¿Por qué son tan irresistibles las tiendas de Apple? Serán los colores, el montón de cajitas muy bien ordenadas, la iluminación, la atención de los chavos, que te tratan con tanta familiaridad y respeto que crees que de verdad eres alguien que sabe usar lo más nuevo de la tecnología: en resumen, que eres cool.

Eso ya lo cuenta Martin Lindstrom, en un libro de hace algunos años llamado Compradicción, que te confieso que no me vuelve loco, pero que sí trae algunas claves de lo que pueden hacer los mercadólogos para hacer que tú compres y vuelvas a comprar.

Si le sumas a eso que tu celular está en tus manos o a menos de 2 metros de ti durante todo el día, la adicción a comprar cositas de Apple y todo lo que se le relaciona es casi inevitable. Y ¿qué crees? Puedes comprar en automático. La tienda de iTunes abre 24 horas al día y ya está registrada tu forma de pago para siempre jamás, así que compras literalmente con dos clicks (porque debes meter tu clave).

Acabo de hacer un experimento científico. En un solo día gasté 400 pesos en la tienda de iTunes sin despegarme de mi celular. Y después de comprar la décima canción entré a mi cuenta y quité mi tarjeta del registro de la tienda. Tan sencillo como eso. Para enfrentar una conducta que se estaba convirtiendo en compulsiva, lo único que tuve que hacer fue que dejara de ser automática. Que me costara un poquito más de trabajo gastar.

Así de sencillo. No es que seamos culpables de comer o de gastar de más, porque eso está padre y a todos nos gustan las recompensas. Pero de esa forma no lograremos nuestro mayor bienestar. Comer de más es malo para salud. Gastarte toda tu quincena te deja sin ahorros para tu retiro, para la escuela de tus hijos o para pagar el hospital en caso de que te enfermes. De nada te servirá sentirte culpable cuando necesites el dinero (o cuando te duelan las rodillas por el sobrepeso). Necesitas una guía para cambiar de hábitos.

David Kessler, en el libro The End of Overeating, da algunas claves para romper con los malos hábitos para comer. Y esas claves también te pueden servir para romper con tus malos hábitos al gastar.

Son sencillas. Si quieres escuchar un podcast al respecto, pícale aquí. Aquí te va una pista. Tienes que reconocer qué es lo que haces antes de caer en tu compra o en tu comida por compulsión. Somos muy rutinarios, así que es posible que siempre te comas unas quesadillas grasosas cuando pasas por cierta esquina o te compres algo cuando te peleas con tu pareja. Reconoce esa rutina y haz algo diferente la próxima vez. Te puede servir.

 

 


Qué mal. Imagínate a la autora del Pequeño Cerdo Capitalista, Sofía Macías, y a un servidor, peleando por pagar la cuenta del restaurante.

¿Quién debe pagar la cuenta? ¿El hombre o la mujer? ¿El que propone la comida o el que la acepta? ¿El que gana más (¿y cómo se sabe quién gana más?)?

Éste es uno de los temas en el que corren ríos de tinta y sobre el que no hay acuerdo y parece que nunca lo habrá. Tampoco es que pase algo si no se soluciona. La respuesta tal vez la tengan los psicólogos evolucionistas, que a la mejor explican que se trata de demostrar el poder, con eso de sacar la cartera, como también dice Isela Muñoz en un post de su blog El Peso Nuestro.

Dan Ariely tiene una buena explicación sobre este tipo de cosas. En su libro Predictably Irrational dedica un capítulo a hablar del valor emocional del dinero. Cuenta una historia: que te imagines en la cena de acción de gracias (o en la de Navidad), disfrutando la comida con tu familia política, pasando una agradable velada y tomando un rico postrecito. Y al final, que le dices a tu suegra, más o menos algo así: “Me la pasé muy bien, ¿cuánto le debo?”. Por supuesto que el siguiente evento familiar lo pasarás solo, en algún restaurante de comida rápida.

Es decir, que hay cosas cuyo valor no se puede traducir al dinero.

Pero no es que se quiera pagar la amistad o la compañía. ¿Qué se quiere pagar, entonces? ¿por qué no es mejor que cada quien pague lo suyo y con eso le provoque un ataque de ansiedad a Martha Debayle, que alguna vez decía en su programa de radio que eso de que los hombres le dejaran pagar a las mujeres no se veía muy bien?

