cliente se cambia de proveedor. Ya tengo tarea para mi próximo blog.


Una vez más, debo darle las gracias a Twitter, que me permitió conocer a Raúl, quien se identificó cuando escribimos sobre los “gastoréxicos”, es decir aquéllos que quieren gastar sólo en lo correcto, como los vigoréxicos que se la pasan en el gimnasio perfeccionando su cuerpo sin descanso.

¿Tú qué crees? ¿Debe un soltero de 20 y tantos o de 30 y tantos gastar casi 30% de su ingreso en comidas, en salidas a antros, sólo por pertenecer? Raúl no está de acuerdo y forma parte de un pequeño, pero incipiente movimiento de ciudadanos que creen que también hay que empezar a ahorrar y a ser un poco más organizado con el gasto. Y, lo mejor, que el sacrificio no es tan grande.

Hablamos de Raúl en un blog de Chilango. Éntrale a la conversación picándole aquí. El Twitter de la revista Dinero Inteligente es @quierodinero


Sofía Macías me invitó a presentar su libro en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Aquí te va el texto, se llama 10 razones para no leer al Pequeño cerdo capitalista. Espero que te convenza de lo contrario, o sea de que lo leas:


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1.    Es un libro de autoayuda. Te dice que tú puedes, te enseña el camino. Hay muchas personas que consideran que es una mala palabra, esa que empieza con A (o sea autoayuda). Porque ¿cómo un libro te va a hablar de tu vida y te va a enseñar algo útil? El chiste es que el libro sea algo aburridísimo, con larguísimas frases y largos párrafos, que digan cosas trascendentes y no que te ayuden a abrir los ojos a una realidad que se parece a la tuya. Pensándolo bien, ¿qué libro bueno no es también de autoayuda? Cuando lees que un ex militar se refugia en su taller a fabricar pecesitos de oro, ¿no se te desata algo dentro? Ese libro te enseña a entender tu historia y a verla de otra manera.
2.    Tiene fórmulas matemáticas. Más de uno dirá: “Yo por eso estudié filosofía, comunicación, psicología, letras… Para no tener que usar nunca una fórmula matemática”. Cuidado, una de esas fórmulas está precisamente en la página 141, no vaya a ser que se topen con ella por sorpresa. Hay un cuento de Julio Cortázar que dice que en un libro se encuentra una página en blanco y si alguien que lo lee llega a ella a las tres de la tarde, muere. Así que tomen sus precauciones antes de que esta fórmula se les abalance como si fuera estado de cuenta de la tarjeta. ¿y qué te explica? Cómo le afecta la inflación a tus ahorros. Si la entiendes y la aplicas, podrás saber qué inversiones te pueden convenir para tus metas. Si entiendes el concepto, aunque no quieras hacer la división, también te ayuda a escoger en dónde meter tu dinero. Así puedes saber si ese pagaré bancario te conviene para dejar tu dinero por los próximos tres años (como hacen muchos). Por cierto, yo les puedo decir algo desde ahora, con la ayuda de lo que se explica en el capítulo 6, de inversiones: No, no les conviene.
3.    No tiene suficientes fórmulas matemáticas. ¿No se supone que es un libro de finanzas personales? ¿Dónde está la regla del 72, la desviación estándar del rendimiento esperado en la Bolsa de Valores y la frontera de eficiencia de las inversiones? Hay blogs y libros que prometen hacerte millonario explicándote una serie de fórmulas matemáticas para que obtengas ganancias espectaculares en el Forex. Si le pierdes, cosa muy probable, es porque no entendiste las fórmulas del análisis técnico de los parámetros de la hipotenusa al cuadrado. En realidad, en el trasfondo del libro están las fórmulas. Por eso te ayuda a entender el proceso para escoger un seguro de vida o uno de gastos médicos sin sepultarte en cálculos.
