“La sociedad moderna olvida que el mundo no es propiedad de una única generación.”                Oskar Kokoschka 

Las experiencias de las empresas familiares más longevas han demostrado que su continuidad depende en buena medida, de que se logre involucrar positivamente a la siguiente generación, ya sea como directores efectivos (“managers” o miembros del consejo) o como verdaderos propietarios responsables. 

Los expertos en psicología consideran que en su evolución, las empresas familiares, experimentan un ciclo “tipo Darwin” en el cual solo aquellas que logran adaptarse a los cambios familiares y empresariales logran sobrevivir. 

La habilidad de las familias para crear, tener, mantener, crecer y pasar sus empresas a la siguiente generación determina la continuidad o desaparición del negocio familiar.  En este sentido, es vital cultivar el concepto de “propiedad psicológica”, que son todos aquellos elementos “no financieros”, que satisfacen las necesidades afectivas de los miembros de la familia, en cuanto a su identidad, su capacidad para influir sobre la empresa y la posibilidad de perpetuar la dinastía familiar. 

En este contexto, los especialistas en empresas familiares Nicholson y Bjornberg, han acuñado el término “propiedad emocional” para identificar el “estado cognitivo y afectivo que describe el tipo de apego y nivel de identificación del joven miembro de la familia con el negocio familiar.” 

El nivel de identificación sirve para responder a la pregunta: ¿Quien soy yo?  Algunas personas tienen una identificación total, lo que quiere decir que el éxito o fracaso del grupo es interpretado como suyo propio. Los factores que promueven tal identificación son el prestigio del grupo, su reputación y, su diferenciación de otras empresas. El resultado que se obtiene es el orgullo, la lealtad y la responsabilidad. 

El tipo de apego responde la pregunta: ¿Que tan cerca me siento del negocio familiar? El apego implica la cercanía o distancia que la persona experimenta con respecto a la empresa. Los factores en este caso, surgen del proceso de paternidad. El resultado esperado es el sentido de pertenencia, cariño y amor de la persona para con la familia y con la empresa. El desenlace depende de la tarea de los padres y de las diferencias individuales de los hijos.

Por lo tanto, la “propiedad emocional” tiene dos ejes principales que varían desde una total identificación hasta una diferenciación individual y desde un apego absoluto hasta una separación total.  Estos sentimientos son intensos o débiles y pueden tener una connotación positiva o negativa.  La identificación puede ser: “Me siento muy orgulloso de la empresa o no me identifico con ella.”  Por otro lado, el apego puede tener estos significados: “Quiero mucho a la empresa o no quiero saber nada de ella.” 

En todo caso, la “propiedad emocional” de la siguiente generación, puede ser definitiva para la continuidad de la empresa familiar.  La intensidad de ésta depende de la respuesta a: ¿Qué tanto conoce el joven sobre la empresa? ¿Cuál es su “inversión personal” en términos de tiempo, esfuerzo y sentimiento? Y ¿Qué tanto puede influir en el desarrollo de la empresa? 

Cuando la “propiedad emocional” es fuerte y positiva, contribuye sustancialmente al proceso de sucesión, pero cuando es indiferente o es intensa pero negativa, constituye un obstáculo difícil de solventar para que la empresa siga en manos de la familia a través de los años. 

¿Cómo es la propiedad emocional en la siguiente generación de tu familia?  ¿Los jóvenes se sienten identificados y cercanos a la empresa? ¿Qué puedes hacer para favorecer un sentimiento intenso y positivo? 

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