Posibles soluciones al conflicto de quién paga:

1.    Ponerse de acuerdo en quién paga desde el principio. Yo prefiero dividir la cuenta entre los comensales y sanseacabó. El problema es que luego hay quien quiere ponerse dadivoso y pedir botellas de champaña para festejar a su acompañante, así sea un lunes a las 2 de la tarde y tú, como no presumes de burócrata influyente, sí quieres/debes regresar a trabajar, así que no te parece que se justifique ese gasto. Que avise: mira, querido, tú paga tu sopita y tu lechuga y yo te voy a disparar esto. Es como cuando uno quiere que el amigo querido lea a fuerzas un libro y no le queda otra que regalárselo.

2.    Huir de las relaciones abusivas. Cuando sales con amigos y te divides la cuenta, lo normal es que todos queden contentos y no empieces con lloriqueos de que sólo pediste lechuga y tus acompañantes, whisky. Se supone que se quieren y no van a hacer cosas para perjudicarse unos a otros. Si ya se te hace que están abusando con los whisquitos, pues a pedir una cuenta separada de las bebidas y a ser muy claro. ¿Qué no te atreves a ser claro, porque vas a quedar muy mal con ese grupito? ¿no te recuerda a la secundaria cuando te hacían bullying? ¿por qué quieres estar en un grupito que te hace bullying?

3.    Abrir una cuenta llamada “los amigos fanfarrones”. Aceptar que te paguen cuando el otro está tan insistente como mi amiga, y está saque y saque tarjetas de crédito a medida que tú se las arrebatas al mesero, antes de hacer un pancho enfrente de todos. Y depositar el dinero que dices estabas dispuesto a pagar (todo o sólo tu parte) en una cuenta que se usará después para festejar que hubo paz y armonía con una reunión entre todos los implicados en las inútiles discusiones sobre quién va a pagar.

4.    Invitar y pedirle al otro que en lugar de estar dando lata con este asunto tan penoso, deposite el dinero en su obra filantrópica favorita. A mí me gusta Christel House, una escuela para niños de escasos recursos en donde les dan de desayunar para que aprovechen las clases.

P.D. Dice Sofía que se supone que se celebraba la publicación de mi libro (y mi cumpleaños de hace apenas cinco meses). Hago esta aclaración para no derrumbar su reputación, de una persona sensata que está en contra de esos arranques de “yo invito y pidan otra rrronda del coñac que quierrran”


Gerard Depardieu está por cumplir 64 años y no sé cuántos kilos más que cuando era un galán en películas de los 80. En la película “Mis tardes con Margueritte” representa a Germain, un dulce campesino, obeso y semianalfabeta, que se la pasa recordando su infancia difícil: Creció a manos de una madre inexperta que se encargaba, junto con profesores ineptos, de convertirlo en un bueno para nada.
Habrá quien crea que todo lo malo de este dulce personaje –que es gordo, que no sabe leer, que no se anima a tener hijos, que esto y que lo otro– se debe al maltrato y los regaños de su madre. Y en cambio que todo lo bueno se lo forjó el mismo: que es buen amigo, que es inocente, que es curioso y trabajador. ¿Ya mencioné que es dulce?