4.    Te convertirá en un cerdo capitalista. Pero si a ti ni te interesa el dinero, ¿cómo creen que vas a ser una de esas personas materialistas? Además, ya ven, uno tiene su ideología, y siempre luchará por los desvalidos. Creo que se pueden despreocupar. Puedes enojarte con los bancos y las instituciones financieras que hacen malabares con el dinero de todos, que inventan y revientan burbujas cada vez con mayor frecuencia. Pero como estás tan enojado con esos capitalistas, optas por no entenderlos… y por seguir regalándoles el dinero. Como lo explica desde la introducción, tú pierdes dinero por seguir en una afore patito, por comprar en la tienda de pagos chiquitos que cobra muchito de intereses, por dejar dormido tu dinero en una cuenta de banco, en lugar de meterlo a un fondo de inversión que sí te de rendimientos, por desquitarte a punta de tarjetazos del mal humor de tu jefe. Cuando habla de inversiones, el libro recuerda que nos da por ningunear nuestro dinero. Espero no ofender sensibilidades, pero un terapeuta me decía que los cruzados católicos conquistaban tierras con un señor crucificado en sus escudos, para que vieran los enemigos que ellos también sufrían. Y ese sufrimiento terminamos por creerlo. Dice Paul Watzlawick que cuando no quiere hacer algo, un estadounidense dice que le duele la cabeza, mientras que un ruso logra que le duela la cabeza. Total que como hablamos de que uno tiene centavitos, que no es mucho, que mis mugres pesitos, no los tomamos en serio y no los ponemos a trabajar.
5.    No te dice que dejes de gastar en tus caprichos. Dice el libro: “Si nos proponemos reducir nuestros gastos 50% en un mes, viviendo a pan y agua y bañándonos con agua helada para ahorrar en gas, lo más seguro es que aguantemos una semana y después mandemos todo a volar”. La idea es que encuentres los hábitos que en realidad no te hacen tan feliz y que en cambio sí están erosionado tus ingresos. En el capítulo 3, hay una guía para hacer un presupuesto. Había escrito divertida, pero de plano lo tuve que borrar. No me van a creer que es divertido pensar en un presupuesto. Pero es una amiga explicándote. Y cuestionándote: hace cuánto que no vas al club y pagas las mensualidades, cuánto te cuesta esa comida mala de la fonda de la oficina y cuántos minutos más temprano tendrías que levantarte para llegar algo más agradable.
6.    Cuando hagan la película no habrá ningún hombre lobo lampiño que se quita la camisa. Pero sí trae otras buenas historias: la de la chica super guapa de minifalda que se va de compras cuando se deprime, la de la amiga que compra bolsas y la otra que invierte en la Bolsa (y que obtiene un beneficio más duradero que sumar una bolsa Coach más a su colección cada quincena a meses sin intereses), la del chavo que acompaña a sus amigos al centro comercial y compra de todo, la de las abuelitas que te dicen cómo prever para el futuro y la de los hermanos calamidad.
7.    Habla de cosas que le suceden a otros. Los demás se enferman, pierden el trabajo, yo no. ¿A mí de qué me sirve cómo calcular cuánto necesito meterle a mi fondo de emergencia? Que ellos vean en dónde se puede depositar ese dinero para conservar su valor.
8.    No culpa a los bancos. No puedo creerlo, pero el capítulo 5 dice que tu deuda no es culpa del banco. Alguien le escribió a Sofía a su blog: ¿para qué me dieron ese límite de crédito si me lo iban a cobrar? No es por ahí. La verdad es que los bancos en México sí actúan muchas veces como si estuvieran manejados por esos viejitos flaquitos  que salen en  la película de Mary Poppins: tacaños con el último centavo, mismo que quieren tener sepultado en el fondo de una poderosa caja fuerte. Pero también es la verdad que los dejamos. Dice Sofía: “Mientras la gente esté convencida de que es una víctima y le cargue el santito de su endeudamiento a alguien más, jamás de los jamases saldrá de su deudora”. En ese capítulo 5 te explica que el crédito no es un aumento de sueldo, te revela que los bancos no son Santa Claus ni una extensión de las Carmelitas descalzas, así que si tú lo crees ya será tu culpa a cuánto llegue tu deuda.
9.    Te confronta con creencias que te tienen atorado. Estamos en un cambio de generación: todavía hay que cuestionar a los papás que creen que sólo los bienes raíces valen y que tienen que morir en ellas, así sea de hambre, con tal de conservar el bien para sus hijitos. Te da temas para que hables de dinero con tus papás, y eso es peor que preguntarles en qué estaban pensando cuando se les ocurrió tener a tu hermanito.
10.    Se acaba muy pronto. Dicen los escritores que no es precisamente un halago que les digan que alguien terminó su libro de una sentada, después de que ellos le invirtieron meses o años a escribirlo. Pero éste también es el caso. Quieres saber qué pasa con las historias, qué mas revelaciones te hará de ti mismo, y entonces no puedes dejar de pasar las páginas hasta que te topas con el oink final. Ni modo, lo tendrás que dejar de libro de consulta.

