“¡Conócete, acéptate, supérate!” Alejandro Ortega Trillo
El crecimiento interior se basa en transformar nuestras fallas en virtudes, para ello tenemos que conocernos, aceptarnos y hacer lo necesario para superar nuestras debilidades y aprovechar nuestras fortalezas.
Conocernos, es quizá lo mas difícil, pues implica ser objetivo en reconocer realmente como somos. Aceptarnos, requiere gran humildad, para sabernos frágiles pero también valor para utilizar nuestros talentos. Superarnos, genera una gran satisfacción del “deber cumplido” al fijarnos una meta de mejora personal y alcanzarla.
El egoísmo es el tronco común de todos los vicios. Un vicio es un hábito malo, es decir, un comportamiento que nos hace daño y que a la vez lastima a los demás. En este sentido, el egoísmo es un afán desmedido de defender, complacer y magnificar al propio yo, en detrimento de los demás.
El egoísmo se traduce en dos grandes vertientes que son la sensualidad y la soberbia. La sensualidad da lugar a la pereza, la intemperancia, la lujuria, la comodidad extrema y la avaricia. La soberbia, por su parte, se deriva en orgullo, vanidad, autosuficiencia, susceptibilidad y rebeldía.
¿Qué podemos hacer para combatir nuestros vicios? Debemos identificar, desarrollar, nutrir y ejercitar nuestras virtudes. Contra la sensualidad debemos aplicar la templanza y contra la soberbia la humildad.
De manera particular debemos contrarrestar a la pereza con el trabajo (laboriosidad); la intemperancia (“el deseo de tener todo de todo”) debe ser aplacada con la sobriedad que permite disfrutar lo que tenemos sin querer más y más; la lujuria debe ser controlada con una castidad equilibrada que impida el desenfreno; debemos aprender a ser austeros para evitar caer en la comodidad extrema; y tenemos que ser generosos para no ser dominados por la avaricia.
En cuanto a la soberbia, debemos atacar el orgullo con mansedumbre, es decir con bondad, amabilidad y empatía; la vanidad puede ser vencida por la sencillez; la autosuficiencia debe ser enfrentada con apertura a las opiniones y a la ayuda de los demás; en lugar de ser susceptibles por todo, debemos olvidarnos de nosotros mismos y considerar que solo “merecemos lo que logramos”; y finalmente, mas que ser rebeldes debemos ser auténticos y construir nuestro verdadero yo y no uno aparente.
¿Cuáles son tus vicios? ¿Qué virtudes puedes desarrollar para combatirlos?
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LAE de la Universidad Anáhuac y MBA de Kellogg School of Management de Northwestern University.
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