Atención: te voy a contar la película. Es tan lacrimógena que de todos modos llorarás cuando la veas, pero tengo que decirte un poco de qué se trata para relacionarla con el cuidado del dinero.
El caso es que Germain ahora se encarga de su madre regañona. Y en las tardes sale a pasear al parque, donde ya les puso nombre a todas las palomas. ¡Ay, qué dulce! Y entonces conoce a una dulce ancianita, que no tuvo hijos, médica heroica que trabajó en la maravillosa Organización Mundial de la Salud y que es culta y encantadora. Margueritte lo interesa por Camus y otros grandes escritores y le roba el corazón.
Esta acomodada mujer vive en una residencia para ancianos, pagada en parte por su sobrino. Por lo visto, trabajar en organizaciones altruistas no da una pensión suficiente para pagar esa residencia, porque cuando el sobrino deja de aportar, ella tiene que mudarse a un triste asilo casi tan feo como uno que vi en la Colonia Moderna de Guadalajara, donde los ancianos están ya no atendidos sino archivados.
Con un gran sentido de la oportunidad, la madre deja vacía la casa y Germain puede invitar a la hermosa ancianita a vivir con él. Tan tan. Todos felices.
En la vida real, las madres regañonas también pueden ser dulces ancianitas y viceversa. Es cuestión de aprender a entender a la gente. Y más vale, porque no hay un gran mercado para intercambiarlas.
Si andas por los 40 o los 50 años, de alguna manera tendrás que atender a parientes más grandes que tú.
La Cepal acaba de publicar un estudio sobre la atención a personas dependientes. Se considera que en América Latina, la carga cae demasiado sobre las mujeres –en general, no son hombres los que se encargan de los viejos, de los niños o de los incapacitados- y que al estado le falta esforzarse más por ayudar.
Dice el documento de la Cepal que, en general, en los países latinoamericanos, hay políticas para cuidar a los recién nacidos y, en menor medida, a los infantes, pero “nada se establece acerca del cuidado de los adultos y adultas mayores”. Casi siempre se asume que el cuidado de niños, ancianos y enfermos le toca a las mujeres, porque los modelos consideraban que los hogares estaban formados por “hombres proveedores” y mujeres “amas de casa” (como que si eso hubiera existido alguna vez, fuera de la serie Mad Men). Si quieres leer más de ese estudio pícale aquí.
Eso se asume, pero las cosas van cambiando. El estado tendrá que hacer algo, pero nosotros también. Habrá que incluir en los cálculos del destino de tu dinero –y de tu tiempo– la atención a los adultos mayores cercanos a tu corazón. ¿Tú ya lo consideraste?


Iba a contarte que mi banco no me quiere y que no me ruega para que me quede con él. Pero me parece que esas historias de quejas siempre resultan aburridas para quien no las vive.
¿Te ha tocado escuchar las quejas de los viajeros de avión? Se supone que la humanidad entera deberíamos entenderlos porque en la clase mega ejecutiva de la línea aérea de nombre impronunciable no los atendieron bien en ese terrible viaje en el que tuvieron que estar encerrados durante 12 horas, porque iban a Florencia. La verdad, nunca he entendido por qué debería sentir pena por quienes tienen que aguantarse unas horas en un avión con tal de ir a… ¡la Galería de los Oficios!
En fin, que algo parecido debe suceder con las quejas contra los bancos. Uno sólo aguanta las propias. El caso en que en mi banco no me quieren regresar el dinero de unos cargos no reconocidos. Hablo con cinco asesores diferentes por teléfono. Como no funciona, saco la charola de periodista y busco a la gente de relación con medios.
Por cierto que alguna vez me comentaron que en ese banco tienen una ventanilla especializada en atender a los periodistas. ¿Es que estamos tan ocupados que debemos recibir atención especial? El resultado no deseado de esa ventanilla especializada es que los periodistas obtienen un trato especial y se quedan tan contentos con el banco que se olvidan de hacer un reportaje de cómo las instituciones financieras no atienden digamos que muy bien a sus clientes.
Hacía un tiempo había escuchado que los bancos tienen un Ombudsman, o defensor del cliente, que oficialmente es el encargado de la Unidad Especializada de Atención a Usuarios. Pedí a los de prensa de mi banco que me pusiera en contacto con su Ombudsman, quien me atendió amablemente, se interesó por mi caso, intercambiamos correos y llamadas telefónicas… y no me resolvió nada. Pero tal vez aquí debería reconocer mi culpa: Hubo un cargo no reconocido y lo reporté, pero no cancelé la tarjeta, de manera que después hubo nuevos cargos no reconocidos. La parte de culpa del banco es que su representante por teléfono no sugirió que cancelara la tarjeta. (y que me cobró después la reposición de la tarjeta).
A la mejor a ti sí te atiende el defensor del cliente de tu banco. Si quieres saber cómo ponerte en contacto, pícale aquí para que veas el directorio de los defensores de todos los bancos.