Si quieres ver el blog del Pequeño Cerdo Capitalista, pícale aquí.


Ya está lista la nueva edición de la revista Dinero Inteligente, con el tema de cómo sobrevivir a los errores financieros. Aquí te van 5 ejemplos de errores, como los contamos en W Radio.
1.    Llegar a los 40 sin tener algo de ahorro para el retiro. Antes de los 40 años, te endeudas para muchas cosas: para comprar el auto, para comprar una casa. Y eso está justificado. Sin crédito no podrías alcanzar muchos objetivos. Pero con los 40 empieza la década de la acumulación, como nos han explicado muchos banqueros de inversión. Ahí sí tienes que detenerte y destinar una parte de tu ingreso al ahorro, si es que no lo has hecho antes. Se supone que cuando te jubiles, a los 65 años, deberás tener recursos para pagar 20 años sin trabajar. Según Charles Farrel, un autor estadounidense, para los 40 años sería bueno que ya hubiera acumulado el equivalente a 2 años de tu ingreso. Eso no quiere decir que debas tenerlo todo en dinero en efectivo, al contrario, también cuenta lo que cueste tu casa y otras posesiones.
2.    Desconocer por qué compras. Está bien comprar, pero puede ser que sufras el mal del comprador compulsivo. ¿Te ha sucedido? Puede ser que tus compras se hayan convertido en una adicción. Haz un rápido test:
a)    ¿Tienes más de tres pares de zapatos nuevecitos con las mismas características?
b)    ¿Compras cuando tienes un ataque de ansiedad?
c)    Ya tienes una rutina establecida para ir de compras. Por ejemplo, que te peleas con tu pareja y al día siguiente te desquitas con la tarjeta.

Es probable que tengas ese mal del comprador compulsivo. Y entonces no estás comprando porque necesitas o quieres realmente algo, sino por una razón diferente. La buena noticia es que esa conducta se puede cambiar.

3.    Dar el tarjetazo para enfrentar una emergencia. Aunque te parezcan muy caros ahora, los seguros de gastos médicos te sirven para enfrentar costos que de otra manera podrían desbaratar todos tus planes y acabar con tu patrimonio.
4.    No hablar de dinero con la pareja. Tú puedes tener tus planes muy bien acomodados, para el retiro, para formar tu patrimonio, pero en realidad el dinero pertenece a la familia. Alguien nos ha confesado que, en efecto, no hablar de dinero lo llevó al divorcio. No nos pongamos extremosos, pero ese silencio puede generar problemas.
5.    Convertirte en un tacaño. Y aquí te va otro test rápido:
a)    Cada vez que gastas, sientes que no deberías despilfarrar el dinero.
b)    Cuando ves una pantalla plana de televisión en la tienda, piensas que con lo que gastarías en ella podrías pagar un viaje ida y vuelta a Nueva York.
c)    Cuando llega el momento de ir de vacaciones piensas que como ya no te compraste la pantalla plana, ni fuiste a Nueva York, mejor te quedas en la empresa a trabajar más para que te aumenten el sueldo.
Si contestaste que sí a todas las preguntas anteriores, no pienses que estamos buscando un editor para dinero inteligente. Considera que podrías estar en una situación de gastorexia, algo así como lo que sufren los anoréxicos o los vigoréxicos, que se obsesionan por comer o hacer ejercicio. Controlas demasiado tus gastos porque en realidad no te has fijado las metas. No sabes muy bien para qué deberías ahorrar, entonces de plano no gastas. Mejor escribir con un lápiz y papel cuáles son tus metas. Si ya ahorras para el retiro, ya estás armando un fondo de emergencia, date un permiso,


Ya en serio.