Como no me resolvieron, indignado me dije que me cambiaría de banco. Entré al sitio de Internet de uno muy famoso y no sirvió. Llamé a sus teléfonos de atención a clientes y me atendió alguien que no conocía la “O” por lo redondo. ¿Debería cambiarme de banco para seguir recibiendo atención mediocre?
La gran lección aquí es que no hay que pedirle peras al banco. Que maneje tu dinero de la nómina, pero que al principio de la quincena, saques los recursos, todos, para pagar tus gastos, para ponerlos en una cuenta de ahorro (en algún fondo de inversión o en cetesdirecto) y para destinarlos al ahorro de largo plazo. ¿Qué hace ese dinero mosqueándose en el banco? Mejor busquemos qué otras instituciones dan mejores servicios que el banco. Es difícil esperar que semejantes instituciones se den cuenta siquiera de que un cliente se cambia de proveedor. Ya tengo tarea para mi próximo blog.


Los gorrones (o polizontes) son un problema para ti y para la economía. Los que podrían pagar impuestos y no lo hacen, de todos modos reciben los servicios públicos (por más que te quejes, en las colonias de clase media de las grandes ciudades del país hay alumbrado público, calles pavimentadas y recolección de basura). En una pareja, el que no lava los platos porque considera con cinismo que mágicamente aparecerán lavados de todos modos. El que tira el árbol de Navidad en la calle, porque sabe que al final de cuentas, alguien lo recogerá, no importa el costo.
Los polizontes son un problema que han analizado los economistas, pero también representan un tema que tendríamos que ver al pensar cómo usamos nuestro dinero. Tú pagas entre 300 y 1,000 pesos por comprar un árbol de Navidad para adornar un bonito festejo religioso, que habla de paz y amor y esas cosas. ¿Cómo puede alguien, el 6 de enero, aventar ese árbol, convertido en basura, a la calle? Porque no ha pensado –o peor, porque sí lo pensó– que alguien más se encargará del problema.

navidad

No hay muchos datos de cuánto le cuesta a los gobiernos locales recoger los árboles. Pero no hay que ser Einstein para entender que ocupan espacio en los camiones recolectores de basura, lo que implica más viajes, y también que ocuparán espacio en los tiraderos, cuando podrían convertirse en buena composta.
Cada año los gobiernos anuncian que recibirán los árboles en ciertos lugares (o que pasan por ellos, previa cita). Y en 2012, el del DF incluso está regalando plantas y composta a cambio de que los lleves a esos centros de recolección. Cada año aparecen los árboles abandonados en el camellón. Pícale aquí para saber dónde reciben tu árbol en el DF.
Los economistas llaman a estos costos “externalidades”. Es una externalidad para una empresa contaminante las emisiones a la atmósfera: tendrán un costo para la sociedad, pero alguien más lo asumirá, a menos que la ley le obligue a reducir su contaminación. Son problemas serios, que suenan tan lejanos e irresolubles como el calentamiento global. Y que no se comparan en nada con tirar un inocente arbolito en la callecita. O sí. Porque tú también puedes usar tu dinero para ser un poco más responsable. Y sumarle al precio del árbol de Navidad, el poquito dinero y tiempo que te tomará llevarlo a un centro de recolección.
Gracias a Duilio Rodríguez por la foto en la Condesa, supuesto centro de la civilización y el refinamiento en el DF.


Una vez más, debo darle las gracias a Twitter, que me permitió conocer a Raúl, quien se identificó cuando escribimos sobre los “gastoréxicos”, es decir aquéllos que quieren gastar sólo en lo correcto, como los vigoréxicos que se la pasan en el gimnasio perfeccionando su cuerpo sin descanso.

¿Tú qué crees? ¿Debe un soltero de 20 y tantos o de 30 y tantos gastar casi 30% de su ingreso en comidas, en salidas a antros, sólo por pertenecer? Raúl no está de acuerdo y forma parte de un pequeño, pero incipiente movimiento de ciudadanos que creen que también hay que empezar a ahorrar y a ser un poco más organizado con el gasto. Y, lo mejor, que el sacrificio no es tan grande.