¿Qué tan preparadas están las instituciones financieras para asesorarnos?

Este mes apareció un reporte de una empresa de análisis, que advierte que en México no están creciendo los fondos de inversión como deberían, porque todavía hay mucha trabas, entre ellas la falta de un buen equipo de profesionales que atraigan nuevos clientes y les den el servicio adecuado.

Creí que el reporte exageraba. Hasta que mi hermano me reenvió el correo de su “asesora” financiera. La señorita lo conoció en una institución anterior, a la que dejó para irse a otra. Para empezar, quiere robárselo como cliente, de la institución a la que supuestamente representaba con orgullo. Le propone abrir una cuenta en la compañía en la que ahora está y para convencerlo le anexa en su correo lo que ella llama “presentación”: una hoja de Excel en la que dice cuánto ganaría de intereses si obtiene cierta tasa. Claro, si tienes una tasa de rendimiento de 10%, ganas 10% de intereses, así de burdo. Recuerda que nadie puede prometer un rendimiento, sin explicarte cómo le haría para obtenerlo.

No puedo resistir la tentación de copiar su correo aquí. Sólo le quité los nombres de ella y de las instituciones. Si así estuviera el nivel de tu asesor, ¿qué harías?

Va su correo tal cual.

“HOLA BUENOS TARDES SR. RODOLFO, SOY XX XX LA ASESORA QUE TE ATENDÍO EN XX XX EL MOTIVO DE MI CORREO ES PARA INFORMARTE QUE ACTUALMENTE ESTOY TRABAJANDO OTRA EMPRESA FINANCIERA SE LLAMA XX Y ESTOY MANEJANDO INVERSIONES MAS ATRACTIVAS SON PAGARE CON RENDIMIENTOS FIJOS A PLAZO Y TU INVERSION GARANTIZADA POR EL IPAF, TE ANEXO LA PRESENTACION DE MI EMPRESA Y TASA DE INTERES, ME AGRADARIA MUCHO PODER ATENDERTE NUEVAMENTE DANDOTE EL SERVICIO QUE ESTAS ACOSTUMBRADO, SEGUIMOS EN CONTACTO POR ESTE MEDIO O A MI CEL XXXXXXXX SI ME PUEDES MANDAR MSJ YO TE REGRESO LA LLAMADA”

Sic, sic y recontra sic. Por cierto, no hay algo así como una inversión garantizada por el IPAF. En todo caso, el Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB) garantiza las cuentas en los bancos hasta por 400,000 udis, y no protege las cuentas en las sociedades de inversión, que es lo que esta señorita promueve.

Dudo mucho que si alguien no puede escribir mejor que un niño en tercero de primaria, sea capaz de recomendar un portafolio de inversión adecuado.

La redacción es espeluznante. Eso significa que tienes que exigirle más a tu asesor. Y si te envía un correo así, cuéntaselo a su superior.

 

 


¿Cómo iba eso de que cuidas los centavos y descuidas los pesos? No recuerdo cómo decía mi abuela, pero el caso es que cuando empezamos con preguntas por los detalles es porque no queremos enfrentar un asunto en serio (supongo que eso diría mi terapeuta).

¿No te ha pasado que alguien que no ha caminado media cuadra en todo el último mes te empieza a preguntar cuántas calorías debería quemar si empieza a correr?

En fin, aquí van cinco preguntas que me parece que son más un pretexto para no actuar que curiosidad real.

1.    ¿Cuándo me conviene comprar dólares? A ver, señor director de La Gran Empresa Multinacional. ¿De verdad cree que debe preocuparse por el tipo de cambio para cambiar esos 5,000 pesos a billetes verdes porque planea viajar a Estados Unidos a fin de mes? En ese caso debería contratar un equipo de analistas, para que le puedan decir a cómo estará el dólar dentro de dos semanas. Porque si en lugar de estar en 11.68, sube a 11.7, en lugar de obtener 428 dólares, tendrá 427.3. Esta pregunta viene de aquellos oscuros tiempos en los que el Presidente superpoderoso se encerraba en Los Pinos junto con unos cuantos cuates y fijaba, de preferencia en una noche de viernes, a cuánto quería que amaneciera el peso (y luego se devaluaba más). Tampoco en aquel entonces valía mucho adivinar, por cierto. Y la respuesta: cómpralos cuando los necesitas.