Hablamos de Raúl en un blog de Chilango. Éntrale a la conversación picándole aquí. El Twitter de la revista Dinero Inteligente es @quierodinero


Sofía Macías me invitó a presentar su libro en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Aquí te va el texto, se llama 10 razones para no leer al Pequeño cerdo capitalista. Espero que te convenza de lo contrario, o sea de que lo leas:


images

1.    Es un libro de autoayuda. Te dice que tú puedes, te enseña el camino. Hay muchas personas que consideran que es una mala palabra, esa que empieza con A (o sea autoayuda). Porque ¿cómo un libro te va a hablar de tu vida y te va a enseñar algo útil? El chiste es que el libro sea algo aburridísimo, con larguísimas frases y largos párrafos, que digan cosas trascendentes y no que te ayuden a abrir los ojos a una realidad que se parece a la tuya. Pensándolo bien, ¿qué libro bueno no es también de autoayuda? Cuando lees que un ex militar se refugia en su taller a fabricar pecesitos de oro, ¿no se te desata algo dentro? Ese libro te enseña a entender tu historia y a verla de otra manera.
2.    Tiene fórmulas matemáticas. Más de uno dirá: “Yo por eso estudié filosofía, comunicación, psicología, letras… Para no tener que usar nunca una fórmula matemática”. Cuidado, una de esas fórmulas está precisamente en la página 141, no vaya a ser que se topen con ella por sorpresa. Hay un cuento de Julio Cortázar que dice que en un libro se encuentra una página en blanco y si alguien que lo lee llega a ella a las tres de la tarde, muere. Así que tomen sus precauciones antes de que esta fórmula se les abalance como si fuera estado de cuenta de la tarjeta. ¿y qué te explica? Cómo le afecta la inflación a tus ahorros. Si la entiendes y la aplicas, podrás saber qué inversiones te pueden convenir para tus metas. Si entiendes el concepto, aunque no quieras hacer la división, también te ayuda a escoger en dónde meter tu dinero. Así puedes saber si ese pagaré bancario te conviene para dejar tu dinero por los próximos tres años (como hacen muchos). Por cierto, yo les puedo decir algo desde ahora, con la ayuda de lo que se explica en el capítulo 6, de inversiones: No, no les conviene.
3.    No tiene suficientes fórmulas matemáticas. ¿No se supone que es un libro de finanzas personales? ¿Dónde está la regla del 72, la desviación estándar del rendimiento esperado en la Bolsa de Valores y la frontera de eficiencia de las inversiones? Hay blogs y libros que prometen hacerte millonario explicándote una serie de fórmulas matemáticas para que obtengas ganancias espectaculares en el Forex. Si le pierdes, cosa muy probable, es porque no entendiste las fórmulas del análisis técnico de los parámetros de la hipotenusa al cuadrado. En realidad, en el trasfondo del libro están las fórmulas. Por eso te ayuda a entender el proceso para escoger un seguro de vida o uno de gastos médicos sin sepultarte en cálculos.
4.    Te convertirá en un cerdo capitalista. Pero si a ti ni te interesa el dinero, ¿cómo creen que vas a ser una de esas personas materialistas? Además, ya ven, uno tiene su ideología, y siempre luchará por los desvalidos. Creo que se pueden despreocupar. Puedes enojarte con los bancos y las instituciones financieras que hacen malabares con el dinero de todos, que inventan y revientan burbujas cada vez con mayor frecuencia. Pero como estás tan enojado con esos capitalistas, optas por no entenderlos… y por seguir regalándoles el dinero. Como lo explica desde la introducción, tú pierdes dinero por seguir en una afore patito, por comprar en la tienda de pagos chiquitos que cobra muchito de intereses, por dejar dormido tu dinero en una cuenta de banco, en lugar de meterlo a un fondo de inversión que sí te de rendimientos, por desquitarte a punta de tarjetazos del mal humor de tu jefe. Cuando habla de inversiones, el libro recuerda que nos da por ningunear nuestro dinero. Espero no ofender sensibilidades, pero un terapeuta me decía que los cruzados católicos conquistaban tierras con un señor crucificado en sus escudos, para que vieran los enemigos que ellos también sufrían. Y ese sufrimiento terminamos por creerlo. Dice Paul Watzlawick que cuando no quiere hacer algo, un estadounidense dice que le duele la cabeza, mientras que un ruso logra que le duela la cabeza. Total que como hablamos de que uno tiene centavitos, que no es mucho, que mis mugres pesitos, no los tomamos en serio y no los ponemos a trabajar.
5.    No te dice que dejes de gastar en tus caprichos. Dice el libro: “Si nos proponemos reducir nuestros gastos 50% en un mes, viviendo a pan y agua y bañándonos con agua helada para ahorrar en gas, lo más seguro es que aguantemos una semana y después mandemos todo a volar”. La idea es que encuentres los hábitos que en realidad no te hacen tan feliz y que en cambio sí están erosionado tus ingresos. En el capítulo 3, hay una guía para hacer un presupuesto. Había escrito divertida, pero de plano lo tuve que borrar. No me van a creer que es divertido pensar en un presupuesto. Pero es una amiga explicándote. Y cuestionándote: hace cuánto que no vas al club y pagas las mensualidades, cuánto te cuesta esa comida mala de la fonda de la oficina y cuántos minutos más temprano tendrías que levantarte para llegar algo más agradable.
6.    Cuando hagan la película no habrá ningún hombre lobo lampiño que se quita la camisa. Pero sí trae otras buenas historias: la de la chica super guapa de minifalda que se va de compras cuando se deprime, la de la amiga que compra bolsas y la otra que invierte en la Bolsa (y que obtiene un beneficio más duradero que sumar una bolsa Coach más a su colección cada quincena a meses sin intereses), la del chavo que acompaña a sus amigos al centro comercial y compra de todo, la de las abuelitas que te dicen cómo prever para el futuro y la de los hermanos calamidad.
7.    Habla de cosas que le suceden a otros. Los demás se enferman, pierden el trabajo, yo no. ¿A mí de qué me sirve cómo calcular cuánto necesito meterle a mi fondo de emergencia? Que ellos vean en dónde se puede depositar ese dinero para conservar su valor.
8.    No culpa a los bancos. No puedo creerlo, pero el capítulo 5 dice que tu deuda no es culpa del banco. Alguien le escribió a Sofía a su blog: ¿para qué me dieron ese límite de crédito si me lo iban a cobrar? No es por ahí. La verdad es que los bancos en México sí actúan muchas veces como si estuvieran manejados por esos viejitos flaquitos  que salen en  la película de Mary Poppins: tacaños con el último centavo, mismo que quieren tener sepultado en el fondo de una poderosa caja fuerte. Pero también es la verdad que los dejamos. Dice Sofía: “Mientras la gente esté convencida de que es una víctima y le cargue el santito de su endeudamiento a alguien más, jamás de los jamases saldrá de su deudora”. En ese capítulo 5 te explica que el crédito no es un aumento de sueldo, te revela que los bancos no son Santa Claus ni una extensión de las Carmelitas descalzas, así que si tú lo crees ya será tu culpa a cuánto llegue tu deuda.
9.    Te confronta con creencias que te tienen atorado. Estamos en un cambio de generación: todavía hay que cuestionar a los papás que creen que sólo los bienes raíces valen y que tienen que morir en ellas, así sea de hambre, con tal de conservar el bien para sus hijitos. Te da temas para que hables de dinero con tus papás, y eso es peor que preguntarles en qué estaban pensando cuando se les ocurrió tener a tu hermanito.
10.    Se acaba muy pronto. Dicen los escritores que no es precisamente un halago que les digan que alguien terminó su libro de una sentada, después de que ellos le invirtieron meses o años a escribirlo. Pero éste también es el caso. Quieres saber qué pasa con las historias, qué mas revelaciones te hará de ti mismo, y entonces no puedes dejar de pasar las páginas hasta que te topas con el oink final. Ni modo, lo tendrás que dejar de libro de consulta.