2.     ¿Compro acciones de la empresa de moda? Otra vez a buscar las artes de adivinador. Para comprar acciones de una empresa en particular necesitas hacer algo de análisis. Le llaman análisis fundamental cuando ves cómo le ha ido a la empresa, qué posibilidades tiene de obtener ganancias y de ganar mercado, lo que se traducirá en aumento de precio de sus acciones. Y análisis técnico a ver cómo le ha ido al precio de la acción. Eso te lleva un buen tiempo y conocimiento, que podrías sustituir si diversificaras tu inversión. En lugar de apostarle a una acción en particular, podrías entrarle a un fondo de inversión, que ya tiene papeles de diferentes empresas, incluidas acciones y deuda.

3.    ¿Cuál es el mejor banco? La respuesta rápida: el que te quede más cerca y tenga más cajeros propios por donde tú andas (así te evitas comisiones). El error está en compararlos todos con demasiados detalles. Mejor exígeles que te atiendan bien. Ahí sí, si no lo hacen, te vas con tu dinero a otra parte. Pero recuérdales que cuesta más ganar un cliente nuevo que conservar a uno tan bueno como tú.

4.    ¿Me cambio de afore? Si de plano estás en la peor en materia de rendimientos, hazlo ya, pero andar brincando de una a otra, tampoco es que te de mucho a ganar, a pesar de lo que alguna vez ha dicho Tapen Sinha, un experto en retiro del Itam. Si tan sólo levantaras el teléfono o fueras a la oficina, podrías conseguir mejor servicio y más información sobre cómo ahorrar extra. El problema es que no lo exigimos. A ellos les da lo mismo si te cambias, pero sí sentirán la presión de que busques que te atiendan.  (si quieres comparar rendimientos, pícale aquí).

5.    ¿Me tomo o no el cafecito diario? Cuando hablé de este tema con Carlos Puig en W Radio, él comentaba que la última de las razones por las que deja de fumar fue por lo que gastaba al día. Castigarte o vivir con culpas no funciona. Si te vas a privar de algo, lo querrás compensar con otra cosa. Los economistas del comportamiento dirían que hagas un plan, te traces una meta y definas cuánto necesitas para alcanzarla. Si para ello, se requiere dejar de tomar el café, cuando menos tienes un incentivo para cambiar de hábito.


Si te comes ese helado/hamburguesa/pastel entonces tendrás que correr 6 kilómetros para desquitarlo.

Esa idea del castigo después del premio es una de las más peligrosas que conozco. Porque te comes el helado o el postre que sea, y después no corres los seis kilómetros que se supone bastan para desquitarlo. Y en cambio vives intranquilo con la culpa.

Y porque además supongo (porque no soy nutricionista) que es una idea falsa. No puede ser que todos los metabolismos funcionen igual. Tengo amigos musculosos que ya quemaron el helado cuando apenas va en su esófago y algunas tías que lo llevarán en su panza los próximos seis meses.

Además no puedes vivir compensando pecados con penitencias. Lo mismo pasa con tu dinero. No se vale decir que ahorrarás el próximo mes porque hoy ya te fuiste a comprar cosas inútiles.

Para esto de adelgazar, o de ahorrar, tendríamos que poner las cosas de cabeza. Ni comer verduras ni correr seis kilómetros son un castigo: pueden ser un premio por sí mismas, por lo bien que te sientes, porque no sólo de chocolate vive el hombre y porque escuchar los pájaros en el parque a las seis de la mañana es más agradable que ver los anuncios de cremas adelgazantes en la tele por cable, a las tres de la madrugada.

Ahorrar no es un castigo. Ahorras porque te da tranquilidad saber que tienes una cantidad de dinero guardada para enfrentar una emergencia mañana. No te compras un seguro de gastos médicos por puro masoquismo. Lo haces para poder atender una enfermedad fuerte, en caso de que se presente (y recuerda que los seguros son una forma de ahorro).

Suena a buen propósito: cuidarte y quererte puede ser un premio. Este post es parte de un intercambio de consejos financieros, organizado por Sofía Macías, y por eso está dedicado a (e inspirado en) So, la autora de blogylana y consumada corredora. Pícale aquí  para que veas qué buenas ideas tiene.


Mira qué “suave”, por usar una expresión de mi abuela juarense. De pronto te quedas sin trabajo o necesitas pagar algo de urgencia y tú muy confiado vas y le pides dinero a tu compadre o a tus papás.

Hasta el momento, así más o menos han servido las redes de seguridad en México: la familia y los amigos te sirven de fondo de emergencia. En realidad, sería mejor que tú tuvieras un fondo para enfrentar los imprevistos, porque no siempre habrá algún incauto que esté dispuesto a pagar tus gastos de hospital o a servirte de seguro de desempleo.
¿De cuánto debería ser tu fondo de emergencia?

1. Tener mucho dinero guardado en el banco te puede salir caro. Imagina que logras ahorrar 10 meses de tu sueldo. Si ganas 20,000 pesos tendría 200,000 guardados. Como los tienes disponibles, el banco te paga una tasa de cerca de 2% anual. La mala noticia es que, en realidad estás perdiendo, porque una parte de ese dinero podría obtener rendimientos de 7, 10 o 20% si lo arriesgaras un poco (lo que dejas de ganar es el costo de oportunidad, en lenguaje de los economistas). Entonces debes limitar el dinero que tengas en una cuenta a la vista.

2. Tener poco te puede salir caro. Si tienes guardado sólo el equivalente a un mes de tu sueldo, y tienes que enfrentar el desempleo o alguna enfermedad grave, también te puede salir caro porque es probable que no tengas crédito suficiente. Por ejemplo, si te enfermas y te hospitalizan, tal vez tengas que pagar unos 50,000 pesos de deducible del seguro de gastos médicos (porque tienes seguro, ¿verdad?).

3. ¿Cuánto tener, entonces? Lo que te recomiendan es tener entre tres y seis meses de tu sueldo en ese fondo de emergencia. Aquí hay una calculadora de Practical Money Skills, que te ayuda a estimar lo que vas a necesitar y cuánto tiempo requerirás para acumularlo.

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Sospecho que si Kiyosaki viviera en México no sería muy partidario de las afore, porque se trata de juntar algo de dinerito, muy despacito, para cuando seas viejito, en lugar de hacerte rico tomando riesgos. Algo es algo. Más vale que ahorres mientras que sueñas que encontrarás fabulosas inversiones en las cuales meter el dinero que obtuviste por vender tu casa (como hacen algunos lectores distraídos de Padre Rico).
Aquí hay tres ideas para sacarle más provecho a tu afore.
1.    Primero que nada, investiga en cuál estás. Casi la mitad de los trabajadores con derecho a afore ni siquiera saben en dónde está su ahorro. En cuanto sepas, podrás tener un lugar en el cual meter algo de dinero para protegerlo de la inflación. Llama a: 01-800-50-00-747, para que te digan en cuál estás.

2.    Recupera el dinero que ahorraste entre 1992 y 1997. Si trabajaste en esos años, es probable que tengas por ahí unos recursos perdidos, porque cuando empezaron las afore no se integraron todas las cuentas. No le hagas caso a los promotores que te ofrecen encontrar ese dinero si te cambias de afore. Es mentira. El procedimiento es engorroso y no te lo van a hacer ellos. Necesitas tener documentos de aquellos tiempos y seguir los pasos que dice la Consar (pícale aquí para verlos).

3.    Empieza a ahorrar ahí. Algunas afore te pueden descontar directo de la nómina, y así te puedes ahorrar impuestos. Lo ideal sería que juntaras cuando menos 10,000 pesos para que pudieras invertir en un fondo, y que luego acumularas más dinero para estar en una inversión con mejores rendimientos. Pero si no empiezas, nunca vas a llegar.



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