Si quieres ver el blog del Pequeño Cerdo Capitalista, pícale aquí.


Es un complot: muchos recién egresados de la escuela se pusieron de acuerdo para enviar este tipo de currículum vitae, supuestamente para pedir trabajo. Lo que logran es que el que los recibe se desespere y los borre. No es literal, pero esto es lo que se lee de un currículum vitae hecho con flojera y enviado a una lista masiva (o sea que también se tuvo flojera a la hora de decidir a quién enviarlo). Recuerda: no estás vendiendo tornillos, estás vendiendo tus capacidades. No estás pidiendo trabajo, estás ofreciendo soluciones. Mira lo que dice un mal currículum de ti:

Quiero ganar dinero, pero me da flojera interesarme por un trabajo en particular. Así que por eso le hago el favor de enviarle a usted, Como Se Llame, mi curriculum en el que se describe que he hecho algo en mi vida, aunque no quede muy claro qué.

Es de dos páginas porque supongo que usted tiene mucho tiempo para leer un documento largo y aburrido, sin ningún diseño. Por supuesto que viene en un documento adjunto. Además, trae vagos detalles de mis estudios y una descripción imprecisa de lo que he hecho en mis trabajos anteriores. Alguien me dijo que tenía que poner un resumen al principio, pero para qué, si ya en el texto del correo le puse que “me interesa trabajar con usted, para aportar valor a la empresa”. El texto del correo no dice nada más, porque usted, Como Se Llame, está obligado a llegar a su oficina y leerlo, ¿cómo cree que debo captar su atención desde que ve su correo en su smartphone?

La verdad, la verdad, ni siquiera se qué puesto tenga usted, Como Se Llame, ni qué haga, ni exactamente a qué se dedica la empresa en la que trabaja. Porque está clarísimo que me importa un cacahuate lo que a usted y a su aburrida empresa les interese, lo que importa es lo que yo quiero. Bueno, seré generoso y agregaré por ahí perdido este párrafo:

“Objetivo personal: Desarrollarme en las diversas áreas del _____  y aplicar todos mis conocimientos para tener una evolución tanto en lo profesional como lo personal, superándome día con día y así tomar las decisiones correctas de los retos que se me presenten para realizarlos de manera exitosa”.

Me queda claro que en su empresa hacen algo, que a la mejor tiene relación con lo que estudié y con mis trabajos anteriores. En mi caso, con el periodismo y la comunicación, pero eso da igual, porque este machote de CV también podría servir para “pedir trabajo” en alguna empresa farmacéutica o de productos de consumo.


Ésta es parte de una serie de blogs del clan financiero para hablar de cine y dinero. El blog que sigue de éste es el de So, de BlogyLana, que nos dice cuándo la falta de dinero nos puede llevar a desnudarnos.

1. Te engaño con el dinero. No, nunca la engañó con otra. La infidelidad era demasiado para los estudios que produjeron la película en aquella época y no iban a poner al galán Cary Grant en el papel de un adúltero. Aún así, en Suspicion (Sospecha), el personaje de Gary Grant engaña a su esposa… porque se gasta su dinero en las apuestas y se endeuda, sin avisarle. Esta doble vida lo vuelve sospechoso de querer asesinarla. La esposa, representada por Joan Fontaine, y nosotros los espectadores estamos todo el tiempo temerosos de que quiera matarla para quedarse con su dinero y así seguir con la vida disipada. ¿Estás en una situación así? ¿De verdad sabes en qué se está gastando el dinero tu pareja? ¿Comparten las metas? Si no, cuidado. Porque la próxima vez que te suba un vaso de leche estarás temeroso de que lo que en realidad busca es deshacerte de ti, para poder usar sin freno la tarjeta de crédito.

Imagen de previsualización de YouTube

 

2. El dinero es mágico. Otra película viejita. ¿Qué pasa cuando de pronto se van tus papás de casa y estás en condiciones de gastar el dinero? Que habrá que encontrar la manera de hacer negocio para volver a gastar. Es lo que descubre Tom Cruise en Risky Business. ¿Qué tan terrorífico puede ser esperar a que regresen los padres y se enteren de que hay que sacar el Porsche del Lago Michigan?

 

Imagen de previsualización de YouTube

3. Y ahora ¿en qué gasto? En la mayoría de las películas de Woody Allen, el dinero no es el problema. Los personajes siempre se juntan a comer en restaurantes lujosos, visten a la última moda que se permite un demócrata estadounidense (nada escandaloso, pues) y pasean por Nueva York, París o Londres sin más preocupaciones fuera del matrimonio, la fidelidad, la inmortalidad y el arte. Pero en “Conocerás al hombre de tus sueños” (You Will Meet a Tall, Dark Stranger”), el personaje de Anthony Hopkins descubre que por más que se gaste el dinero de su vejez, la satisfacción no es la que esperaba, porque tiene que aceptar la terrible realidad de que a cierta edad ya no se pueden disfrutar los placeres de la juventud. ¿Le llegó el moralismo a Woody Allen? No. Descubre con tristeza que en cierto momento llega una barrera física que nos impide seguir gastando en lo que antes nos hacía felices.

 

Imagen de previsualización de YouTube

Ya está lista la nueva edición de la revista Dinero Inteligente, con el tema de cómo sobrevivir a los errores financieros. Aquí te van 5 ejemplos de errores, como los contamos en W Radio.
1.    Llegar a los 40 sin tener algo de ahorro para el retiro. Antes de los 40 años, te endeudas para muchas cosas: para comprar el auto, para comprar una casa. Y eso está justificado. Sin crédito no podrías alcanzar muchos objetivos. Pero con los 40 empieza la década de la acumulación, como nos han explicado muchos banqueros de inversión. Ahí sí tienes que detenerte y destinar una parte de tu ingreso al ahorro, si es que no lo has hecho antes. Se supone que cuando te jubiles, a los 65 años, deberás tener recursos para pagar 20 años sin trabajar. Según Charles Farrel, un autor estadounidense, para los 40 años sería bueno que ya hubiera acumulado el equivalente a 2 años de tu ingreso. Eso no quiere decir que debas tenerlo todo en dinero en efectivo, al contrario, también cuenta lo que cueste tu casa y otras posesiones.
2.    Desconocer por qué compras. Está bien comprar, pero puede ser que sufras el mal del comprador compulsivo. ¿Te ha sucedido? Puede ser que tus compras se hayan convertido en una adicción. Haz un rápido test:
a)    ¿Tienes más de tres pares de zapatos nuevecitos con las mismas características?
b)    ¿Compras cuando tienes un ataque de ansiedad?
c)    Ya tienes una rutina establecida para ir de compras. Por ejemplo, que te peleas con tu pareja y al día siguiente te desquitas con la tarjeta.

Es probable que tengas ese mal del comprador compulsivo. Y entonces no estás comprando porque necesitas o quieres realmente algo, sino por una razón diferente. La buena noticia es que esa conducta se puede cambiar.

3.    Dar el tarjetazo para enfrentar una emergencia. Aunque te parezcan muy caros ahora, los seguros de gastos médicos te sirven para enfrentar costos que de otra manera podrían desbaratar todos tus planes y acabar con tu patrimonio.
4.    No hablar de dinero con la pareja. Tú puedes tener tus planes muy bien acomodados, para el retiro, para formar tu patrimonio, pero en realidad el dinero pertenece a la familia. Alguien nos ha confesado que, en efecto, no hablar de dinero lo llevó al divorcio. No nos pongamos extremosos, pero ese silencio puede generar problemas.
5.    Convertirte en un tacaño. Y aquí te va otro test rápido:
a)    Cada vez que gastas, sientes que no deberías despilfarrar el dinero.
b)    Cuando ves una pantalla plana de televisión en la tienda, piensas que con lo que gastarías en ella podrías pagar un viaje ida y vuelta a Nueva York.
c)    Cuando llega el momento de ir de vacaciones piensas que como ya no te compraste la pantalla plana, ni fuiste a Nueva York, mejor te quedas en la empresa a trabajar más para que te aumenten el sueldo.
Si contestaste que sí a todas las preguntas anteriores, no pienses que estamos buscando un editor para dinero inteligente. Considera que podrías estar en una situación de gastorexia, algo así como lo que sufren los anoréxicos o los vigoréxicos, que se obsesionan por comer o hacer ejercicio. Controlas demasiado tus gastos porque en realidad no te has fijado las metas. No sabes muy bien para qué deberías ahorrar, entonces de plano no gastas. Mejor escribir con un lápiz y papel cuáles son tus metas. Si ya ahorras para el retiro, ya estás armando un fondo de emergencia, date un permiso,



Nota: Las opiniones que se presentan en la sección de blogs de CNNExpansión.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de CNNExpansión.
Términos y condiciones